Salud infantil

Casi 600.000 niños en España no tienen pediatra asignado

Este dato se ha hecho público en la presentación del 18º Congreso de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, que ha contado con la participación de más de 700 profesionales.

Han pasado dos años desde que empezó la pandemia. En este tiempo, la salud de la infancia y adolescencia presenta nuevos retos. Los pediatras de Atención Primaria, los sanitarios más cercanos a los menores y a sus familias, deben hacer frente a desafíos como el aumento de la obesidad infantil, la recuperación total de las coberturas de vacunación, problemas en el desarrollo del habla o incremento de trastornos de la conducta alimentaria con una falta de profesionales generalizada. 

Y es que, según la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), cerca de 600.000 niños carecen de un pediatra asignado en nuestro país. Este dato se ha hecho público en la presentación de su 18º Congreso.

Niño y pediatra
Fuente: iStock

Según los datos que ha recogido la AEPap, la mayoría de las Comunidades Autónomas tienen plazas de Pediatría de AP sin cubrir por ningún profesional; llegando en algunos casos hasta el 20%. La peor situación se da en Andalucía, Cataluña, Madrid y Navarra.

“En los últimos dos años hemos hecho un gran esfuerzo, hemos colaborado con las autoridades sanitarias para seguir atendiendo a los pacientes, mantener coberturas de vacunación y también dar información rigurosa a las familias, con las que hemos sido puente, pero es necesario tomar medidas ya para evitar el colapso”. Así resumía la situación actual la Dra. Concepción Sánchez Pina, presidenta de AEPap.

Efectos de la COVID-19 en los niños y adolescentes

Como ya demostraron desde la Asociación Española de Pediatría, la pandemia ya está afectando a la salud mental de niños y adolescentes: las consultas psicológicas y psiquiátricas han aumentado un 50% en los últimos meses. Esto no quiere decir que todos los niños vayan a sufrir alguna enfermedad mental a causa de la pandemia, pero es cierto que este fenómeno, en un futuro, puede desembocar en un aumento en el porcentaje de adultos que sufran de enfermedades mentales.

Sin embargo, la salud mental no es la única perjudicada por la COVID-19. En los cursos escolares en los que los niños empiezan a tener contacto con la lectoescritura, ya se están observando problemas de comunicación. Eso sí, en niños predispuestos a tenerlos. El uso de mascarillas y otros derivados de esta situación han impedido el correcto desarrollo de algunos pequeños.

Aunque la COVID-19 no solo ha tenido efectos negativos en los más pequeños. Un estudio llevado a cabo por la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins en colaboración con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, ha concluido que los niños que han pasado la COVID-19 generan un nivel de anticuerpos más alto que el generan los adultos que también han pasado la infección.

Se han analizado a 682 niños infectados por el virus entre noviembre de 2020 y marzo de 2021 y a un grupo de adultos infectados y que todavía no habían recibido ninguna vacuna de Maryland, en Estados Unidos. Los resultados del estudio concluyeron que los anticuerpos en niños estaban presentes en un nivel mucho mayor que en adultos: en concreto 13 veces más mayor en niños de 0 a 4 años y 9 veces más de anticuerpos en los niños de entre 5 y 17 que en la población adulta.

Trastornos alimenticios cada vez más comunes

Otro de los problemas más preocupantes que afectan a esta generación de niños y adolescentes son los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Enfermedades caracterizadas por un comportamiento patológico sobre la ingesta alimentaria y una obsesión por el control del peso. Estos provocan consecuencias negativas tanto en salud física como en la mental para la persona que las padece.

Las más comunes son la anorexia nerviosa y la bulimia y en nuestro país unas 400.000 personas sufren alguno de estos tipos de trastorno. Y lo peor, cada vez aparecen en edades más tempranas. Existen varios motivos para este aumento tan repentino, como por ejemplo el uso excesivo de las redes.

Y es que el uso de las redes representa un elemento muy importante en la vida diaria de los jovenes ya que el hecho de encarnar ciertos cánones de belleza puede traducirse en un factor de éxito. Esta exhibición del “cuerpo y la cara perfecta” puede generar una enorme cantidad de presión en los más jóvenes, desarrollando así estos trastornos. 

Continúa leyendo