Educación en la adolescencia

Adolescentes, cuando la ira secuestra a tu hijo

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Los adolescentes deberían llevar un cartel colgado al cuello que dijera: “Estamos en construcción. Disculpen las molestias”.

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La psicóloga Bárbara Tovar ha dedicado gran parte de su carrera profesional al estudio de la ira, la que más variedad de consecuencias problemáticas esconde. Ahora, en su libro Adolesciencia. Cómo entender a mi hijo adolescente (editorial Temas de hoy) dedica todo un capítulo a esa emoción. Aquí adelantamos algunas pinceladas:

Uno de los puntos fundamentales a tener en cuenta al abordar la ira, explica la psicóloga del programa de televisió Hermano Mayor, es que tras la explosión hay siempre una causa. Como padres, no hay que centrarse en acallar la ira sino en resolver el problema que la provoca.

En esta tarea, no debemos olvidar que, a pesar de que a veces no reconozcas a tu hijo, él sigue ahí. Bajo toda esa irritabilidad y esa  emocionalidad adolescente sigue siendo ese ser maravilloso y te necesita más de lo que crees. Ha sido secuestrado por las emociones y él no lo sabe, así que no debes tener miedo en decirle claramente lo que crees que siente: envidia, celos, miedo, ansiedad, vergüenza.

Cuando en mi casa mis hijos se enfadan hasta el punto en que siento que no puedo hablar con ellos, les digo: “No quiero seguir hablando con la ira. Estoy aquí para hablar con mi hijo. Hijo, cuando vuelvas, avísame, que la ira te ha tapado y no te oigo”. Me levanto y me voy.

 

Los tres errores más frecuentes que cometemos los padres

Mientras el  adolescente permanezca secuestrado por la ira, cometerá tres equivocaciones, debido a su errónea percepción del mundo:

  1. Error atencional: es el efecto de no percibir nada que no sea coherente con el enfado o la ira. Cualquier cosa que sea agradable o positiva desaparecerá a los ojos de un chico enojado. El truco es esperar a que se abra la puerta a la alegría, la compasión, la generosidad, la relajación…
  2. Error interpretativo: es la tendencia a etiquetar cualquier situación neutra o ambigua como un ataque o conducta hostil hacia él. Hay que cambiar de raíz la forma en que como padre afrontas el tema, tener paciencia y esperar al momento óptimo para hablar del tema.
  3. Error de memoria. Cuando tu hijo se enfada es como si hiciese una selección de todas las cualidades tuyas que aborrece. Recordará todos los momentos tensos o difíciles que ha pasado a tu lado y usará esos recuerdos para luchar contra ti. No entres en la provocación, trata de ignorar sus “críticas emocionales”, que buscan herirte. Si te contagias de su  agresividad os sumiréis en un círculo destructivo.

¿Sabes lo que es el “efecto Pigmalión”?

Bárbara Tovar nos ilustra también en Adolesciencia sobre las posibilidades de este efecto, que se refiere a cómo nuestras expectativas sobre otras personas influyen de forma muy notable en el crecimiento y evolución de ellas mismas.

En relación a los hijos adolescentes, la psicóloga aconseja a los padres seguir tres pautas:

  • Generar una expectativa realista y positiva sobre el rendimiento de tu hijo
  • Actúa como lo harías con esa persona de la que esperas esos resultados.
  • Aliéntate en el camino.

Prueba a confiar en tu hijo y demuéstrale que es digno de tu confianza. Es una excelente receta.

Bárbara Tovar cierra este capítulo de su interesante libro con una buena noticia para los padres: 23 buenas noticias. Noticias en forma de antídotos contra la ira, recomendaciones que pueden servir de aliadas a los padres con hijos adolescentes “secuestrados".

Etiquetas: familia

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