Adolescencia

Atribuciones erróneas del comportamiento adolescente

La adolescencia es el momento en que se desarrolla la independencia, y también es una etapa difícil no solo para ellos, sino también para sus padres. Sin embargo, es muy común realizar atribuciones equivocadas sobre su comportamiento.

La adolescencia es una etapa de la vida llena de retos tanto para los padres como para los hijos. A menudo los padres nos sorprendemos de los rápidos cambios que observamos, tanto a nivel físico como a nivel comportamental en nuestros hijos.

Atribuciones erróneas del comportamiento adolescente
Foto: Istock

Hasta hace nada tenías a un niño amoroso que aun se sentaba sobre tus rodillas o volvía del colegio contando mil historias, y de repente te encuentras con respuestas monosilábicas y portazos.

La frase que más escucho en consulta cuando acuden los padres suele ser: “no lo reconozco”, “no quiere hablar conmigo, no me cuenta nada” o “siempre está metido en su habitación”.

Estas conductas a menudo nos hacen sentir desconcierto, desasosiego e incluso pena.  No sabemos cómo actuar, cómo recuperar esa cercanía que teníamos y qué hemos perdido.

A veces atribuimos esos comportamientos a algo relacionado con nosotros, como que nuestro hijo no nos aprecia, le aburrimos, ha perdido la confianza o cualquier otro pensamiento negativo que puede hacernos mucho daño.

Y esas atribuciones erróneas, junto con unas expectativas poco realistas sobre cómo debería comportarse nuestro hijo adolescente, pueden estropear nuestro vínculo y deteriorar la relación.

Sin embargo, si tomamos algo de distancia emocional de la situación, y somos capaces de verter una mirada diferente, podemos vivir esta etapa de una manera constructiva y enriquecedora.

¿Qué podemos hacer?

Conocimiento

En primer lugar, informarnos sobre las características propias de este momento del ciclo vital. ¿Qué implicaciones tienen los cambios físicos y psicológicos en su comportamiento y emociones? Sin duda, muchos. En un período relativamente corto de tiempo su cuerpo madura a nivel sexual y esto implica unos cambios hormonales muy fuertes, que producen irritabilidad, impulsividad etc. Su cerebro, aún inmaduro, no tiene los recursos del adulto para afrontar los retos de la adolescencia: nuevo aspecto físico, exigencias del entorno, primeras relaciones de pareja o sexuales, mayor responsabilidad, estudios… el mundo cómodo y seguro del niño se vuelve de repente desbordante.

Empatía

La empatía es la habilidad que considero más importante durante la adolescencia. Si no somos capaces de ponernos en su lugar, la distancia y falta de comunicación no hará sino aumentar. La empatía es un ejercicio maravilloso que nos ayuda a poner el foco en el otro, quitándolo de nosotros mismos. ¿Qué le pasa a mi hijo? En lugar de ¿Por qué me trata así?, por ejemplo.

Memoria

Recordamos nuestra adolescencia con cariño, alegría e incluso nostalgia. Sin embargo, a menudo la de nuestros hijos nos parece amenazante, nos genera angustia y nos preocupa mucho. ¿Qué nos impide disfrutarla? Son adolescentes, como lo fuimos nosotros. La falsa creencia de que ahora son peores, tienen menos valores, o están más desmotivados solo es un mito (seguro que nuestros padres pensaban lo mismo de nosotros).

Fluir y confiar

La confianza implica conocer a nuestros hijos, saber que han de atravesar esta etapa como lo hicimos nosotros, que probarán nuevas experiencias, que es normal que se distancien un poco de nosotros… pero lejos de ver un peligro a cada esquina, confiamos en que la atravesarán, cometiendo sus errores, aprendiendo y en resumen, viviendo.

Comprensión

Quizá es lo que más nos cuesta. Hacer las atribuciones correctas a sus comportamientos. Por eso te dejo un pequeño traductor que tal vez te ayude:

Traductor adolescente

Cuando se aísla en su habitación no es porque le caigas mal o ya no te quiera, ni siquiera necesariamente porque tenga problemas. Simplemente en esta etapa necesita mucho mas tiempo para conocerse a sí mismo y para sus nuevas aficiones.

Su falta de comunicación no significa que no confíe en ti, sino que necesita distanciarse de los padres como forma de crear su propia identidad y lidiar con su cada vez más complejo mundo interior.

Cómo apoyar al adolescente
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La relación se resiente, hay tensión y conflictos entre vosotros, lo que te conduce a pensar que nunca volveréis a tener buena relación. Pero no es así. En un par de años volveréis a tener tan buena relación como siempre (¡o mejor!) Solo está probando los límites, aprendiendo habilidades sociales y de negociación. También sacando a pasear la rebeldía y ese pensamiento idealizado y antisistema tan característico de esta etapa.

Cuando se mete en líos piensas que es por tu culpa. Que no lo has educado bien o que tiene algún problema. Sin embargo, probablemente lo único que sucede es que necesita explorar, descubrir y probar sus propios límites.

Puede que sientas que “le caes mal”, te trate con desdén o incluso reniegue de pertenecer a la familia. En realidad, solo necesita reafirmar su identidad al margen de los lazos familiares y descubrir qué le define realmente.

En la adolescencia es especialmente relevante trabajar el vínculo de apego con nuestro hijo, intentar no personalizar en la medida de lo posible y confiar. Ahora toca permanecer y acompañar, porque, aunque no lo parezca, nos necesitan cerca, presentes y aceptando cada paso que dan, incluidos los errores.

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