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Su importancia en la crisis

Claves para concienciar a los adolescentes sobre el coronavirus

Nadie tiene la fórmula para cambiar la percepción que en muchos chicos jóvenes sigue teniendo esta enfermedad que tanto daño está causando y que tanto está influyendo en nuestro modo de vida, pero eso no quita que no exista una responsabilidad institucional y parental con la concienciación de este grupo de población tan protagonista en esta crisis.

Adolescentes y coronavirus
Adolescentes y coronavirus (Foto: iStock)

Qué difícil se está poniendo el panorama en muchas regiones de España con los rebrotes de la COVID-19. Las estadísticas, los informes y los testimonios de los expertos, además de la dirección hacia la que apuntan las medidas tomadas tanto por el gobierno central como por muchos gobiernos regionales, apuntan al ocio nocturno y a las reuniones familiares como dos de las grandes causas de la nueva expansión de la enfermedad. En ambos casos juegan un papel decisivo los jóvenes y los adolescentes, que no terminan de limitar sus relaciones sociales ni de tomar las medidas preventivas que requiere una situación tan delicada y excepcional como la que vivimos. 

¿Cómo se les puede concienciar? Es la pregunta (sin respuesta clara) que más se hacen muchos padres, tutores y también expertos en esta crisis sanitaria. No parece que las noticias alarmantes que llegan ni la historia reciente de los estragos causados por el coronavirus en España terminen de sensibilizar a este colectivo. Ni siquiera lo ha hecho el prolongadísimo encierro en casa que vivieron; el más exigente junto con los niños. Quizá sea por el mensaje que se extendió con fuerza al comienzo de la pandemia de que la COVID-19 “solo afectaba a personas mayores”, o porque es cierto que en general es una generación que sufre menos la dureza de la enfermedad -no están exentos de sufrir complicaciones severas y tienen la misma probabilidad de contagiarse que los adultos-. Pero la realidad es que los adolescentes la transmiten con la misma facilidad que las generaciones mayores y en cambio no están tan concienciados de la situación como estos. 

¿Es prohibir la solución?

El mensaje institucional es la primera herramienta para cambiar las cosas, aunque su alcance sea menor que el mensaje cercano que se puede y se debe dar en casa. Pero no se trata de sacar el látigo con los más jóvenes, que encima se han pasado encerrados en casa meses, dando ejemplo, durante la cuarentena. La responsabilidad es institucional y social, pero colectiva, no solo de un determinado grupo de población. Y esto es un mantra fundamental a la hora de abordar la cuestión. Un ejemplo para entenderlo mejor: no se puede ser optimista al respecto de que las prohibiciones vayan a ayudar a concienciar.

Tampoco funciona en casa con los niños, ni mucho menos con los propios adolescentes, que ya tienen otros referentes cercanos, no solo los familiares, que les influyen en sus decisiones. Por esta razón, el cierre del ocio nocturno o que se castiguen con dureza los botellones funcionará contra la expansión de la enfermedad porque de eso tratan los cortafuegos, pero si hablamos de concienciar a los adolescentes, en la educación debemos ser escépticos siempre con la eficacia de la prohibición. 

En cambio, apostar por la narrativa, de forma original y adecuada, legitimando primero el esfuerzo que hicieron durante la primavera y tratando de llegar a ellos en clave positiva, puede que sí tenga un efecto positivo y que poco a poco, una a una, se conecte con la conciencia de los jóvenes. No queda otra, es una tarea difícil, sin duda alguna, pero nos jugamos mucho todos y su papel es clave en este nuevo episodio de la crisis sanitaria que no tiene fecha de fin. Por eso mismo es tan importante hacer incidir en su responsabilidad individual y por ende en su comportamiento futuro, en qué harán motu proprio desde que se levante la prohibición que sea. Se trata de que por decisión propia, meditada y madurada, no vuelvan a tropezar en la misma piedra, piedra que hacemos pone en riesgo al resto de la población. Ojo, esto no está reñido con las medidas prohibitivas que las instituciones, apoyadas en los especialistas en algo que a la mayoría de la población se nos escapa, deban tomar en cada momento. 

El poder de las redes sociales

Dicho esto, de vuelta a cómo concienciar a los adolescentes sobre el coronavirus, y sin que nadie tenga todavía la clave de la cuestión, parece que lo necesario es un plan de comunicación original, directo, honesto también, en el tono adecuado -si se demoniza la figura del adolescente, se corre el riesgo de que las consecuencias sean peores que las de la desinformación- y a través del canal más utilizado por la población adolescente, las redes sociales.

Es ahí donde hay más posibilidades reales de impactar en ellos y no parece que se hayan explorado hasta las fechas todas las posibilidades que ofrecen. Prueba de ello es que circulan con más fuerza las teorías disparatadas que los mensajes de concienciación emitidos en base a una fundamentación científica. 

El debate en casa

Y esto sirve exactamente igual a la hora de afrontar la concienciación en casa, donde también se deben desplegar todos los medios posibles para hacer ver a los adolescentes del hogar que esto sigue siendo algo muy serio y que en su mano está cuidar a aquellos que tanto les han cuidado a ellos a lo largo de su corta vida. Para ello, una aproximación negativa, contundente en el mal sentido de la palabra, e incluso intransigente -prohibiendo en vez de recomendando, por ejemplo-, puede ser todavía peor. Pero darle visibilidad, que sea un tema de sobremesa, es necesario. Una responsabilidad parental más. 

Puede ser muy interesante y efectivo para sensibilizarles sacar a la palestra casos concretos de afectados que podían ser ellos o sus hermanos mayores, porque estos meses los medios de comunicación han personalizado los efectos de la COVID-19 en numerosas historias muy duras pero muy bien contadas, que todos deberíamos leer. Del mismo modo, si en la familia hay casos cercanos, por duros que sean, también deben tener un espacio en la memoria de los chicos. No solo los ratos divertidos que pasaron en casa jugando a la videoconsola o haciendo su plan favorito en familia durante el confinamiento. Eso sí, independientemente del camino elegido para afrontar el tema con ellos, para llegar a buen puerto, no hay que olvidar el paso previo de legitimar su actitud durante la época más dura de la pandemia hasta la fecha y valorar su esfuerzo para disfrutar de un verano de circunstancias. 

A partir de aquí, solo hay un camino para incidir en su responsabilidad individual: dar ejemplo. No hay mejor herramienta que esa. Mucho más potente que las charlas en el sofá de casa, los anuncios y los mensajes de los youtubers, aunque como ya hemos dicho sean todos ellos caminos explorables para concienciar a los adolescentes. Pero, cuidado, no sirve de nada el hoy sí pero mañana no, o en esto sí van conmigo las normas pero no en esto otro; dar ejemplo implica ser muy autoexigente con las medidas fundamentales de higiene y distanciamiento social más efectivas: limitar las relaciones sociales, que vean ellos que también sus padres hacen sacrificios, no relajarse con el uso de la mascarilla o la higiene de manos, y mantener la atención hasta en las cosas más cotidianas, como puede ser dejar la distancia de seguridad en la cola del supermercado. Todo suma para romper la percepción equivocada que muchos tienen de este virus. 

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