Primeros auxilios

RCP: diferencias entre bebés, niños y adolescentes

Profundizamos en el protocolo de actuación adecuado en cada caso, acotamos cada grupo de población y analizamos brevemente las diferencias.

El colapso cardiaco sufrido el jugador de fútbol de la selección masculina de Dinamarca, Christian Erikssen, durante un partido de la Eurocopa dejó a medio continente helado delante del televisor. Afortunadamente, el jugador se recupera en el hospital gracias a la rápida intervención del personal médico presente en el estadio, pero su caso ha reavivado un debate en las redes sociales que siempre ha estado ahí: la necesidad o no de que la población general, niños incluidos, aprendan la técnica adecuada de la reanimación cardiopulmonar, conocida como RCP. 

No es nuestra intención participar en un debate en el que, todo sea dicho, muchos médicos se postulan a favor de instruir dicha maniobra en el ámbito educativo, sino de aproximarnos a ella de una manera rigurosa y didáctica, siempre con la vista puesta en los grupos de población menores de edad: recién nacidos, niños y adolescentes. A continuación, de la mano de voces médicas, expertas en la materia, profundizamos en ello. 

Lo más importante, antes incluso de saber cómo actuar a nivel técnico en una emergencia como es una parada cardiorrespiratoria, es diferenciar a la víctima en función de su edad o peso. Tal y como explica Robert E. O’Connor el doctor en medicina y profesor de Ciencias de la Salud Pública en la Universidad de Virginia (Estados Unidos) en el artículo científico publicado en el año 2019 “Reanimación cardiopulmonar (RCP) en lactantes y niños”, los protocolos de reanimación pediátrica “se aplican a lactantes menores de 1 año y niños hasta la pubertad (definida como la aparición de mamas en las mujeres y vello axilar en los hombres) o niños que pesan menos de 55 kg”. 

Por lo tanto, hay que distinguir tres formas de proceder a una reanimación cardiopulmonar: entre bebés hasta un año, niños entre un año y la edad de alcanzar la pubertad (en algunos casos, como luego veremos, se habla también de 8 años para marcar la frontera), y población adulta, entre los que se encuentran los adolescentes. 

Según las estadísticas aportadas por O'Connor en el estudio referido, “del 50 al 65% de los niños que requieren reanimación cardiopulmonar (RCP) tienen menos de un 1 año; entre ellos, la mayoría tienen menos 6 meses”, indica además de aportar otro dato de interés al respecto: “Cerca del 6% de los neonatos requieren reanimación en el parto; la incidencia aumenta significativamente si el peso al nacer es menos de 1.500 gramos”. 

Como ves, un paro cardiaco en niños es relativamente habitual, por lo que es aconsejable conocer el protocolo de actuación en cada caso. 

RCP para bebés y niños: primeros pasos

Una de nuestras fuentes de referencias en cuestiones médicas adaptadas a un nivel de comprensión lectora media, para padres no médicos, es la Guía práctica de primeros auxilios para padres firmada por los doctores Juan Casado Flores y Raquel Jiménez García y avalada por el hospital infantil Niño de Jesús de Madrid.

En ella, los dos pediatras enseñan de manera sencilla y gráfica cómo reconocer una parada en un menor de edad y también cómo proceder tanto en caso de que la víctima sea un bebé como si es un niño: “Un niño que está en parada cardiorrespiratoria está inconsciente, no respira y no tiene signos de vida (no responde a ningún estímulo, está muy pálido o morado, no se mueve, no tose, no hace nada)”, se explica en la guía para reconocer rápidamente un cuadro clínico de parada cardiorrespiratoria.  

La secuencia de actuación en este caso, con independencia de la edad todavía, es la siguiente, según la Guía práctica de primeros auxilios para padres

  1. Confirme que se encuentra en un sitio seguro para usted y el niño. Solo muévalo si existe peligro.
  2. Compruebe si responde. Arrodíllese al lado del niño, háblele en voz alta, frótele en el pecho, presiónele en el hombro o dele pellizcos y observe si abre los ojos, emite algún sonido, respira o mueve los brazos o las piernas.
  3. Pida ¡ayuda!, gritando a las personas de su alrededor, sin separarse de la víctima. E inicie inmediatamente las maniobras de reanimación cardiopulmonar durante 2 minutos antes de separarse de la víctima. 

En este punto de la actuación, el doctor Augusto Saldaña, médico de familia, recuerda también la necesidad de “llamar (asegura la llamada) al servicio de urgencias y primeros auxilios”. Lógicamente, si alguien más esta cerca de la víctima, ambas cosas se pueden hacer en colaboración, simultáneamente, para perder el menor tiempo posible en la reanimación.

RCP para bebés y niños: la maniobra

Antes de comenzar la maniobra de reanimación, es necesario colocar a la víctima boca arriba sobre una superficie dura y las piernas alineadas y, a continuación, proceder a las maniobras de reanimación -respiraciones de rescate (boca a boca) y compresiones torácicas (masaje cardiaco)- para intentar sustituir la respiración y la circulación. Pero ahora sí es fundamental diferenciar entre recién nacidos, niños y adultos. 

