Cómo ponerle remedio

Qué hacer si mi hijo hace garra con los pies

Esta es una de las alteraciones que pueden presentarse en los niños pequeños desde el mismo momento en el que empiezan a andar. Te contamos a qué se puede deber y qué más señales de alerta es importante conocer para poder detectarlas en relación a la salud de los pies.

Con la salud, el gran aliado es la detección precoz. Lo es para el diagnóstico y pronóstico de una enfermedad grave, pero también en lo que respecta a anomalías físicas. Y es especialmente importante el papel de observadores que juegan padres y madres en el caso de los niños, que muchas veces son asintómaticos; esto es, no dan muestras de que algo no va bien. 

Así ocurre a menudo en lo que respecta a la salud de los pies de los peques. “Si observamos como padres que cuando empiezan a caminar las rodillas se les separan o se juntan o superponen excesivamente la una de la otra, los tobillos se vuelcan mucho hacia dentro o las puntas de los pies están muy juntas o separadas cuando andan, debemos de sospechar que nuestro hijo presenta alguna alteración biomecánica”, explica la Dra. Almudena Cecilia Matilla, podóloga en la madrileña Clínica de Fisioterapia y Podología Apolonio Morales.  

Según la doctora Cecilia Matilla hay dos tipos de alteraciones referidas a los pies de los niños pequeños: en el patrón de la marcha y en relación a compensaciones biomecánicas. Las primeras -dan saltitos, tropiezan con frecuencia, etcétera- “se interpretan con cierta falta de habilidad deportiva, cuando realmente se trata de una alteración biomecánica que limitan ciertas actividades”, dice la podóloga, que dentro de las segundas pone como ejemplo los pies planos, valgos, cavos o varos, entre otros. 

En general, las alteraciones en los pies de los niños pequeños no son graves según la doctora Cecilia Matilla.  “Aplicando el correcto tratamiento y seguimiento, pueden ser compensadas o corregidas en su gran mayoría, pero es fundamental la detección precoz para poder instaurar dicho tratamiento cuando los tejidos  todavía son flexibles y la fase de maduración ósea no se ha completado”, indica.

¿Por qué aparecen estos problemas?

La Dra. Almudena Cecilia Matilla menciona las alteraciones digitales de este tipo que se asocian a una  compensación del tipo de apoyo que realiza el pie y a las que se asocian a una alteración entre la musculatura flexora y extensora del pie o  en las partes blandas (cápsula y ligamentos), que puede dar lugar a dedos en garra, en  martillo o en mazo que pueden estar asociados a factores hereditarios también. 

Además, se refiere a las alteraciones relacionadas con “puntos de fricción o presión inadecuados que pueden provocar la aparición de roces o durezas (hiperqueratosis) en dedos”, explica. Estas últimas pueden deberse a una “incompatibilidad con el calzado o por microtraumatismo de repetición al caminar”, añade la doctora Almudena Cecilia Matilla, que apunta también la posibilidad de que se vean afectadas las uñas del niño o niña en cuestión, que pueden crecer de forma inadecuada. 

Consejos prácticos para padres

Para prevenir un problema de salud de este tipo en los peques, la podóloga de la Clínica de Fisioterapia y Podología Apolonio Morales aconseja “vigilar su forma de andar y las posturas que adopta, así como se produce el desgaste del calzado y la alineación de su pierna con el tobillo y pie”. A esto añade también otras señales de alerta: “También es importante prestar atención a cómo corre, gira, sube y baja, si lo hacen de forma fluida o les cuesta, cómo se sientan y cuál es la posición de sus piernas cuando  duermen”. Y por último recomienda prestar atención a la comunicación gestual o verbal del niño: “Si comenta que le molesta algo, presenta alguna rozadura, enrojecimiento en la pies o alteración en la forma de la uña”.

Ante la aparición de cualquier de estos síntomas, la doctora Almudena Cecilia Matilla aconseja programar una visita al podólogo con el niño o niña para “poder detectar a tiempo las posibles alteraciones funcionales del pie y su futura repercusión en rodillas, caderas, columna, etcétera”. En este sentido, sin entrar en detalles de tratamientos concretos porque dependen de las circunstancias de cada paciente, la podóloga considera que “lo importante es llevar un seguimiento y aplicar el tratamiento en caso necesario, bien sea  profiláctico, ortopodológico o en combinación con técnicas de fisioterapia”. Solo en casos extremos, añade, “se puede optar por la realización de cirugías correctora”. 

En cambio, si el niño no presenta nada de lo descrito, “lo adecuado sería acudir anualmente a revisión, iniciando la primera visita, cuando han estabilizado su forma de caminar, sobre los 4- 5 años en función de su desarrollo”, aconseja la podóloga, que también incide por otro lado en la importancia de saber realizar un corte adecuado de uñas y de calzar corretamente a los niños. “La moda y el coordinado con la ropa no siempre son la mejor opción para sus pies”, puntualiza al respecto. 

Por lo tanto, las pautas a seguir en lo que a la salud de los pies de los niños se refiere quedan claras: observación desde el momento en el que comienzan a andar, responsabilidad con el calzado y la higiene, y actuación inmediata (acudir al podólogo) en caso de detectar alguno de los síntomas detallados por la doctora Almudena Cecilia Matilla, entre ellos la forma de garra al caminar, protagonista de estas líneas.

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