Adolescencia

Cuando nuestros hijos empiezan a beber alcohol, ¿cómo deben afrontarlo los padres?

Cuando descubrimos que nuestros hijos (aún menores de edad) empiezan a tomar alcohol, muchos miedos y dudas aparecen en los padres. ¿Debemos castigar a nuestros hijos sin salir? ¿Cómo lo afrontamos?

Mi hija de trece años ha empezado a beber alcohol, ¿le castigo sin salir? ¿cómo debemos afrontarlo? Entiendo tu preocupación, hasta ahora era tu niña pequeña, estaba segura contigo, la llevabas a las extraescolares, la recogías, respondía a tus preguntas cada día y creías tener una bonita relación con ella. Ahora sientes que no la conoces, que te cuenta sólo algunas cosas y que se junta con amistades que crees que la están influyendo negativamente y que por eso ha empezado a beber y quién sabe si a consumir alguna sustancia ilegal, ¡no quieres ni pensar en esa posibilidad!

Cuando nuestros hijos empiezan a beber alcohol
Foto: Istock

Ante este tipo de situaciones algunos padres se vuelven muy excesivamente comprensivos, quizás muy permisivos, “todos hemos tenido su edad”, otros olvidan precisamente que la tuvieran,  “no puedo permitir que beba con lo joven que es”, y yo apuesto más por una postura intermedia, “no tienes mi permiso para beber pero como entiendo que en algún momento lo harás,  te voy a dar algunas pautas para minimizar en la medida de lo posible los riesgos que puedes correr”.

¿Recuerdas algunos anuncios publicitarios para reducir los accidentes de tráfico por conducir bajo los efectos del alcohol como “si bebes no conduzcas”? Tienen mucho sentido pero poca ciencia que los pueda respaldar, por eso fracasaron porque el cerebro adolescente al estar sin terminar de desarrollar, necesita y demanda mucha estimulación, incentivos y estímulos que sean novedosos, ¿qué atractivo podemos tener los padres para ellos? ¡Aceptémoslo, ya no somos sus héroes!

En esta etapa se producen cambios en la identidad, aumenta el interés por el grupo de iguales al mismo tiempo que pierden interés en los padres, buscan emociones intensas, crece el interés sexual y la parte más preocupante, subestiman los peligros corriendo más riesgos de los que nos gustaría.

Debido a la inmadurez de la corteza prefrontal la mayoría de adolescentes cumplirán con el perfíl típico que todos conocemos, son impulsivos, retadores, irresponsables, inmaduros, inestables emocionalmente hablando, hipersensibles, de humor cambiante, poco estables y que no piensan las cosas antes de hacerlas  (si quieres profundizar en este tema puedes leer el capítulo 12 del libro “El cerebro infantil y adolescente: Claves y secretos de la neuroeducación” de Rafa Guerrero).

Por lo tanto, teniendo en cuenta que la edad no ayuda, la madurez cerebral no es suficiente, el vínculo con los padres empieza a sufrir algunos altibajos, la presión grupal no favorece que la personalidad individual de cada uno destaque y la autoestima todavía está en obras… Lo único que nos queda es hablar con franqueza con nuestros hijos y tener la siguiente conversación: “Hija, tienes trece años y no puedo darte permiso para beber todavía, me gustaría que no lo hicieras puesto que el alcohol daña tu cerebro que, como ya hemos hablado otras veces, hasta más allá de los veinte sigue desarrollándose…

Sin embargo sé que estás en una época de experimentar y que no podré protegerte siempre, así que necesito que hablemos de algunas pautas de seguridad…”. Esta es una manera de iniciar una conversación con tu hija, hay que dejar claro que si bebe será sin tu permiso porque no puedes autorizar algo así, pero que si a pesar de ello decide hacerlo, sus padres queremos saberlo.

¿Cómo puede seguir esta conversación?

Adolescencia y consumo de alcohol
Foto: Istock

Ahora toca dar alguna pauta, no para beber con responsabilidad porque beber ya es una acto irresponsable, sino para que si deciden hacerlo lo hagan siendo conscientes de que tienen que correr los menos riesgos posibles.

La pauta número uno es que si beben tiene que ser con un límite y el límite lo pone el propio control, desde el momento que ya no tienes control de tu cuerpo es el momento de parar, esto es difícil porque no tienen experiencia y no beben porque les gusta sino por experimentar, no ser diferentes, estar integrados, vivir emociones fuertes y en ciertos ambientes sin autoridades que controlen lo hace más estimulante. Pero tenemos un código y es que cuando se pierde el control y ya no me puedo cuidar, “las amigas o amigos no nos abandonamos y si estoy mal de verdad, puedes llamar a mis padres”. 

¿Algo más? sí, pautas básicas. Mejor comprar bebida en grupo que aceptar bebidas de otras personas, mejor llevar el vaso de plástico colgado del cuello con una cuerda que soltarlo en cualquier sitio, no aceptar bebida de personas que no conocemos y lo más importante, socializar siempre en grupo, conocer a personas siempre es estimulante pero para que la experiencia sea positiva es necesario hacerlo en grupo. 

Es un tema delicado, lo sé, partimos siempre de la idea de que como padres no podemos darles permiso para beber pero que entendemos que en algún momento lo harán así que el deseo como padres es que el alcohol no te haga perder el control y te ponga en peligro. Aunque parece un mensaje contraproducente, no lo es, “no queremos que bebas pero si lo haces y necesitas ayuda, llámanos porque si algo tiene el alcohol es que cuando más necesitas te abandonan y si algo tenemos los padres es que cuando más nos necesitas, lo dejamos todo por ti”.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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