Tratamiento

Durezas en los pies: cómo tratarlas

Ya te contamos hace poco cómo actuar frente a las ampollas y ahora hacemos lo propio con el otro gran problema que sufren los pies en verano (también los de los niños).

Pies (Foto: Pexels)
Pies (Foto: Pexels)

Los pies en verano sufren más de la cuenta. Las ampollas y las durezas son los dos problemas más habituales en los pies durante el estío. De las primeras ya hablamos largo y tendido en esta pieza; de las segundas lo vamos a hacer a continuación. 

El calor no ayuda a la salud de nuestras extremidades inferiores y tampoco lo hacemos nosotros, que nos olvidamos a menudo de llevar un calzado de calidad, algo que es igual de importante en todas las épocas del año. No lo hacemos con nosotros mismos y, aunque solemos prestar más atención y ser más cuidadosos en el caso de los niños, también cometemos errores que les pueden ocasionar a ellos los dos inconvenientes mencionados: tanto ampollas como durezas. 

Estas últimas, también conocidas como hiperqueratosis, según apuntan desde la clínica Parra Vázquez, “son una repuesta que genera el organismo ante una presión o fricción en áreas concretas del pie que no debería darse”. Al tener que soportar una presión indebida, “el pie se protege (o lo intenta) creando un exceso de células cutáneas, que si no se trata a tiempo corre el riesgo de convertirse en callos”, añaden. Por lo tanto, tal y como definen desde Podoactiva, “son un engrosamiento de la capa más superficial de la piel del pie a causa de un aumento de células muertas y descamadas”. 

Antes de explorar las causas y qué medidas se pueden tomar para prevenirlas y también curarlas, conviene aclarar brevemente cómo diferenciarlas de los callos porque hay quien puede confundirse. Para que no ocurra, basta con leer con atención lo que explican al respecto desde clínica Parra Vázquez: “Los callos se muestran en el pie como pequeños círculos de piel gruesa en relieve, mientras que las durezas son áreas más duras y ásperas de la piel que suelen tener un tono amarillento. Aunque pueden aparecer en todo el pie, lo más normal es que aparezcan alrededor del talón o la planta del pie”. 

Además, desde Podoactiva advierten que también se pueden confundir las durezas con patologías que no tienen nada que ver con estas (ni tampoco su tratamiento), como es el caso de la verruga plantar. Por este motivo, acudir al podólogo antes de tratar en casa algo que parece una dureza. 

Causas de su aparición

Las causas que provocan las durezas son varias, no solo el uso de un calzado inadecuado -los de punta estrecha y los zapatos de tacón oprimen el pie y los dedos-, como antes hemos mencionado. También una pisada incorrecta puede causarlas, algo que es especialmente delicado en el caso de las embarazadas, que suelen andar con dificultad, cambiando incluso la pisada, en el tramo final de la gestación. Es sencillo saber si este es el problema porque, de ser así, “las durezas suelen aparecer siempre en el mismo sitio”, indican desde Podoactiva. Es fundamental someterse a un estudio biomecánico de la pisada para ponerle remedio. 

Mucha atención también a tres detalles más si queremos evitar las durezas: los calcetines, la deshidratación y la deformidad. Sobre estas últimas, la única posibilidad de mejorar pasa por ponerse en manos de un especialista porque hablamos de problemas de salud tales como los juanetes o dedos en garra, martillo o mazo. “También será propenso a poder sufrirlas, ya que producen más presión entre la piel y el calzado”, afirman desde Podoactiva. 

En cambio, sí se pueden prevenir las durezas si el motivo por el cual se han sufrido en alguna ocasión son deshidratación o los calcetines. “Si no usamos esta prenda cuando nos calzamos, la piel del pie rozará directamente con el material rígido del calzado, provocando así las durezas. Los calcetines mal colocados o arrugados también pueden potenciar su aparición”, expone al respecto el equipo de Podoactiva, que también hace hincapié en la necesidad de hidratar bien la piel de los pies con productos adecuados para ello para evitar que aparezca la hiperqueratosis por deshidratación, muy común en la zona de los talones -las famosas grietas en los talones-.

Tratamiento y fórmulas de prevención

En cualquier caso, si aparecen las durezas, como indicábamos anteriormente, lo mejor es acudir al podólogo para que confirme el diagnóstico y detecte a qué se debe su aparición. En base a ello se podrán tratar de la forma más adecuada y, sobre todo, tomar medidas de prevención para que no vuelvan a aparecer por ese mismo motivo. Así lo advierten desde clínica Parra Vázquez: “En muchos casos, aunque se elimine el problema de callos o durezas, si no se estudia el motivo de su aparición, volverán a surgir al poco tiempo. Si solo quitamos los callos y durezas, podemos agravar el problema. La solución perfecta se encuentra en el estudio de las causas”, afirman.

Entre los posibles tratamientos no se encuentra, salvo motivos de excepción muy concretos, la cirugía, ni tampoco los callicidas. Sobre estos, desde Podoactiva enfatizan en lo siguiente: “Su uso para tratar durezas, callos o helomas, entre otros, está totalmente desaconsejado por podólogos; no eliminan la causa del problema, sino que generan una herida y quemadura en la piel que agrava la situación”. 

Basta con hacer un estudio biomecánico de la pisada -puede recomendar el uso de plantillas personalizadas para descargar las zonas donde se concentra la presión de la pisada- y hacer caso de las recomendaciones del podólogo al respecto -qué calzado comprar, cómo pisar al caminar y correr, valorar otras patologías que pueden estar relacionadas, etcétera-.

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