Cómo ayudar a un hijo adolescente si fallece un amigo

La muerte de un amigo cercano de nuestro hijo supone una pérdida mucho mayor de lo que imaginamos: pierde un compañero de aventuras y secretos, siente culpabilidad por las cosas que han quedado interrumpidas, no dichas o no resueltas, y una sensación de injusticia.

Es habitual que, al llegar a la mitad de la adolescencia, un menor ya haya sufrido la pérdida de algún ser querido. En general ésta suele ser el fallecimiento de un familiar mayor ocurrido en algún momento de las anteriores etapas de desarrollo, básicamente por motivos estadísticos y de evolución de la vida.

Sin embargo, existe un tipo de pérdida que para la mayoría de adolescentes es muy significativa: la muerte de un amigo íntimo. Esto supone un hito en la vida adolescente que suele marcar a la mayoría de quienes viven un acontecimiento de estas características.

El duelo en la adolescencia

La adolescencia es uno de los periodos sociales más importantes del ser humano. El adolescente es gregario, celoso de su grupo de amigos y amigas. Ahí es donde se inician las relaciones más importantes y muchas de ellas pueden pervivir hasta la etapa adulta e incluso la vejez.

Los adolescentes visten de manera parecida, expresan gustos y estética similares, comparten secretos, confidencias… En estos grupos suelen darse duplas íntimas, que comparten todo tipo de planes.

Que un amigo tan cercano para nuestro hijo fallezca supone para el adolescente una pérdida que implica mucho más de lo que imaginamos, ya que:

- Se muere un compañero de aventuras.
- El menor pierde muchos proyectos de futuro, se interrumpe la planificación a medio y largo plazo.
- Hay una pérdida intensa de comunicación con sus iguales.
- Pierde la persona a quien había confiado muchos secretos.
- Siente culpa por las cosas que han quedado interrumpidas, por las que no se dijeron, o las que se dijeron y no se arreglaron.
- Queda una sensación de injusticia. La muerte de una persona joven a veces deja una sensación de vida interrumpida en su entorno. Es habitual que pensemos que era muy pronto, que le quedaban muchas cosas por hacer o vivir, o que la vida nos está tratando de manera injusta.
- El menor tiene una sensación de vacío existencial ante esa muerte, en esas situaciones se suele sentir una pérdida del sentido de la vida.
- Incomprensión y ambivalencia. Muchas personas intentarán consolarle alegando que el fallecido era “sólo un amigo”. El menor se sentirá en la obligación de pasar página, cuando a veces no es posible. Al mismo tiempo puede sentir que nadie comprende el valor que daba a la amistad, de ahí la sensación de incomprensión.

Cómo atender el duelo de mi hijo adolescente

En estas circunstancias es posible ayudarles o, al menos, mostrar hacia ellos una actitud que evite que aumente la intensidad de esas sensaciones descritas, por ejemplo:

1. Haciéndoles saber que estamos ahí para ellos.
2. No restando importancia a la pérdida que han sufrido.
3. Intentando entender las dimensiones de la pérdida.
4. Evitando decirle cosas como: “Ya harás otro mejor amigo”, “Se te pasará…”
5. Conviene permitirles que organicen homenajes y actividades en recuerdo de su amigo.
6. Dándoles cariño y apoyando sus avances.

Artículo elaborado por Patricia Díaz Seoane, psicóloga de la Fundación Mario Losantos del Campo (FMLC).

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