Salud mental

Infancia y adolescencia: las etapas en las que aparecen la mayoría de las enfermedades mentales

Ya son muchos los pediatras y psicólogos que tienen que hacer frente al grave problema que tienen nuestros niños y jóvenes. Las consultas más frecuentes a estos especialistas son los trastornos de comportamiento, como el déficit de atención e hiperactividad, el trastorno negativista desafiante y el trastorno disocial.

Es bien sabido que la adolescencia es una etapa complicada dónde emergen las inseguridades y muchos de los conflictos que les acompañarán a lo largo de su vida adulta. Estos “baches” pueden ser pasajeros, no obstante, el contexto pandémico en el que nos encontramos es propenso a patologizar este tipo de comportamientos inusuales convirtiéndolos en patológicos. En el contexto médico, cada vez son más las demandas que se obtienen a pediatraspsicólogos de parte de los padres. De hecho, la  urgencia de estas consultas es mayor cuando se trata de  infancia y adolescencia, ya que su prevalencia y las consecuencias que puede generar a largo plazo en los individuos son graves si no se prestan atención de forma temprana.

1 de cada 7 menores tiene un problema de salud mental diagnosticado

Así, los trastornos psiquiátricos se caracterizan por tener una elevada incidencia en la infancia y la adolescencia, de tal modo se calcula que afectan al 10-20% de este grupo de edad. Un reciente estudio de UNICEF sobre la salud mental revela que 1 de cada 7 menores tiene un problema de salud mental diagnosticado. Además, los expertos estiman que entre el 50% y el 70% de las enfermedades psiquiátricas del adulto comienzan en la infancia o en la adolescencia.

Es importante tener en cuenta algunos signos, que desde Top Doctors identifican como alarmantes. Éstos, por ejemplo pueden ser la irritabilidad, hostilidad, apatía, baja autoestima, pérdida de interés por cosas que antes sí resultaban divertidas, el mutismo o  silencio o los malos resultados académicos o desinterés laboral. Estos comportamientos pueden ayudar a las familias a relacionar y comprender que algo no está funcionando con normalidad. Por ello, este resumen con las señales más frecuentes que pueden hacer sospechar de un posible  trastorno mental es muy útil para poder prever posibles daños irreparables en los jóvenes.  

Síntomas destacados

Es importante tener en cuenta algunos signos que, desde Top Doctors, identifican como alarmantes. Éstos, por ejemplo pueden ser:

  • Irritabilidad
  • Hostilidad
  • Apatía
  • Baja autoestima
  • Pérdida de interés por cosas que antes sí resultaban divertidas
  • Mutismo
  • Silencio
  • Malos resultados académicos o desinterés laboral.

Estos comportamientos pueden ayudar a las familias a relacionar y comprender que algo no está funcionando con normalidad. Por ello, este resumen con las señales más frecuentes que pueden hacer sospechar de un posible trastorno mental es muy útil para poder prever posibles daños irreparables en los jóvenes.  

Trastornos comunes

Para ayudar a los pediatras en la identificación de posibles problemas relacionados con la salud mental, la marca Blemil ha creado la guía “Trastornos psiquiátricos de los niños y adolescentes en la consulta de Pediatría”, un manual que pretende ayudar a hacer una mejor detección de problemas de salud mental en la infancia y la adolescencia. Según esa guía, las enfermedades mentales más frecuentes en estas dos etapas son:

  • Trastornos del espectro autista (TEA): Los trastornos del espectro autista se conocen por tener un comienzo temprano. Algunos de los signos de alerta se pueden empezar a manifestar durante los primeros 12 meses de vida del niño como no balbucear, la incapacidad de sonreír como respuesta a la sonrisa de otros o no reaccionar cuando se les habla. Es ya a los 24 meses se pueden detectar otros indicios como la ausencia de juego imaginativo y no poder hacer frases de 2 palabras de forma espontánea. 
  • Trastornos del aprendizaje: Los trastornos del aprendizaje abarcan tres tipos de dificultades en la lectura (dislexia), escritura (disgrafía) y/o el cálculo (discalculia). Son motivo frecuente de fracaso escolar y afectan, en términos generales al 5-6% de los alumnos, lo que puede influir en su frustación y autoestima.Los síntomas que pueden mostrar una posible dislexia son las dificultades para entender las letras, leer de forma segura, deletrear o comprender el significado del texto. La disgrafía, por otra parte, se caracteriza por una escritura lenta y costosa además de algunas limitaciones para expresar pensamientos a través de la redacción. En el caso de la discalculia algunos indicios que nos pueden hacer sospechar son los problemas para contar, leer y escribir números. 
  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad: El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los motivos más frecuentes de consulta en pediatría y se manifiesta en los primeros años de vida cuando el niño acude a la guardería o comienza la escuela. El cuadro clínico se caracteriza por inquietud, dificultades de atención, impulsividad, problemas de aprendizaje escolar y trastornos de la conducta. 
  • Trastornos de la conducta alimentaria: Los trastornos de la alimentación son más frecuentes en la adolescencia, pero cada vez más aumentan los casos en la infancia. Estos trastornos tienen serias consecuencias médicas y psicológicas en las personas, y se caracterizan por restricciones en la dieta, vómitos o atracones. Los síntomas fundamentales son la pérdida de peso por rechazo del alimento, el miedo a engordar y a ganar peso y la distorsión de la imagen corporal.
  • Depresión: durante mucho tiempo se negó que los niños sufrieran depresión, pero los estudios de investigación y la realidad clínica demuestran lo contrario. Las tasas actuales de  depresión en la infancia se sitúan sobre el 1-2% y entre el 3% y el 11% en los adolescentes3. La tristeza es el síntoma predominante, que puede ir acompañado de irritabilidad, incapacidad para disfrutar, ansiedad, apatía y sensación de aburrimiento. De hecho, no se trata exclusivamente de variaciones de humor. Hay que valorar que estos síntomas sean persistentes, la intensidad del sufrimiento y si limitan su vida diaria.

En el caso de detectar que el menor presente alguna de las señales descritas es aconsejable consultar con el pediatra para disponer de una opinión profesional. 

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