Trastornos alimentarios

Adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria: ¿qué pueden hacer los padres?

Trastornos como la bulimia y la anorexia nerviosa se posicionan en nuestro país como enfermedades habituales entre los adolescentes. ¿Qué actitudes suelen tener los jóvenes que las padecen? Y sobre todo, ¿cómo pueden actuar los padres? En las siguientes líneas vemos cuáles son los principales comportamientos de los adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y lo que deben y no deben hacer los padres para ayudarles a combatir la enfermedad.

El 30 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA). Un tipo de patologías que se sitúa como la tercera enfermedad crónica en la adolescencia, siendo las más comunes: la bulimia y la anorexia nerviosa.

Según datos proporcionados por la Fundación Fita y la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, de las 400.000 personas que sufren alguno de estos trastornos, 300.000 son tanto chicos como chicas de entre 12 y 24 años. Si bien es cierto que las chicas son las más propensas a padecerlos -antes de la pubertad, hay una proporción de seis chicas por cada cuatro chicos- cabe señalar que son enfermedades que se diagnostican en todas las edades de hombres y mujeres.

Comportamientos de alarma

Los adolescentes que tienen alguno de estos trastornos o que están a punto de caer en ellos suelen tener ciertos comportamientos que pueden hacer saltar las alarmas. Según Neus Nuño Bermúdez, profesora del máster universitario de Psicología Infantil y Juvenil de la UOC, estos son los principales:

  • Eliminar ciertos alimentos o grupos de alimentos de la dieta.
  • Reducir el tipo de cocciones, priorizando las que minimizan la grasa (vapor, plancha).
  • Disminuir la ingesta en general o, al contrario, tener atracones o una ingesta impulsiva de grandes cantidades.
  • Evitar ir a comidas, salir con amigos o asistir a reuniones familiares.
  • Tener una conducta deportiva «excesiva», motivada por la quema de calorías.
  • Cambios en la forma de vestir, por ejemplo, «usar ropa ancha para ocultar el cuerpo».
  • Preocuparse excesivamente por el peso, el cuerpo y la imagen en general.
  • Ocupar con pensamientos y preocupaciones por la comida un gran espacio de tiempo en su vida.
  • Tener sentimientos de tristeza, estrés o ansiedad no justificados, ya que estas personas suelen tener «sentimientos de ineficacia y baja autoestima».

Perfiles más comunes

La dificultad en la flexibilidad cognitiva y en la toma de decisiones son características que suelen ser comunes en las personas con anorexia nerviosa.

Por esta razón, “tradicionalmente se ha considerado que hay un perfil más propenso a desarrollar un trastorno alimentario, y es el perfil de personalidad perfeccionista, con rasgos obsesivos. Pero eso no significa que todas las personas que tienen esos rasgos desarrollen una anorexia, ni que necesariamente todas las personas con anorexia nerviosa presenten todas esas características”, apunta la profesora Bermúdez.

En el caso de la bulimia, el perfil que destaca es el de las personas con dificultades para controlar sus impulsos. “La impulsividad es uno de los rasgos más característicos de las personas con estos trastornos. Suelen ser personas a las que les cuesta tomar decisiones, o que las toman de una forma poco reflexiva, buscando una gratificación inmediata y sin considerar los efectos a largo plazo”, añade la experta.

La actitud del adulto: lo que debes y no debes hacer

Los padres, profesores y adultos que se relacionan con los jóvenes que padecen estos trastornos son pilares esenciales para frenar la enfermedad o para ayudar a su recuperación. Como explica la experta y profesora de Psicología, no hay que adoptar “una postura de policía”, porque “a la larga será contraproducente”. Tampoco hay que obsesionarse y acabar centrando todas las conversaciones en la comida. Para Nuño, las actitudes más eficaces para ayudar a los adolescentes son:

  • Crear un clima de confianza que propicie la comunicación en casa. 
  • Permitirles expresar sus emociones y preocupaciones, sin juzgar ni minimizar su importancia. 
  • Mostrarse dispuestos a acompañarlos y ayudarlos, aunque cueste entender lo que les pasa. 
  • Mostrar interés por cómo se encuentran, sin centrarse solo en lo que han comido o dejado de comer, y preguntarles por su día, por sus preocupaciones.

Como señala la profesora, es importante también que cuando exista cualquier sospecha de que haya un trastorno “es fundamental que reconozca que hay algo que no va bien e iniciar un tratamiento psicológico”. Y lo apunta por varios motivos: porque si la situación es muy incipiente y es consciente de su problema, es posible que pueda revertirlo cambiando sus hábitos junto al apoyo familiar adecuado. Y porque está demostrado que el éxito en la recuperación es mayor cuanto antes se interviene.

En el caso de que no reconozca el problema y los padres tengan claro que sí existe, la profesora Neus Nuño aconseja que “hay que intervenir aunque la persona no acepte que tiene un problema, sobre todo si se trata de menores de edad”.

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Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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