Para aprender a memorizar y asimilar mejor los pasos de una RCP, la guía para padres habla de la “secuencia A-B-C” en referencia a los tres pasos que se deben aplicar y su orden: “Abrir la vía aérea, Boca-boca y Compresiones torácicas”. Así es cada una en los menores de edad:

  • Abrir la vía aérea: se debe realizar la maniobra frente-mentón, que consiste en inclinar la cabeza ligeramente hacia atrás de la víctima con una mano en la frente y otra en la barbilla y comprobar si respira, “ver si mueve el pecho, oir/sentir el aire”, puntualiza la Guía de primeros auxilios para padres del Niño Jesús.  “Para evitar que la lengua caiga hacia atrás, debemos levantar la barbilla con la cabeza fija y con una mano. A la vez, con la otra mano inclinaremos la cabeza del niño hacia atrás empujando la frente hacia abajo con la otra mano. En caso de presencia de un cuerpo extraño visiblemente y fácilmente extraíble en la boca, se intentará retirarlo con la punta de los dedos, pero nunca deberemos realizar un barrido a ciegas de la cavidad bucal”, añaden desde el hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en este artículo divulgativo de lenguaje comprensible cuya lectura completa es muy recomendable. 
  • Boca-boca: se deben dar “2 insuflaciones boca-boca  en los niños y 2 insuflaciones boca-boca/nariz en los bebés”, dice la Guía. La secuencia de pasos es la siguiente, según el hospital Sant Joan de Déu: “Abrir las vías aéreas. Tapar la nariz del niño. Inspirar profundamente. Colocar nuestros labios alrededor de la boca del niño (si es menor de un año podemos cubrir boca y nariz a la vez de manera que quede completamente sellada). Hacer 5 insuflaciones de rescate (soplos) uniformes hasta comprobar que el tórax del niño se eleva. Retirar la boca para tomar aire y observar que el tórax vuelve a bajar”, indica, marcando la diferencia entre bebés (tapar también la nariz) y niños (solo la boca). “Entre cada insuflación debemos mantener la posición de la cabeza y las manos, pero debemos retirar la boca para facilitar la respiración”, concluye. "En ningún lugar se menciona algo relativo a tirar de la lengua o algo así”, puntualiza en su hilo de Twitter informativo el doctor Augusto Saldaña, en referencia a la confusión que se ha creado entre buena parte de la población derivada de muchas informaciones que hacen hincapié, de forma errónea, en ello.
  • Compresiones torácicas: “Presionar fuerte y rápido en el centro del pecho para hundirlo” es el movimiento básico en el que consisten las compresiones, define la guía  para padres del Niño Jesús, mientras que su objetivo es “comprimir el tórax contra la espalda de forma rítmica para conseguir que la sangre salga del corazón y circule por el cuerpo”, apuntan desde el hospital Sant Joan de Déu. 

En este caso, hay diferencias importantes entre los bebés y los niños. No la frecuencia de las compresiones, que es similar a la de los adultos en ambos casos, entre 100 y 120 repeticiones por minuto -”Permite la descompresión total del tórax al levantar, así el corazón se llena de sangre para bombear”, señala al respecto el doctor Saldaña-. según todas fuentes citadas a lo largo de esta pieza, pero sí la técnica para ejecutarlas. 

Con las piernas de la víctima alineadas, debemos “Colocar el talón de la mano en el esternón, justo por debajo de los pezones, nunca en el extremo del esternón”, cuentan desde el hospital barcelonés. En este punto, es clave diferenciar entre los niños menores de 1 año, en cuyo caso se colocan solamente dos dedos, y los niños de uno a ocho años, en los que se utiliza una mano. A partir de dicha edad, siempre según explican desde el hospital Sant Joan de Déu, se pueden utilizar las 2 manos.

En las víctimas más pequeñas, en las que solo se pueda ejecutar la maniobra con una mano o dos dedos, se debe “Colocar la otra mano de manera que aguante la frente un poco inclinada hacia atrás”, continúan desde el mencionado hospital catalán. Y, a continuación, es necesario “aplicar presión hacia abajo en el pecho del niño comprimiéndolo entre 1/3 y 1/2 de su profundidad y hacer 30 compresiones -de forma rápida, fuerte y sin pausa- dejando que el pecho se eleve completamente. Deberemos hacer estas compresiones de forma rápida, fuerte y sin pausa”, añaden desde el Sant Joan de Déu. Para concluir el ciclo, después de las 30 compresiones hay que aplicar dos insuflaciones más y posteriormente repetir las 30 compresiones y así sucesivamente. 

Hay que continuar así “hasta que el niño responda (se mueva o respire) o llegue el servicio de emergencias. Si está solo, después de 2 minutos (5 ciclos), active el 112”, recuerda la ‘Guía práctica de primeros auxilios para padres’ del hospital Niño Jesús de Madrid. 

En caso de que la víctima recupere la respiración, desde el hospital Sant Joan de Déu recomiendan “colocarle en posición lateral de seguridad (PLS) siempre que sea posible hasta la llegada de los equipos asistenciales comprobando en todo momento su respiración”.  Además, recuerda que, tal y como concluye el doctor Augusto Saldaña, “comprimir es mejor que no hacer nada”.

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