Salud del niño

Qué hacer en caso de convulsión del bebé o del niño

Aunque las convulsiones febriles pueden ser comunes en el niño pequeño, y en muchas ocasiones tienden a ser leves, la mayoría de sus síntomas pueden llegar a ser bastante alarmantes para los padres, especialmente si es la primera vez que ocurre. Te explicamos qué debes hacer, y qué síntomas pueden surgir.

Cuando hablamos de convulsiones en niños es común que lo primero que nos venga a la cabeza sea la epilepsia, una afección neurológica originada por diferentes alteraciones eléctricas en el cerebro, que también podrían causar la falta o pérdida de conciencia, así como comportamientos, movimientos o experiencias inusuales. Sin embargo, no se trata de la única causa que podría ocasionar la aparición de convulsiones en los más pequeños.

Un buen ejemplo lo encontramos con las convulsiones febriles, que aunque comunes pueden llegar a asustar muchísimo a los padres. También conocidas con el nombre de convulsiones atónitas, la fiebre muy elevada suele ser una causa habitual, aunque no es la única.

¿Qué es una convulsión y cuáles son las causas más comunes en bebés y niños?

Las convulsiones son cambios en la actividad eléctrica del cerebro, que pueden llegar a causar síntomas evidentes y preocupantes o, en otros casos, prácticamente ningún síntoma. Las señales más comúnmente conocidas de una convulsión grave incluyen principalmente la pérdida del control y de la conciencia y temblores violentos. 

Cuando ocurre una actividad eléctrica anormal en el cerebro, surgen una serie de cambios en el comportamiento. De esta forma, durante una convulsión, la persona presenta temblores incontrolables, los cuales se caracterizan por ser rítmicos y rápidos, donde los músculos se contraen y relajan de forma repetida. 

Estos síntomas pueden desaparecer después de apenas unos segundos o minutos, aunque en algunos casos pueden continuar durante 15 minutos. No obstante, en raras ocasiones tienden a continuar más tiempo.

Para comprender cómo se puede producir una convulsión es necesario conocer que las neuronas tienden a comunicarse entre sí de forma constante trasmitiendo impulsos eléctricos. El movimiento voluntario e involuntario se encuentra regulado y controlado por estas transmisiones nerviosas.

Principales causas de las convulsiones en niños
Foto: Istock

Una convulsión ocurre cuando el cerebro recibe oleadas de señales eléctricas anormales que interrumpen el funcionamiento eléctrico normal del cerebro en las células nerviosas que se encargan de controlar los músculos. Es decir, como coinciden en señalar muchos expertos, sería como una especie de “cortocircuito” en el cerebro.

Aunque es cierto que la epilepsia es considerada como la causa más común de convulsiones, lo cierto es que son muchos los factores y causas que pueden influir en su aparición. Por ejemplo, determinados desequilibrios químicos, los trastornos cerebrales o los traumatismos del nacimiento pueden acabar desencadenándolas.

Síntomas de convulsiones en bebés

En un principio es posible sentir o notar que algo anda mal. No obstante, debido a que los distintos tipos de convulsiones que afectan a los bebés tienden a ser diferentes a los que afectan a los adultos, es esencial saber qué síntomas pueden surgir, para aprender a conocer las señales más comunes.

Las convulsiones febriles, por ejemplo, suelen ser las más habituales. Aunque es cierto que la mayoría de los bebés y niños únicamente sufren molestias leves cuando tienen fiebre, en algunas ocasiones podrían sufrir una convulsión.

Cuando ocurre, esta es causada por la fiebre alta, generalmente por encima de 38,8 ºC. Es una causa muy común, estimándose que hasta 4 de cada 100 niños de entre 6 meses a 5 años pueden tenerlas. Lo cierto es que suelen ser bastante frecuentes, aunque en realidad lo más habitual es que la mayoría de los niños las superen a los 6 años de edad.

Cuando ocurre, el bebé puede poner los ojos en blanco mientras sus extremidades se ponen rígidas o se contraen, a la vez que se sacude con cierta violencia. Así, durante una convulsión febril, el niño puede:

  • Poner los ojos en blanco o agitar los párpados
  • Contraer o sacudir los músculos de las piernas y de los brazos
  • Perder el conocimiento (desmayo)
  • Apretar la mandíbula o los dientes
  • Perder el control de los intestinos o la vejiga
  • Presentar una respiración irregular, la cual puede ser más superficial o alterada

¿Qué podemos hacer durante una convulsión?

Es fundamental mantener la calma y retirar cualquier objeto o elemento con el que el niño pudiera hacerse daño (tales como objetos cortantes, sillas o cualquier otro mobiliario peligroso), evitando que se lastime. No se debe colocar nada en su boca, y los expertos aconsejan girarlo de lado, no restringiendo nunca el movimiento causado por los espasmos o por la propia convulsión en sí.

Una vez la convulsión ha cesado, se debe colocar al pequeño sobre una superficie blanda, acostado de costado en la conocida como posición lateral de seguridad, para mantener las vías respiratorias abiertas, esencial para evitar que el pequeño pueda ahogarse con su propia lengua o se atragante si vomita. Limpiar su piel con la ayuda de un paño o una esponja remojada con agua a temperatura ambiente ayudará a enfriarlo.

También se recomienda observar exactamente lo que ocurre en todo momento, para poder describirlo posteriormente al llamar o acudir al médico. Después de una convulsión, es importantísimo comunicarse de inmediato con el médico del niño o con emergencias, especialmente para que el especialista pueda revisar al pequeño y asegurarse de que, por ejemplo, no tenga una afección más grave, como la meningitis (esto es importantísimo en niños menores de 1 año).

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Contenidos en Gaia Media Magazines, especializado en maternidad, salud, ciencia y nutrición.

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