Ser Padres

Si tus hijos te mienten, no te enfades

No todas las mentiras son iguales pero en cualquier caso, aunque te enfade que te mientan, no te enfades con ellos porque te hayan mentido.

Soy consciente de que en algunas familias la mentira se vive con mucha decepción porque incumple un principio moral, por eso salen comentarios como “ya no voy a poder confiar más en ti”, “a partir de ahora tendrás que ganarte mi confianza”, “no me esperaba esto de ti”, “nosotros te hemos enseñado a decir la verdad” etc.
Pero también es verdad que muchas de estas reacciones están condicionadas por creencias de nuestra educación, en muchas familias la mentira se vivía como una gran traición y se castigaba retirando la confianza, “un mentiroso no merece mi confianza”, cuando precisamente para aprender a decir la verdad hace falta confianza, en uno mismo y contar con la de los demás.
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Si tus hijos te mienten, no te enfadesFoto: Istock

Pero, ¿por qué mienten si nosotros no les mentimos? Muchas veces por miedo a nuestra reacción, por no querer asumir las consecuencias de una acción como suspender un examen por no haber estudiado lo suficiente o por no querer sentir la decepción de los padres, piensa que una frase como “ya no voy a poder confiar en ti” contiene la retirada del afecto que tanto necesitamos para sentirnos bien en una relación.
También es cierto que no es lo mismo la mentira de un niño de cuatro años que la de un adolescente. Un niño lo hace con la intención de jugar, cambiar una realidad o contar algo como desea que sea y no como es, por supuesto para lograr algo, como más tiempo para jugar o evitar algo que no quiere como ir a dormir. Siempre con mucha inocencia, algo característico de la infancia, ¿de verdad piensa que me voy a creer que ella no ha pintado la pared si tiene las manos manchadas de azul? Este tipo de situaciones pueden resultar hasta graciosas, ¿recuerdas alguna anécdota de tus hijos? ¡Seguro que has sonreído al recordarlas!
En estos casos uno no sabe si seguir el juego o confrontarlos, así que habrá que valorar la gravedad del asunto. Yo recomiendo entrar en el juego si realmente quieres jugar y el niño tiene claro que no te está mintiendo sino que tú estás siguiendo lo que dicta su imaginación. Pero si hay una mentira más elaborada y probablemente se quiere evitar o lograr algo a través de ella, por ejemplo, evitar estudiar o un posible castigo, habrá que enfrentarlo de otra manera.
Si tu hija trae a casa un juguete y sospechas que lo ha cogido de clase y cuando le preguntas te dice que se lo ha encontrado, no es conveniente que utilices preguntas trampa para que confiese la verdad, tenemos toda una tarde para generar un ambiente de confianza para que ese juguete se devuelva a clase que al fin y al cabo es donde tiene que estar. El juguete ya está en casa, no hay prisa por corregir la conducta, lo importante nunca es urgente. Podemos dejar que lo tenga y a la noche volverle a preguntar. “Hija, sé que en clase hay de esos juguetes, hoy lo has traído a casa pero quiero que me digas en dónde lo has cogido… ”.
Antes de llamar “mentirosa” a tu hija piensa sobre la situación, seguramente ha visto el juguete, ha deseado tenerlo y sin pensarlo lo ha cogido, una vez que lo tenía siendo consciente de que no debía llevárselo, ya no ha tenido la capacidad de dejarlo y ha encontrado en la mentira una forma de protegerse del enfado del adulto y dependiendo del estilo educativo familiar, de la posible sanción.

¿Cómo le podemos ayudar a enfrentar esta situación?

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Por qué mienten los niñosFoto: Istock

No haciéndole sentir mal por haber mentido sino transmitiendo confianza para que repare su acción, lo realmente educativo es que entienda que el juguete tiene que estar en clase y que le tiene que explicar a la profesora por qué se lo ha llevado.
Podemos hablar de la mentira como algo que hacemos cuando nos falta confianza para enfrentar la situación pero que lo importante es hablarlo y pedir ayuda para afrontarlo.
Y lo más importante, transmitir que no perdemos la confianza en ella, sino que ahora valoramos mucho más su capacidad para afrontar un error que ha cometido.
Como reflexión final quiero decir que los niños y niñas que se desarrollan en un ambiente familiar respetuoso y afectivo no tendrán necesidad de mentirnos porque no temen nuestra reacción y saben que les vamos a ayudar. La mentira generalmente es una estrategia de supervivencia que utilizan los niños cuando se sienten solos frente al peligro y como si de un salvavidas se tratara, se agarran a la mentira desde el miedo y la desconfianza. ¡Seamos nosotros su balsa de seguridad!

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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