Ser Padres

Te llevo a la clase de los pequeños por portarte como ellos

¿Es necesario humillar a un niño llevándolo a otra clase para que aprenda regulación emocional o habilidades sociales que evidentemente no tiene?

Increíble pero cierto, se sigue haciendo y lo peor es que se cree que es educativo y necesario para que un niño o niña de primaria aprenda a comportarse en el aula, “te voy a llevar a la clase de los pequeños si te sigues portando como ellos”. ¿Con qué finalidad? ¿Es necesario humillar a un niño llevándolo a otra clase para que aprenda regulación emocional o habilidades sociales que evidentemente no tiene? Lo diré claro: no, no es necesario, os diré más bien en qué caso sí veo aconsejable ir a la clase de los pequeños con el fin de generar lazos de unidad, empatía, cuidado y atención.
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Te llevo a la clase de los pequeños por portarte como ellosFoto: Istock

Imagina que un lunes llega la maestra a clase y le dice a sus alumnos de 4º de primaria: “Buenos días, tengo una propuesta para haceros y espero que os haga tanta ilusión como a mí llevarla a cabo. Tenemos una semana para preparar una actividad para la clase de tercero de infantil, podemos preparar por grupos diferentes actividades según los talentos de cada uno, podemos hacer una Yincana, escribir una canción, enseñarles una manualidad o crear una obra de teatro, ¿hacemos una lluvia de ideas?”.
Es muy probable que ante el entusiasmo de la maestra y el reto de organizarse por grupos según los gustos de cada uno les motive la idea, también el hecho de perder clase, recordemos cuando teníamos su edad, esto siempre era un motivo de celebración. Pero el proyecto en sí es motivante y requiere de muchas habilidades sociales, competencias emocionales, trabajo en equipo y coordinación, así sí podemos ir a clase de los pequeños, a dar, ayudar, colaborar y disfrutar con ellos pero no con la etiqueta de “mal portado” convirtiendo la clase de los pequeños en un lugar de castigo.
Es cierto que muchos docentes antes de castigar a sus alumnos así han probado muchas cosas, llamar la atención, corregir, recordar, separar mesas, ponerlos junto a ellos, dejarlos sin recreo, reforzar positivamente, hablar con los padres... pero finalmente, cuando su paciencia se agota, optan por su último recurso con la esperanza de que surta efecto. Y esto precisamente es el problema, cuando haces algo porque todo lo demás ha fallado y ya no sabes qué más hacer y actúas desde la idea errónea de  que si a una conducta inadecuada le aplicamos un refuerzo negativo se extinguirá. Lo cierto es que lejos de mejorar muchas veces la conducta empeora porque este tipo de castigos humillan, señalan públicamente y refuerzan la etiqueta de “soy malo” y merezco sentirme mal.
Pero entonces, ¿qué se puede hacer para que su comportamiento deje de ser disruptivo? No es fácil encontrar una respuesta a esta pregunta porque en educación las matemáticas exactas no existen, no hay fórmulas para cada problema hay muchas y muy diversas causas que generan  la conducta. Lo que sí hay que tener en cuenta es que cuando el cerebro derecho se ve invadido por fuertes emociones y experimentan  sensaciones corporales, no podemos pretender que la conducta sea equilibrada y por eso nos ayuda preguntarnos, ¿con mi decisión le estoy ayudando a estabilizarse o aún se lo pongo más difícil?
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Por qué castigar al niño con llevarlo a la clase de los niños pequeños no sirveFoto: Istock

La labor docente no es nada fácil, requiere de muchas dosis de paciencia,  reciclaje del conocimiento, revisión de las creencias sobre educación, expresión del amor continuo y sobre todo no perder la fe en la capacidad resiliente del alumnado para mejorar.
Con el único fin de ayudar a que nuestras decisiones favorezcan la convivencia escolar, te invito a tener en cuenta los siguientes principios educativos cada vez que tomes decisiones para corregir el comportamiento en aula:
  1. La forma de corregir no puede estar condicionada por la propia emoción, pon conciencia en cómo te sientes, regula tu enfado antes de tomar decisiones.
  2. “Ahora” quizás no es el mejor momento para corregir, ni estás en tus mejores condiciones para expresar ni ellos están preparados para escuchar, lo importante siempre puede esperar.
  3. Lo que dices es tan importante como lo que transmites, ajusta tu emoción a tu mensaje para que lo que enseñas influya positivamente en su personalidad.
  4. Las palabras pueden dañar la autoestima, cuidado con lo que decimos y cómo lo decimos, después de hablar contigo tienen que tener ganas de mejorar.
  5. El comportamiento en clase puede indicar que debemos tener en cuenta otros contextos como la vida familiar y la socialización fuera del aula. 
A modo de conclusión, me gustaría destacar una idea final, los niños aprenden mejor cuando las personas que les corrigen piensan bien de ellos y actúan motivados por la confianza que tienen en su capacidad para mejorar y no desde la desesperación ante el comportamiento presente. ¡Confía maestro, eres la esperanza de su futuro!

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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