5-6 años

¿Necesita gafas?

Problemas oculares como la miopía, la hipermetropía o el estrabismo afectan a más del 20% de los niños en edad escolar. Su detección temprana es crucial pero a veces ni ellos mismos se dan cuenta de que no ven bien. ¿Cómo se detecta?

Detección precoz

Según los oftalmólogos, a partir de los seis años cuesta mucho mejorar la visión de un niño si no se ha tratado antes su problema. Por eso es tan importante visitar al oftalmólogo ante la menor sospecha.
Si el niño ya ha cumplido los cinco años, aunque no hayamos detectado nada raro conviene acudir al especialista para asegurarse de que todo está bien.

¿Cómo detectar un problema de vista?

Los niños no saben cómo tienen que ver, ni se comparan con otros compañeros. Sin embargo, hay ciertos síntomas que nos pueden alertar.

  • Tiene problemas para aprender: se salta palabras o frases al leer, no comprende o no recuerda lo que ha leído o pierde la atención más fácilmente que sus «compis» en el cole.
  • Parpadea excesivamente, tuerce o guiña los ojos con frecuencia.
  • Se acerca mucho al papel cuando lee o escribe en una postura distinta (por ejemplo, totalmente de lado).
  • Le pican los ojos y le duele la cabeza, sobre todo al salir del colegio o al final del día. Le suele doler en la zona de los parietales (la parte media y lateral de la cabeza) o en el frontal.

Dejan de interesarle los juegos al aire libre. Por ejemplo, el fútbol, algo que antes le encantaba. El problema puede ser que no ve bien la pelota y por eso prefiere otro tipo de juegos. Les ocurre con frecuencia a los niños que sufren una miopía que aún no ha sido diagnosticada.

Rechazan las tareas en las que hay que fijar la vista en objetos cercanos, como un libro o un cuaderno, y prefieren los juegos al aire libre. Les suele pasar a los niños con una alta hipermetropía que no ha sido tratada.

Visita al oftalmólogo

Tras hacer unas preguntas muy sencillas tanto al niño como a los padres, el oftalmólogo hace una serie de pruebas al pequeño que para él serán como un juego. Le enseña una E y le pregunta hacia dónde están las patitas, le muestra dibujos para comprobar cómo los ve, le pide que coja las alas de una mosca ficticia para determinar si ve en relieve...

Además, le hacen pruebas con aparatos muy precisos que determinan la graduación exacta, la medida de sus radios corneales, la profundidad de foco de los ojos, su capacidad de enfoque y otras características que diagnostican cómo es la visión del pequeño.

Elegir el modelo de gafas

  • Lo mejor es que los niños elijan la montura de sus nuevas gafas.
  • En cuanto a los cristales, los especialistas recomiendan cristales orgánicos para que no se rompan en añicos si se les caen (algo bastante frecuente) o se si dan un golpe mientras juegan.
  • Sirven las lentes de policarbonato o materiales similares, que aseguran que el cristal es fino, pero duro.
  • Si se trata de niños inquietos, pueden optar por la línea deportiva: gafas con talones de silicona en las patillas para evitar que se les claven en caso de golpes. También cuentan en muchos casos con una cinta que las ajusta detrás de la cabeza.
  • Aunque lo normal es que los niños lleven gafas, en algunos casos son mejores las lentillas. Por ejemplo, con una miopía elevada. Las lentillas de gas permeable presionan sobre la córnea y hacen que su desarrollo sea menor, lo que ayuda a que la miopía aumente menos.

Problemas visuales más frecuentes

Miopía. Su ojo es más grande de lo que necesita y por eso enfoca los objetos por delante de la retina. Ve claramente los objetos cercanos, pero no los lejanos, que distingue de forma borrosa. Es progresiva, es decir, generalmente aumenta, pero se corrige fácilmente con lentes. Hipermetropía. Su ojo es más pequeño de lo que necesita y enfoca los objetos por detrás de la retina. Al niño le cuesta enfocar y ver las cosas de cerca. Si es leve, ni siquiera necesitará gafas y lo más probable es que desaparezca antes de los diez años. En caso de que sea media o elevada, se corrige con lentes.
Astigmatismo. La superficie de su ojo no es esférica, sino parecida a un balón de rugby, por lo que ofrece una visión distorsionada, con zonas claras y zonas borrosas. Casi siempre aparece en el nacimiento y después ni mejora ni empeora. Puede ser leve, moderada o alta. Si no provoca fatiga visual ni dolor de cabeza, no es necesario corregirla. Ojo vago. A veces los problemas visuales pasan desapercibidos porque los niños ven bien, o aceptablemente, por uno de los dos ojos. Eso hace que el cerebro anule la imagen que proviene del que no ve correctamente. De esa forma, el pequeño acaba por no utilizar el ojo «vago», y en consecuencia no desarrolla su función visual correctamente. Si no se corrige a tiempo, es posible que el pequeño no logre el cien por cien de visión con los dos ojos ni siquiera utilizando gafas.

 

Asesores: Marta Fernández Sañudo, oftalmóloga. Isabel Valcayo, optometrista.

Etiquetas: gafas para niños, problemas de vista, salud, salud niños

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