Piscinas públicas

Piscinas públicas: riesgos que suponen para los niños y cómo evitarlos

El verano y el calor hacen que muchas familias opten por ir a las piscinas públicas para refrescarse pero, ¿qué hay que tener en cuenta antes de darse un baño? ¿Es cierto todo lo que se dice sobre ellas? Los expertos avisan de los riesgos reales de estas piscinas y de qué manera se pueden prevenir.

Con la llegada de las altas temperaturas propias del verano, resulta casi imposible permanecer en casa sin la presencia del ventilador o el aire acondicionado. Los niños, que disfrutan de sus vacaciones, quieren aprovechar el tiempo libre que tienen para hacer todo tipo de planes y poder refrescarse del calor. Lo que sea menos quedarse encerrados entre cuatro paredes. Sin embargo, a los papás aún no les han llegado sus días libres para poder escaparse a alguna playa y tampoco cuentan con una piscina particular en la que sus hijos puedan divertirse.

Una opción a la que suelen recurrir las familias son las piscinas públicas. Un plan que encanta a los más pequeños y que, además, permite que se olviden del calor por un rato. No obstante, antes de darse un baño en estas piscinas hay que conocer y tener en cuenta los riesgos a los que, tanto adultos como niños, se pueden enfrentar. Gema Alonso Acuña, directora del laboratorio de bromatología y medioambiente de Vithas Lab en Vigo y José María Carmona Ponce, pediatra del Hospital Vithas Nisa en Sevilla, explican cómo afecta a la salud estos baños públicos y cómo se pueden prevenir. Asimismo, los expertos alertan y desmienten ciertas creencias erróneas de la sociedad sobre este tema.

Riesgos del baño en una piscina pública

  • Las piscinas públicas cuentan con un mayor número de usuarios que las privadas. De esta forma, el aporte de carga bacteriana al vaso de la piscina (la estructura que contiene el agua) es mucho mayor y, por ende, el riesgo de contaminación también.
  • Al haber más posibilidades de coger alguna infección, el control de calidad del agua tiene que ser muy riguroso. En este sentido, las piscinas de uso público deben aplicar las medidas higiénicas que están establecidas en el RD 742/2013, por el que se debe llevar a cabo un análisis mensual de cada uno de los vasos para que, una vez obtenido el resultado, se exponga al público.
  • Cuando los pequeños se dan un baño pueden padecer varias infecciones. Las más típicas son de orina y otitis. Las otitis típicas de verano, también llamadas “otitis de las piscinas”, se producen porque un exceso de humedad favorece que la piel del conducto auditivo se irrite y la flora del conducto produzca una infección. Por tanto, es una infección más propia del verano al pasar demasiado tiempo “a remojo”. Este tipo de otitis no está relacionado con el hecho de que la piscina sea pública o privada, pero su padecimiento es más frecuente en la primera al haber un mayor riesgo de contaminación.

Cómo prevenir los riesgos

  • Cuando las familias lleguen a las piscinas públicas para pasar la tarde o el día entero en ellas, lo primero que se recomienda es que se aseguren de que el sitio cumpla con todos los requisitos legales y lleve un correcto control de calidad del agua. A través de estos controles se verifica que la desinfección y mantenimiento de las instalaciones es el correcto y que el agua es óptima para el baño.
  • Tras salir de la piscina, es aconsejable que los pequeños se enjuaguen muy bien en la ducha y no permanezcan demasiado tiempo con el bañador mojado, además de secarse todo el cuerpo. De esta forma, se evita la entrada de bacterias al organismo.
  • Aparte de secarse bien las orejas para evitar otitis, es conveniente saber que NO se deben utilizar bastoncillos. Los oídos se limpian solos y tienden a expulsar la cera espontáneamente. Por otra parte, cabe recordar que la cera tiene una función protectora.
  • En niños propensos a las otitis de verano es conveniente el uso de tapones (aunque no les suelen gustar mucho) y se debe ser especialmente obsesivo con el secado del oído, incluso con un secador si hace falta. Asimismo, no se recomienda que se sumerjan bajo el agua con mucha frecuencia.

Creencias erróneas

Son varias las creencias que giran en torno a las piscinas, muchas de ellas erróneas o injustificadas. Hay problemas de piel que surgen en verano y que las familias asocian al baño. Por ejemplo, la pitiriasis alba o dartos, más conocida popularmente como empeines o roales. Ésta es una enfermedad que se caracteriza por la aparición en la piel de manchas “blanquecinas” (a veces con escamas finas) de diferentes tamaños, de formas irregulares y límites bien definidos. Estas manchas suelen aparecer en cara, cuello, región superior del tronco y raíz de extremidades.

Como aparecen en verano se tiende a pensar que se contagian en las piscinas y se producen por gérmenes que prefieren la humedad, como los hongos. En realidad, la causa no está bien establecida. Se asocia a la dermatitis atópica y la exposición solar. En verano, la piel recibe una mayor radiación solar y, por tanto, se pone más morena. Sin embargo, no ocurre lo mismo con estas manchas o eccemas atópicos, por lo que es en esta época cuando más se notan (es como si la melanina de estas zonas no funcionara correctamente).

El tratamiento consiste en la aplicación de cremas hidratantes. Raras veces será necesario la aplicación de cremas de corticoides suaves, aunque sí es muy importante aplicar cremas de protección solar.

Finalmente, los expertos recomiendan que lo más importante de ir a la piscina con los niños es que éstos estén vigilados continuamente. Es aconsejable que los pequeños aprendan a nadar cuanto antes y, aun así, estar siempre alerta de lo que puedan hacer en el agua.

Continúa leyendo