Fracaso escolar

¿Son los adolescentes culpables de suspender?

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Ya son muchas las conversaciones de cafés donde sale la preocupación de los padres y la sociedad por el alto fracaso escolar. Son muchas las suposiciones utilizadas para entender qué está pasando; entender el sabor que nos deja saber que nuestro hijo está suspendiendo.

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¿Son los adolescentes culpables de suspender?

Tendemos a sentir más seguridad con el aprobado, todo va bien. Los hijos, lo saben. Como todos fijamos nuestra atención en aquello que vemos: el nuevo peinado de nuestro hijo, la poca luz que entra en su habitación, el amigo vacilante, el profesor retrogrado, la institución o el sistema educativo conductual.  Y no es extraño. Vivimos en cambio constante y divergente, con más igualdad, más información y, por tanto, más opciones y oportunidades. Este cambio asimismo, es más rápido que nuestra adaptación y nos topamos con el individualismo. Reconocemos poca tolerancia al malestar por nuestra mimada satisfacción del inmediato.

Más trabajo, menos horas para la familia, difíciles de compaginar, estructuras mono parentales, nuevas maneras de comunicarse, más control, un sistema educativo sin modernizar, pocos recursos, menos autoridad, un aumento de adolescencia prematura y mayor fracaso escolar. Un motivo no explica la suma de muchos de ellos. Así que lo ideal es siempre proponer y no dejar rienda suelda a la imposiciones.

Todos hemos sido jóvenes, lo sabemos. ¿Lo saben ellos? Somos el reflejo de lo que vemos. ¿Qué ofrecemos a nuestros hijos? El miedo de lo que podría pasarles puede ser el responsable de sus comportamientos. Las respuestas son aquellas que esperamos, con miedo o con ilusión. Planteémonos que no somos la causa del efecto sino el efecto de la causa.
Puede llegar el momento de mirar hacia dentro. ¿Qué hay detrás del suspenso de nuestro hijo? ¿Por qué un sentimiento de culpa esconde nuestra posible desatención? ¿Cómo hemos perdido el control? ¿Dónde queda nuestro miedo al fracaso social? ¿Quién será quien busque a los responsables? ¿O cuándo recordaste que cuanto más te obsesionas con el objetivo, más te alejas de él?

Sin desvalorizar la despreocupación del rendimiento escolar tendemos a centrar todas las miradas en el rendimiento global. El adolescente vive como todos lo hicimos. Quizá cada adolescente necesita sólo lo que él necesita. Quizá sepa también que es importante estudiar pero no entienda los motivos. Quizá pocos le han dicho que podía hacerlo aunque fuera más feo o tuviera menos fragancia. Quizá se ha saltado la clase que le gusta por aparentar ser despreocupado. Tampoco hay respuestas iguales entre adultos ni quizá, coherencia.

A veces, un suspenso, es una llamada de atención; de atención de cariño. A veces, un aprobado, es un regalo; un regalo de agradecimiento.

Meritxell Martínez, educadora social especialista en desarrollo juvenil. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas. Master en Educación. Cursando Psicología. Experiencia en comunidades terapéuticas, trastornos de conducta y patologías duales. Formación en técnicas de contención.


Etiquetas: acoso escolar, adolescencia, adolescentes, estudiar

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