Verano

Pulpitis o dactilitis de las piscinas: ¿qué es y por qué se produce?

Cuando llega el verano, llegan las largas jornadas de piscina, sobre todo para muchos niños, lo que lleva en algunas ocasiones también implícita la aparición de la llamada pulpitis o dactilitis de las piscinas. ¿Qué es y por qué se produce?

Días de verano, piscina y juegos en el agua, esta es la combinación ganadora para las vacaciones de esta época del año, sobre todo para los peques, que disfrutan a lo grande estando a remojo. ¿Después de una de estas jornadas has visto que tu peque tiene la yema de los dedos muy roja e inflamada? Calma, es mucho más normal de lo que piensas.

Pulpitis de las piscinas

La pulpitis de las piscinas, también denominada dactilitis de las piscinas o dermatitis palmar juvenil es una afección típica de la infancia que consiste en una dermatosis por fricción, es decir, provocada por el roce constante de la piel húmeda de las manos y los dedos con las superficies rugosas de las piscinas. Es decir, que después de una larga sesión de piscina en la que los peques se pasan horas agarraditos al bordillo o subiendo y bajando del mismo, al final la fricción y la humedad del agua, hacen que la epidermis se resienta, se inflame y duela. En el post de Instagram de Lucía, Mi Pediatra que vemos abajo podemos observar el aspecto de esta afección. ¿Os suena, verdad?

Su aparición se da en la infancia y, raramente, en la adolescencia. Esto es lógico, ya que son los peques los que más tiempo pasan en el agua jugando y agarrándose al bordillo.

Suele aparecer en las yemas de los dedos y las palmas de las manos, que muestran rojeces o un color violáceo brillante. También puede aparecer en los pies y, en raras ocasiones, puede provocar ampollas. Aparece en manos y pies porque son las zonas del cuerpo en las que más se produce esa fricción que decíamos con el bordillo y las partes rugosas de las piscinas.

¿Cómo se trata la pulpitis de las piscinas?

Lo primero que hay que decir es que se trata de una afección leve y benigna, por lo que no hay que preocuparse, ya que suele desaparecer a los pocos días cuando se reduce la fricción o el roce con esas superficies de la piscina. Basta con cesar las actividades acuáticas para que las lesiones mejoren.

No suele doler, picar ni escocer, pero en algunos casos la irritación es mayor y sí provoca molestias. Para tratar estas lesiones, en el caso de que las molestias sean considerables, es necesaria una buena hidratación mediante una crema hidratante suave y, si la inflamación es grande, se puede recurrir a una crema con corticoides para reducirla (en este caso lo ideal es que sea el pediatra el que nos la recomiende).

No obstante, es conveniente que sepamos que pueden producirse estas lesiones para que vigilemos el tiempo que los peques pasan agarrados al bordillo o, en el caso de los que son un poco más mayores, subiendo y bajando del mismo. Si limitamos el tiempo de fricción, reducimos el riesgo de que aparezcan estas marcas. Además, hacemos hincapié, una vez más, en la necesidad de estar constantemente pendientes y vigilando a los niños en la piscina, no debemos olvidar que cada año lamentamos accidentes y ahogamientos, además, según los expertos, un menor puede ahogarse con tan solo 20 centímetros de agua, en menos de dos minutos, por lo que toda precaución y vigilancia es poca. 

Continúa leyendo