Adolescentes

8 claves para ayudar a nuestros hijos a construir relaciones sanas

La adolescencia es el momento de los primeros amores de nuestras hijas e hijos. Aunque siempre nos parecerán demasiado pequeños, debemos aceptar y acompañar este importante paso en su desarrollo. Hablamos de cómo ayudarles a construir relaciones sanas.

adolescentes enamorados
Foto Istock

Aunque el amor y la sexualidad son sentimientos que tienen lugar en la esfera más privada de las personas, las relaciones afectivo-sexuales son también una construcción histórica y cultural. Las ideas del amor y de la pareja han variado a lo largo del tiempo, moldeando nuestra concepción sobre estos asuntos.

La cultura construye nuestra visión del amor, con sus elementos y estructuras. Puede que sea en la adolescencia cuando comienzan los noviazgos, pero la visión sobre el amor comienza a construirse mucho antes; desde la más tierna infancia, a través de charlas con amigos, el colegio y, por supuesto, a través de cuentos, series y películas. El amor es uno de los conceptos que más han explotado las creaciones culturales. Y muchas veces, no lo ha retratado de la mejor manera.

El modelo cultural más extendido es el conocido como mito del amor romántico, presente en toda nuestro bagaje audiovisual.

Este mito ofrece una imagen idealizada y distorsionada de las relaciones, en las que el amor y la persona amada es lo único que nos dará la felicidad. Se transmite la idea de que somos seres incompletos y debemos encontrar a nuestra alma gemela.

Al ser ideas tan repetidas y tan presentes, acaban condicionando nuestra manera de relacionarnos y lo que esperamos o exigimos al otro, sin darnos cuenta de que la mayoría de dichas expectativas son irreales e incluso perjudiciales.

Idealizar de manera semejante al amor tiene consecuencias como miedo a la soledad, dependencia afectiva, frustración, sexismo, relaciones que se alargan en el tiempo de manera dramática o duros procesos de desamor. Puede llevarnos a soportar relaciones de dominación, basadas en los celos y el control, todo en nombre del amor.

Resulta descorazonador, pero el número de violencia de género entre jóvenes y adolescentes alcanza porcentajes inadmisibles. El problema, señalan los expertos, es que estos chicos y chicas han interiorizado ciertos modelos románticos que les impiden reconocer las relaciones nocivas; no son capaces de identificar los comportamientos violentos, especialmente aquellos que tienen que ver con el control y el poder.

Por suerte, nuestros hijos cuentan con nosotros. Como madres y padres tenemos una oportunidad de oro para ayudar a nuestros hijos a sentar las bases de unas relaciones sanas, constructivas, libres, basadas en el respeto, el apoyo, el crecimiento personal. Un amor como proceso que parte de uno mismo.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar relaciones afectivas sanas y equilibradas? Os proponemos 8 claves para elaborar una ética de las relaciones.

1. Sana autoestima: el éxito de una pareja o una relación comienza en uno mismo. Por eso es fundamental que nuestros hijos e hijas aprendan a gustarse como son, a tener una imagen corporal adecuada, aceptarse con sus virtudes y defectos; tener la creencia básica de ser alguien digno de amor y de respeto es fundamental para relacionarnos con los demás desde el bienestar.

2. Libertad y voluntariedad: la decisión de establecer una relación afectivo-sexual debe ser libre y voluntaria para ambos miembros de la pareja; las presiones, el chantaje, las coacciones, etc., de cualquier tipo rompen con este principio. De la misma manera, la decisión de acabar con la relación debe aceptarse desde el momento en que uno de los miembros así lo desea, por mucho dolor que pueda provocar.

3. Igualdad: aunque las personas somos distintas y tenemos diferentes capacidades y personalidades, los dos miembros de la pareja deben tener el mismo peso a la hora de tomar decisiones, poder expresar sus pensamientos y sentimientos libremente, y en los cuidados y el cariño que dan y reciben.

4. Autorresponsabilidad: nuestros hijos e hijas deben tener claro que son seres íntegros y completos por sí mismos, independiente de si mantienen o no una relación. Deben fortalecer la autoestima, la aceptación de su cuerpo y su personalidad, la expresión de sus sentimientos; la fortaleza depende fundamentalmente de uno mismo. Aunque una pareja nos pueda apoyar, el sentimiento de propia valía depende básicamente de cada uno de nosotros.

5. Mantener la propia autonomía: tener pareja no significa tener que hacerlo todo juntos ni tener intereses totalmente comunes. Es importante seguir realizando actividades que nos gustan y relacionarnos con más personas. Los miembros de la pareja deben aprender a conjugar sus amistades, aficiones y proyectos individuales con los comunes.

6. Comunicación y confianza: expresar los propios sentimientos y deseos no resulta siempre sencillo, pero es esencial para mantener una relación corresponsable. No se puede pretender que el otro adivine lo que sentimos, pensamos o queremos, y menos aún culparle por no hacerlo. Por otro lado, es esencial a la hora de resolver conflictos y llegar a acuerdos, partiendo del respeto a los límites del otro y a los propios límites.

7. Aceptación de las diferencias: estas suponen un enriquecimiento para la relación y para los miembros de la pareja. Amar a alguien no supone estar siempre de acuerdo, ni tener que pensar lo mismo, ni tener los mismos gustos.

8. Seguridad y prevención: si deciden mantener relaciones sexuales deben tener acceso a toda la información y a los medios para hacerlo con seguridad y prevenir embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual. Y siempre partiendo del CONSENTIMIENTO.

Artículo ofrecido por Mariola Lorente Arroyo, Universidad de Padres-Fundación Edelvives

Continúa leyendo