El gran cambio

De niño a adolescente: cómo prepararse como padres en esta transición

Es fundamental hacer un trabajo previo para guiar de la mejor forma posible a vuestro hijo a lo largo de este momento decisivo en su desarrollo que es el cambio de niño a adolescente. Se avecina tormenta de emociones y es imprescindible saber cómo afrontarla.

Adolescentes (Foto: depositphotos)
Adolescentes (Foto: depositphotos)

Cuando hablamos de cubrir etapas como personas, hay un matiz fundamental que diferencia aquellas que afectan a los niños de las que lo hacen a los adultos: en las primeras, el paso de unas a otras también impacta en los progenitores, que deben prepararse para lo que va a vivir en primera persona su hijo. Transición especialmente delicada es la de la niñez a la adolescencia, momento fundamental en el desarrollo del menor, de ahí que sea tan importante la preparación previa como padres para poder guiar lo mejor posible a vuestros hijos a cruzar esa tormenta de emociones

Como ya os imaginaréis, si es que no lo habéis vivido ya, no es un momento sencillo de la paternidad ser el guía del viaje que lleva a un menor a dejar de ser un niño para convertirse en un adulto. De entrada, porque tendréis que lidiar no solo con los sentimientos y las decisiones de vuestro hijo, sino también porque tendréis que hacerlo con las vuestras. Esto hace que sea clave que os anticipéis al punto de partida de la transición. ¿Cómo? Conociendo, en la medida de lo posible, lo que está a punto de llegar a vuestras vidas a través de todo tipo de material firmado por expertos en la materia.

Una muy buena fuente para ello es el libro de Daniel J. Siegel, Tormenta cerebral: El poder y el propósito del cerebro adolescente. Tampoco sobran nunca los testimonios de experiencias cercanas; entendiendo que no hay dos circunstancias iguales, se pueden extraer aprendizajes -herramientas, recursos, referencias, etc.- para el futuro de todas ellas.

De esta forma, entendiendo los cambios cerebrales que se van a producir en la mente de vuestro hijo, será mucho más sencillo -dentro de la dificultad que tiene- que podáis empatizar y conectar con su comportamiento y sus sentimientos a la hora de la verdad. Pero si además habéis asimilado de antemano que, por ejemplo, en la adolescencia los chicos se abren a nuevos referentes más allá de sus padres, como es el caso de los amigos más cercanos, también tendréis una porción de terreno ganado en cuanto a vuestra propia estabilidad, tanto personal como de pareja, algo fundamental para que el trabajo de guía que tenéis ante vosotros sea un éxito. 

La comunicación, lo más importante

Madre e hijo
Madre e hijo (Foto: depositphotos)

Una vez arranque la acción, entendiendo por esta ese momento cerebral en el que el niño entra en la fase de transición de forma irreversible, los conceptos comunicación y cercanía se convierten en lo más importante. Encontrar el equilibrio de ambos factores es un reto complicado, pero dar con la tecla debe ser vuestro objetivo. Y para ello es fundamental mantener siempre, en el sentido figurado pero también en el literal, la puerta abierta. 

Evitar que vuestro hijo se vaya encerrando en sí mismo es algo que se consigue ganando su confianza paso a paso, construyendo una comunicación sólida y fluida, que viaje en ambas direcciones, y en la que siempre se reserve un espacio a sus nuevos referentes -los mencionados grupos de amigos- y, por supuesto, se legitimen sus opiniones, tenga razón o no -es recomendable hacerlo desde la niñez-. De lo contrario, es probable que la comunicación acabe enquistada, y esa es una zona roja a evitar en todo momento.

No agobies

Pero al mismo tiempo hay que saber no cruzar ese límite en el que se pueda sentir intimidado, incluso vulnerado en su intimidad, ya que en esta etapa los menores demandan una mayor autonomía. Esto es necesario para reforzar su individualismo y el desarrollo de su personalidad, pero teniendo claro que vuestro pequeño está todavía muy lejos de estar en capacidad de gestionar por sí mismo el grado de autonomía de un adulto, ni siquiera de un adolescente maduro. 

Huelga decir que nada de esto tendrá sentido si no habéis hecho en vuestra preparación como padres a esa transición un trabajo continuado con vuestro hijo ya desde la niñez. No solo en factores concretos mencionados como la comunicación fluida y bidireccional, sino también con el clima generado en el hogar. Y es que la convivencia amable desarrollada en un espacio de seguridad es la base más sólida para que la evolución del menor siga su curso natural. 

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