Psicología

¿Qué mecanismos psicológicos nos permiten madurar?

En la consulta del psicólogo infanto-juvenil nos encontramos frecuentemente problemáticas emocionales y comportamentales que se asocian con el desarrollo de los niños. Hay gran diversidad de casuísticas, pero ¿qué comparten muchas de ellas?

madurez

Atendiendo al proceso de maduración psicológica podemos destacar algunas funciones relevantes para alcanzar un buen nivel de adaptación, repercutiendo directamente en una mejor relación con el entorno y un menor sufrimiento de los niños. Entonces, ¿cómo podemos entender el proceso de maduración desde una perspectiva psicológica?

Para abordar este tema vamos diferenciar dos realidades:

Mundo externo: Hace referencia a todo aquello externo a la persona, todo lo que acontece fuera de nosotros. Cuando los niños son pequeños sus capacidades cognitivas no pueden alcanzar a concebir que ellos mismos y lo que les rodea son entidades diferentes. Hasta los 4-5 años este concepto no se empieza a poder manejar. Las personas que se centran únicamente en lo externo se les suele tachar de superficiales, influenciables, dependientes… En el caso de los niños estarían muy pendientes de lo que se les regala, de la ropa que llevan, de los comentarios de los demás…  Muchas veces se les regaña por prestar atención únicamente a esto, pero ¿estamos seguros de que saben prestar atención a otras realidades?

Mundo interno: Esta realidad está compuesta por todos los fenómenos que surgen dentro de nosotros, desde nuestra necesidad de beber, la irritabilidad por haber dormido poco, hasta el enfado porque algo no ha salido como nos hubiera gustado. Al igual que todo lo que nos rodea, el mundo interno también necesita ser explorado y la ayuda de los adultos es imprescindible. Conocer qué emociones acontecen en nuestro interior y qué sensaciones nos provocan es esencial en el desarrollo de una persona. Tampoco centrarnos únicamente en lo que ocurre dentro de nosotros es positivo, en este caso podría ser categorizado de egocéntrico, poco empático…

Para favorecer el proceso de maduración psicológica además de conocer estas dos realidades, debemos desarrollar la capacidad para distinguir lo interno de lo externo. Ayudar a los niños no sólo a descubrir ambos mundos sino también a aprender a diferenciarlos.

En muchas ocasiones se asumen realidades externas como pertenecientes a nuestro interior, como cuando un comentario despectivo sobre nuestro físico desestructura nuestra autoestima, ya que lo hacemos propio. En este caso, debemos distinguir el comentario como una realidad que pertenece al mundo externo y la emoción que desencadena como perteneciente al mundo interno, desde aquí podremos ayudar a los niños a manejar su emoción.

En el otro sentido, podemos plantear una situación donde algo que pertenece al mundo interno lo localizamos en el mundo externo, por ejemplo, un niño muy cansado por un día intenso en el colegio nos insulta cuando le planteamos empezar a hacer los deberes. Posiblemente, si expresase su cansancio sería más sencillo atenderle y se reduciría el conflicto. 

Por lo tanto, hay que dar espacio tanto a las realidades externas como a las internas y debemos ayudar a los niños a diferenciar unas de otras. Esto es un trabajo largo que durará toda la vida, como aquello que llamamos madurez.

Artículo elaborado por Blanca Navarro, neuropsicóloga clínica de Psicólogos Pozuelo

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