Adolescencia

En la adolescencia aflora la falta de educación emocional durante la infancia

¿Por qué ocurre y qué podemos hacer para educar emocionalmente a nuestros hijos antes de la llegada de la adolescencia?

El tiempo pasa volando, un día tienes a un bebé precioso en brazos y cuando te quieres dar cuenta han pasado doce años, está entrando en la adolescencia y tienes la sensación de que no aciertas con nada, un día eres la peor madre del mundo y otro no se despega de tu lado.

Adolescencia y educación emocional
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Lo cierto es que están entrando en un mundo de adultos sin dejar de ser niños y su cerebro no les ayuda demasiado, entre todos los órganos del cuerpo, el cerebro es la estructura más incompleta en el momento de nacer con un tamaño de solo el 40% del que tendrá en la madurez.

Durante el desarrollo cambia todo el cableado interno del cerebro, por eso hay que tener claro que, si el desarrollo del cerebro requiere de tanto tiempo, durante todo ese período debemos considerar de qué manera podemos contribuir a ese desarrollo por medio de la educación.

Frances E. Jensen lo explica en su libro “El cerebro adolescente”, el cerebro madura de atrás hacia adelante por lo que los lóbulos frontales son los menos maduros y los que más necesitamos en esta época porque son los que nos permiten conocer, juzgar, abstraer información y planificar. Son la fuente de la autoconciencia y de la capacidad para evaluar los peligros y el riesgo, tan necesaria para tomar decisiones sensatas. 

Por eso se dice que los lóbulos centrales son el “ejecutivo” del cuerpo humano. Esta inmadurez explica en parte la conducta desconcertante de los adolescentes, sus cambios de humor, su irritabilidad, su impulsividad o su carácter explosivo. Los adultos no es que seamos más civilizados, sino que nuestro prefrontal está más maduro y por eso a veces nos tocará decidir por ellos porque el suyo no está formado ni en total funcionamiento.

Esta sencilla información nos permite comprender algunas conductas de la adolescencia, pero comprender no es lo mismo que justificar, porque precisamente la educación emocional nos permite favorecer que el cerebro madure de forma saludable llegando a la adolescencia con una mochila repleta de recursos emocionales, compensando de alguna manera esa inmadurez natural.

Por eso conviene diferenciar qué conductas son claramente propias de un momento de desarrollo que simplemente mejorarán con el tiempo y qué conductas son reflejo de una falta de competencia emocional. Si un adolescente no sabe regularse emocionalmente porque de niño nadie le ha enseñado a ser consciente de sus emociones ni tampoco cuenta con habilidades para gestionarse, no podemos señalar al cerebro o desentendernos con frases como “están en la edad del pavo, ya se le pasará la tontería” porque no podemos dejar pasar más tiempo sin darle la oportunidad a ese cerebro de madurar.

¿Qué necesita entender un niño antes de entrar en la adolescencia?

Educación emocional antes de la adolescencia
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  1. Que sus emociones tienen nombre y que identificarlas y reconocerlas es conveniente para poderlas gestionar.
  2. Que sentir emociones es legítimo y saludable y expresarlas sin hacer daño con su salida, permite tener relaciones más positivas. Sentir enfado puede tener una explicación razonable, quizás ha podido vivir algo injusto, pero también hay que utilizar la parte racional del cerebro para convertir el enfado en palabras que otros entiendan. “No me ha agradado el comentario que me has hecho, aunque haya sido según tú de broma…”
  3. Que las emociones de los demás son tan importantes como las propias y hay que tenerlas en cuenta para tomar decisiones.
  4. Que, aunque expresar algunas emociones no siempre es aceptado por la sociedad, como llorar por ejemplo, es saludable y por lo tanto conveniente; en estos casos tiene que importar más lo que es bueno para uno que lo que otros juzgan como malo.
  5. Que cuando alguien está triste intentar animarlo no siempre es respetarlo, porque tan necesario es sonreír cuando tienes un motivo para festejar, que llorar cuando tienes un duelo que atravesar, estar presente es más importante que ayudar a olvidar.

He puesto cinco ejemplos sencillos de prácticas educativas que se pueden llevar a cabo desde la infancia y que no siempre se contemplan en la crianza, por eso en la adolescencia aflora la falta de educación emocional durante estos primeros años.

Estos cinco ejemplos tienen que ver con enseñar la conciencia emocional para identificar emociones, la regulación emocional para expresar con asertividad, la escucha activa para validar las emociones de los demás, la autoestima para promover el autocuidado y por último el respeto hacia los procesos de aprendizaje de cada uno, que favorecen las competencias de vida y bienestar emocional.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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