Los estragos de la primavera

Qué es meteorosensibilidad o por qué a los niños también les afecta el cambio de tiempo a su estado anímico

Un porcentaje notable de la población está expuesta a que las alteraciones bruscas en las condiciones climáticas supongan un agravante para sus patologías previas, tanto psicológicas como físicas, y los niños no están exentos de ello.

Tal vez te haya ocurrido que en algún momento de tu vida hayas experimentado en lo anímico una especie de tránsito por un valle, con altibajos a veces radicales, que cambiaban de un día para otro. No somos médicos, por lo que no vamos a analizar todas las causas que pueden desencadenar en algo así, sino que nos vamos a centrar en una que es realmente llamativa, muy desconocida, y que afecta también a los niños: la meteorosensibilidad. 

Su nombre da pistas, pero nada como un testimonio experto para confirmar lo que ya estarás imaginando que puede ser y, sobre todo, para profundizar en ello. “Cuando se producen ciertos cambios en variables meteorológicas como presión, temperatura, viento o electricidad atmosférica, ciertas personas pueden ver afectada su salud física o psicológica, a este grupo se le conoce como meteorosensibles”, explica Mar Gómez, doctora en Físicas y responsable del área de meteorología de eltiempo.es.

Un 30% de la población podría ser meteorosensible

Llama especialmente el dato que manejan los expertos en la materia, ya que entre un 20% y un 30% de la población podría ser meteorosensible. Sin embargo, al mismo tiempo, conviene aclarar antes de profundizar más en ello que no se trata de una patología en sí misma, porque los cambios del tiempo no producen enfermedades, ni de carácter psicológico ni físico. Ni siquiera reumáticas, que son las que más gente asocia a cambios bruscos del tiempo, como ha aclarado en numerosas ocasiones la Sociedad Española de Reumatología (SER), que sí reconoce que frío, lluvia y presión atmosférica son factores que pueden agravar sus síntomas. 

Y es este último detalle está la explicación de las consecuencias de la metereosensibilidad, una especie de intensificador de problemas de la salud que precisamente por eso no afecta por igual a todas las personas que la sufren. “Aquellas personas que tengan patologías previas o problemas en el sistema circulatorio y respiratorio son más propensas a ser meteorosensibles, así como aquellas que puedan tener problemas de ansiedad o trastornos depresivos”, advierte Gómez, que cita en concreto a los ancianos como “uno de los grupos más predispuestos a sufrir con mayor gravedad los cambios de tiempo”.

Mal humor e irritabilidad, principales síntomas

Estos apuntes iniciales sobre esta relación directa entre la salud y la climatología descartan que los niños sean un colectivo de riesgo, pero no que exista dicha posibilidad, como deja bien claro la experta consultada: “No hay estudios que demuestren que se ven más o menos afectados. Lo que sí está demostrado es que pueden sentir los cambios en la transición de una estación a otra. Por ejemplo, es común que los niños en la transición a la primavera manifiesten decaimiento, irritamiento o incluso mal humor”, advierte Gómez, aunque a continuación aclara que de producirse este tipo de síntomas “no duran demasiado y desaparecen a medida que avanza la estación”.

Ya sabemos, por lo tanto, que un porcentaje alto de la población entre el que se incluyen menores de edad es sensible a los cambios bruscos del clima, y que esta sensibilidad tiene más consecuencias en las personas con patologías previas, especialmente de carácter reumático pero también psicológicos. 

A nivel reumático, los cambios de presión son los mayores enemigos dentro de los factores climáticos que afectan a las personas meteorosensibles. “La llegada de un anticiclón (altas presiones) puede provocar un aumento de migrañas en las personas que sufran esta dolencia, mientras que un descenso de temperatura brusco puede afectar a los huesos, y un cambio repentino en las condiciones de humedad suele estar asociado a problemas articulares y musculares”, afirma Mar Gómez. En cambio, según la responsable del área de meteorología de eltiempo.es, a nivel psicológico son otros dos los factores climáticos que más incidencia tienen: las altas temperaturas y el viento. Las primeras pueden provocar “aumento de la ira y agresividad, y especialmente las olas de calor dan lugar a fatigas, golpes de calor, deshidratación y problemas dermatológicos”,  y el segundo, sobre en el caso de que sean secos y cálidos, “puede provocar un aumento de episodios de ansiedad, cefaleas y depresiones”. 

Por lo tanto, no estamos ante un fenómeno altamente preocupante, pero sí a tener en cuenta como posible causa de un empeoramiento en la salud mental o física de un niño -también de un adulto- si este presenta patologías previas. Desgraciadamente, no hay nada que se pueda hacer para evitar que estas se agraven por los cambios bruscos del tiempo salvo hacer un trabajo mental previo con el pequeño si te informas de antemano de cuándo se van a producir dichas alteraciones radicales de las condiciones climáticas.

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