Disfluencias en el habla

Tartamudez en niños: ¿qué es y cuáles son sus síntomas?

Cuando un niño repite o prolonga sonidos al hablar, o se queda bloqueado y hay largos silencios que se cuelan en su lenguaje podríamos estar ante un caso de tartamudez. ¿Te interesa saber cómo se detecta esta disfluencia en el habla, a qué edad suele aparecer, por qué a veces tiene cura y otras no, y cuáles son sus consecuencias físicas y psicológicas? Si has contestado que sí, acompáñanos en esta lectura.

La incidencia de niños con disfluencias en el habla en nuestro país es del 5% aproximadamente. Es decir, de cada 1.000 niños 50 tendrán alguna disfluencia, y aunque no todos tendrán tartamudez persistente (la que perdura con el desarrollo) un 20% de ese total, es decir, 10 de cada 1.000 sí. ¿Sabrías que hacer si tu hijo es uno de ellos? Raquel Escobar Díaz, especialista en tartamudez y miembro del Comité de Expertos de la Fundación Española de la Tartamudez, nos ha ayudado a despejar muchas dudas. ¿Quieres conocer las respuestas a nuestras (y quizá tus) preguntas?

¿Qué es la tartamudez y cuáles son sus síntomas?

Según la experta consultada por Ser Padres, la tartamudez persistente del desarrollo o disfemia –aquella que no desaparece con la edad- es un trastorno de la fluidez del habla de origen neuro-motor, que se caracteriza por interrupciones en el flujo normal de la fonación. Esas interrupciones o rupturas son precisamente los síntomas más visibles de la tartamudez. Nos referimos sobre todo a las tan características repeticiones o prolongaciones, pero también silencios llamados bloqueos. Todos ellos se producen en aquellos niños que tienen una dificultad para fonar o articular sonidos del habla, debido a una contracción o espasmo existente en algún punto del aparato fonador. “Se trata de un problema motor; la persona con tartamudez sabe perfectamente lo que quiere decir”, asegura Raquel Escobar Díaz.

¿A qué edad suele aparecer y por qué?

Aunque no hay una fecha exacta al respecto, la tartamudez persistente del desarrollo suele aparecer en los niños cuando tienen entre 2 y 5 años, en su gran mayoría, aunque también se da algún caso muy esporádico de aparición tardía. A la pregunta de por qué aparece, la experta consultada responde que por diferencias en el funcionamiento e incluso en la anatomía cerebral, y más concretamente en la zona premotora, el área de preparación de los movimientos del habla. “La tartamudez aparece cuando esa preparación se complica y se envía una orden errónea a algún músculo del tracto vocal, fundamentalmente a las cuerdas vocales. Si eso ocurre, el músculo se contrae o queda en espasmo lo que impide empezar o continuar con el movimiento correspondiente. Y eso hace que se produzcan esas rupturas en el habla”, matiza. Rupturas que no siempre perduran en el tiempo.

¿Por qué algunos niños que tartamudean dejan de hacerlo?

Y es que hay niños que a pesar de haber tartamudeado de pronto dejan de hacerlo. Son niños que han tenido una disfluencia de tipo evolutivo temporal producida fundamentalmente por dificultades en la construcción del discurso, es decir, por no saber lo que iban a decir y por tener una velocidad de procesamiento aun lenta.

También podemos estar ante niños con tartamudez persistente que hayan aprendido a controlar debidamente sus disfluencias y su habla a la vez que su cerebro ha aprendido a manejar con suavidad las disfluencias, creando un área con un funcionamiento semejante al de las personas con fluidez. “La tartamudez no es lo mismo que presentar disfluencias evolutivas, por ello es muy importante acudir a un especialista para hacer un diagnóstico diferencial. No existe un marcador biológico que nos certifique un diagnóstico, pero sí hay muchos estudios que nos ayudan con la probabilidad o no de presentarla”, sostiene la experta.

¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños con tartamudez en casa y en el cole?

“Desde el colegio o pediatra lo mejor que se puede hacer es actualizar la información sobre tartamudez, pues ha cambiado radicalmente su concepción y por tanto su actuación. Lo más importante sería saber cuáles son los criterios de riesgo de la tartamudez persistente para poder derivar al o a los niños que la sufran al especialista con la mayor efectividad posible”, sostiene esta experta del Comité de Expertos de la Fundación Española de la Tartamudez.

Una Fundación que de hecho ha firmado recientemente con el grupo hospitalario Vithas un convenio que busca impulsar la elaboración de un Protocolo de Detección Precoz de la tartamudez pionero en la atención pediátrica.

¿Cómo debemos comunicarnos con un niño que tartamudee?

Ese convenio pretende sensibilizar a los pediatras para mejorar el diagnóstico y el tratamiento que se ha de llevar a cabo con niños con disfluencias en el habla. Niños con los que –señala nuestra experta- la comunicación debe ser tranquila y relajada para “nunca darles la sensación de que deben hablar rápido”. Niños con los que –matiza- “siempre debemos conservar los turnos de palabra y darles un modelo de articulación lenta, suave con volumen algo más bajo y velocidad algo más lenta y sobre todo con pausas. No hace falta hacerles repetir, ni decirles que respiren, simplemente, ante una situación de muchas difluencias, debemos darles muestras de interés, ponernos a su altura y, mirándoles a los ojos, pedirles que nos lo digan bajito o al oído. Eso hará que sus disfluencias mejoren si es muy fuerte el pico”.

 

Problemas derivados de la tartamudez

Todo lo anterior les ayudará a mantener su autoestima, a que puedan normalizar y hablar abiertamente del tema con el fin de que se construyan un autoconcepto sano lejos de la vergüenza o sentido de culpabilidad que antes se generaba. “Si el niño aprende a no luchar y hablar suave, su severidad puede mejorar mucho, y con un entorno amable, la tartamudez puede llegar a ser algo mucho menos impactante o estigmatizante que en generaciones anteriores”, explica Raquel Díaz.

“Durante los dos primeros años la tartamudez presenta ciclos de remisión espontánea casi milagrosa, pero con nuevos ciclos de empeoramiento. Es muy variable e intermitente, por eso parece que es algo psicológico, porque además de esos ciclos se suman momentos de habla muy excitada que precipitan las disfluencias. Con el paso del tiempo, aunque la variabilidad permanece, no es tan acusada y poco a poco podemos observar un rango de severidad más o menos habitual, aunque con sus variaciones”, completa su explicación. 

 

¿Cómo se trata cuando son adolescentes?

Cuando los niños con tartamudez llegan a la adolescencia, lejos de lo que algunas personas dicen, no mejoran o se “curan” de manera espontánea. Y es que “esta etapa tan convulsa hace que las disfluencias puedan empeorar si no son tratadas. El sistema hormonal, los cambios físicos, la necesidad de pertenecer a un grupo y ser como los demás, hace que sufran más sus consecuencias. Es importante ponerse en manos de especialistas si hace falta”, alerta Díaz.

Eso sí, si el niño ha llevado un acompañamiento sano, terapia del habla y su autoestima está fortalecida puede que pase esta etapa sin grandes sobresaltos, salvo los propios de su edad. 

Continúa leyendo