Acoso escolar

¿Cómo detectar un caso de bullying desde casa?

¿Cuáles son las posibles señales de alarma para detectar situaciones de acoso escolar en casa? ¿Es posible?

Cuando yo iba al instituto no se hablaba de bullying ni de acoso escolar, pero existía, ha existido siempre aunque no le dieran importancia refiriéndose a ello como “cosas de niños”. Es posible que los docentes de entonces no fueran conscientes de la gravedad y que las familias no supieran muy bien lo que se cocía en las aulas. Si no eres testigo de esa violencia escolar y los hijos no cuentan en casa lo que viven, es muy difícil pensar que esa tristeza, apatía o incluso “mal carácter” tiene algo que ver con la inseguridad que vive cada día entre compañeros de su misma edad.

Cómo detectar el acoso escolar en casa
Foto: Istock

Recuerdo perfectamente un hecho puntual que marcó un antes y un después en la sensibilidad de la sociedad española sobre este tema. Yo tenía 18 años y no se me olvida cómo de un día para otro y por un hecho traumático despertamos a esta realidad. Jokin Ceberio, un adolescente de tan sólo 14 años, la edad que tiene mi hijo ahora, se arrojó desde la muralla de Hondarribia (Guipúzcoa) en 2004, su suicidio nos hizo ver que había una diferencia abismal entre un conflicto escolar y un acoso escolar.

Cuando hablamos de violencia escolar, bullying, acoso escolar o ciberacoso, hay cinco características que se tienen que dar para abordarlo con cierta urgencia por tratarse de un “problema escolar” y así diferenciarlo de un “conflicto de aula” que puede tener un tratamiento más educativo, que no requiere de tanta inmediatez, siendo en la mayoría de los casos suficiente con  ir trabajando los vínculos entre compañeros y el clima de aula para promocionar el buen trato entre compañeros. Pero si se dan las siguientes características, urge coordinarse familia y escuela para tomar decisiones e intervenir con sumo cuidado:

  1. Desequilibrio de poder entre agresor y agredido
  2. Reiteración de las acciones
  3. Intencionalidad del agresor de causar daño
  4. Indefensión aprendida que dificulta ponerse a salvo
  5. Fenómeno de grupo, los llamados “observadores”

A veces podemos preguntarnos, “pero si le han agredido o insultado en clase ¿por qué no nos lo cuenta si todos los días le pregunto qué tal en la escuela?” Precisamente porque este tipo de preguntas al ser tan abiertas y generales parece que sólo aceptan un “bien” o un “mal”. ¿Qué respondemos cuando alguien nos hace esta pregunta? lo mismo o incluso “voy tirando” pero son preguntas para saludar, no siempre invitan a seguir hablando ni se da el espacio para ello.

Para hablar de uno, profundizar en las propias emociones y hablar de una situación dolorosa, hace falta estar tranquilo o por lo menos sentirse escuchado, comprendido, estar cómodo con la persona que te cuida y que desde luego no haya muchas interrupciones, a veces en las comidas está la tele puesta, hay discusiones y andamos con prisa por pasar a la siguiente actividad, ¿tú hablarías de un problema laboral que has tenido con un compañero con esta tensión?

Dos señales de alarma para detectar posibles situaciones de acoso escolar

Hablar de una situación dolorosa es tan difícil que a veces es más fácil decir “estoy bien” y pasar página. Esto nos lleva a pensar que a veces ver a nuestros hijos bien puede ser una señal de alarma, porque por estadística la probabilidad de que a ellos o a alguien de su entorno le suceda algo es muy alta por lo tanto lo esperado es que en casa se hable de estos temas en algún momento o bien porque les ha pasado o bien porque han visto que a alguien le pasa.

Otra señal de alarma es el silencio, si le preguntas “qué tal”, te dice que bien y acto seguido se hace el silencio, sospecha, porque muchas veces si estás bien tienes algo que contar o por lo menos emociones positivas que expresar, pero si no cuentan nada y tampoco expresan bienestar, podemos intuir que no está siendo fácil poner palabras a algo doloroso. No es nada sencillo volver a sentir miedo, sentirse vulnerable, inseguro, buscar palabras y no encontrarlas, tomar aire, respirar hondo y encontrar el momento para hablar de algo que desearías no haber vivido.

Hablar de lo que duele no es nada fácil

Trabajar acoso escolar
Foto: Istock

A veces viven hechos concretos, un insulto por ejemplo que se puede considerar una agresión verbal, pero otras veces son sensaciones personales, no hay una agresión directa, pero pueden sentir emociones similares, miedo, inseguridad, rechazo, etc. Y de esto sí que es difícil hablar, ¿cómo nos puede explicar que sí que ha jugado a fútbol pero que nadie le pasaba el balón porque no corre tanto como otros?

Si tú le preguntas qué tal en el cole y a qué ha jugado, te dirá que ha estado jugando con el balón, pero contarte cómo se ha sentido jugando será más difícil para él. 

Por eso tenemos dos objetivos claros si les queremos ayudar, el primero promover a través de los buenos tratos el aprendizaje de las competencias emocionales para saber reconocer cuándo están siendo agredidos, no tolerarlo y mínimo pedir ayuda y el segundo tiene que ver con el clima familiar y la confianza que somos capaces de generar para que hablar de situaciones dolorosas no sea tan difícil.

Si quieres ayudar a tu hijo, no le preguntes tanto “qué tal estás”, observa y pregúntate mejor ¿le estoy dando la confianza suficiente para que cuando necesite hablar de lo que le duele pueda hacerlo? Porque no olvidemos que el bullying se puede detectar en el salón de casa o por lo menos las probabilidades de que en casa observemos si está somatizando, si tiene reacciones impropias según su forma de ser o que salte alguna que otra alarma es mayor que en el aula donde hay más de veinte alumnos.

Aquí os dejo un cortometraje que hicimos desde el proyecto de Padres Formados que coordino para una campaña de sensibilización de buenos tratos a la infancia para aprender a educar sin miedo

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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