Mi hijo adolescente

¿Está enganchado a internet?

Chatea, ve películas, juega en red, baja canciones... ¿Por qué está tan enganchado a internet?

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internet

En España, como en el resto del mundo, la Red de redes ha atrapado a chicos y grandes. Para los más jóvenes, ávidos de nuevas tecnologías, se ha convertido en un instrumento tan habitual como la tele o el microondas. Algunos padres se llevan las manos a la cabeza: ¿no será malo pasar tanto tiempo frente a la pantalla?

¿Qué les interesa?

«Yo, cuando navego, me bajo discos enteros sin pagar, chateo con mis amigos del pueblo y tengo una colección superguay de La Guerra de las Galaxias –comenta entusiasmado Jorge, de 11 años–. Busco información sobre motos y alpinismo, bajo fotos de Messi, intercambio canciones con mis amigos, jugamos juntos con videojuegos en red... Es alucinante».

Y la historia no queda aquí. Un internauta tiene a su alcance la Biblioteca Universal, toda la información acerca de todo: los mejores atlas, documentación para trabajos escolares..., una fuente inagotable de saber que no ocupa lugar en el salón. Y, para acceder a cualquier cosa, no queda más remedio que aprender inglés.

Claro que no todos los padres se muestran satisfechos con el uso que sus hijos hacen de estos interesantes recursos. En un momento de curiosidad e intensa excitación sexual como es la pubertad, es normal encontrar al peque (ya no tan peque, por cierto) bajándose fotos de su actriz favorita en paños menores o acudiendo a hurtadillas a las páginas más XXX.

Antes de montar una escena y avergonzar a nuestro hijo, comprendamos su interés. A esta edad, la información sexual suele ser incompleta y es inevitable que busquen sus propias referencias, aunque no sean las más apropiadas.

Hay quien, como prevención, acaba poniendo contraseña a la conexión o, incluso, instalando alguno de los múltiples filtros que impiden el acceso a través de palabras relacionadas con el sexo. Pero, ojo, incluso para un navegante poco avezado, esos límites son fáciles de burlar, y anulan de paso búsquedas más educativas. Resulta más efectivo crear un marco de confianza familiar que le permita hacer preguntas y recibir las respuestas sin sentirse culpable, grosero o sucio. Hablar sobre sexo no debería ser motivo de tensión y, si lo fuera, no resultaría extraño que intentaran solucionar sus dudas por medios algo menos ortodoxos.

Otro motivo de conflicto suele ser el tiempo que dedican a internet en general y a los videojuegos en particular. No nos engañemos: muchos adolescentes se pasan la vida matando bichos en la Red. Los juegos les aportan confianza, les enseñan a resolver situaciones complejas y contribuyen a estrechar los lazos de amistad con otros participantes; pero el exceso puede convertirse en un problema cuando sustituye a cualquier otro tipo de entretenimiento.

Si se enganchan, es porque algo falla

Antes de poner candado al ratón, es buena idea proponer alternativas interesantes (salir al parque a jugar un partido de fútbol, organizar una merienda con sus colegas, ir juntos a ver una película y dar un paseo...). Los chicos y las chicas que se aferran encarnizadamente a su ordenador esconden un miedo exacerbado a la realidad. Si los síntomas incluyen poca sociabilidad, falta de amigos y talante huidizo o ausencia total de intereses fuera de su propia habitación, está saltando la alarma.

«A veces, su adicción es una manera de evitar enfrentarse a sus propias preocupaciones –apunta el psicoanalista Guillermo Kozameh–. Una forma de solucionarlo puede ser establecer un límite de horarios, pero sin descuidar aquello que provoca su huida compulsiva de la realidad. Los chicos deben saber que lo único capaz de resolver lo que les inquieta no es darle esquinazo, sino ponerle remedio. Y, cómo no, hay que escucharles, comprenderles y predicar con el ejemplo».

 

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