Educación del niño

¿Le quito el móvil por sacar malas notas? No, pero sí se lo limito siempre

Es común que muchos padres, cuando el niño/a llega a cierta edad, se hagan la misma pregunta. ¿Qué debemos hacer realmente?

Voy a poner un ejemplo hipotético para responder a la pregunta ¿le quito el móvil por sacar malas notas? 

Le quito el móvil por sacar malas notas
Foto: Istock

Imagina que trabajas en una empresa, hoy has tenido un mal día, te has levantado más cansada de lo normal, has dormido mal o bien porque no te ha dejado dormir alguno de tus hijos o bien porque tienes alguna preocupación que no te ha dejado conciliar el sueño. Madrugar ha sido una odisea pero arrear con la familia y dejar a cada uno en su destino, eso sí que ha sido complicado.

Después de una jornada dura de trabajo te llama el coordinador y no es para felicitarte precisamente por los 20 años que llevas en la empresa dando mucho de ti, sino porque hoy “no has estado muy fina" y hay que reconocerlo, hoy tus resultados son algo peor que los de ayer. 

En ese momento te dicen que la empresa tiene una política nueva y que te confiscan el móvil hasta mañana porque te han visto hablar con él en la hora de trabajo. Algo que sí es cierto pero porque era un asunto importante para ti y de normal no lo haces pero no te han querido escuchar. ¿Cómo te has sentido? No me lo cuentes, me lo imagino.

En este caso hipotético es posible que te salgan frases como “eso no es justo, no puedes quitarme algo que es de mi propiedad y menos en mi tiempo libre”, “tengo unos motivos que me han hecho estar más distraída pero de normal cumplo con mi trabajo” o “si me sentía parte de esta empresa, ahora siento que no os importo”. Sigamos imaginando un poco más, si fuéramos amigas y te veo a la salida, ante la pregunta ¿cómo te sientes? seguramente me dirías... “triste, enojada, decepcionada, frustrada, desanimada, confusa, indignada y desmotivada, no me lo esperaba” (esto si tuvieras un vocabulario emocional rico, sino sería un simple “mal”).

Este ejemplo al ser tan ilustrativo como absurdo, nos permite entender mejor cómo se sienten los adolescentes cuando aplicamos castigos que nada tienen que ver con la conducta a mejorar, algunos de ellos son: 

  1. ¡Te quedarás sin móvil si suspendes alguna asignatura!
  2. ¡Por cada palabra mal sonante que digas, tienes que meter un euro en esta hucha y al final de mes iremos a cenar tu padre y yo con lo que haya!
  3. Por cada media hora que llegues tarde, tendrás que recuperar al día siguiente una hora saliendo más tarde de casa.
  4. Si tu habitación no está ordenada, no irás al cumpleaños de tus primos.
  5. Por el mal comportamiento que has tenido este curso en clase según tu profesora, te quedas sin la bicicleta que pensaba regalarte.

Estoy segura que más de uno habrá pensado, “pues la idea de la hucha no me parece tan descabellada” o “lo de recuperar el tiempo por haber llegado tarde le veo sentido”. Y sí, todos los ejemplos que he puesto tienden a confundir porque tienen una parte  lógica y no parecen tan dañinos, pero lo cierto es que nos alejan del objetivo real, si quiero que mi hijo mejore su actitud en clase, ¿sin bicicleta lo voy a motivar? o si quiero que apruebe las asignaturas ¿por quitarle el móvil va a estudiar más?

Se trata de aprender con la corrección que le pones y por eso es importante que ofrezca la oportunidad de entrenar la capacidad que falta, que permita reparar el daño generado y que sobre todo no genere ni miedo, vergüenza y mucho menos culpa, porque así es imposible sentirse motivado para mejorar o querer conseguir un reto de desarrollo personal.

¿Es útil quitarle el móvil a nuestro hijo adolescente?
Foto: Istock

La alternativa a los castigos no son las consecuencias sino los límites, esto quiere decir que nos tenemos que asegurar que el niño tiene la capacidad de cumplir con lo que se pide y que mientras no sea así, nuestros límites le ayudarán a lograrlo, os pongo unos ejemplos. Piensa en tu hijo y responde a estas preguntas:

  • ¿Sabe planificar su estudio y usa la agenda escolar para organizar sus tareas?
  • ¿Tiene un hábito de orden que le permite tener una habitación espaciosa con un orden suficiente que le facilita el momento de estudio?
  • ¿Tiene una hora de llegada a casa con una consigna clara de qué hacer si se retrasa?

Estas preguntas nos invitan a reflexionar sobre que muchas veces, las normas no están claramente establecidas y simplemente nos limitamos a poner consecuencias cuando se incumple un horario o no se obtienen los resultados académicos esperados, pero conviene preguntarse, ¿le hemos enseñado a organizar su estudio? ¿o damos por hecho que lo tiene que saber por estar en secundaria?, ¿le hemos enseñado a ser responsable con el horario? ¿o simplemente cuando no cumple al día siguiente no sale?, algo que no sirve de mucho porque de lo que se trata es que practique el dominio propio cuando tiene que renunciar al deseo de estar con sus amigos de noche y ganar la batalla a su cerebro “Don placer inmediato”.

De forma sencilla os doy la fórmula que mejor funciona para educar sin castigos: mejor ejemplo de las figuras de referencia, más comunicación asertiva y menos agresiva, más tiempo en familia y menos a solas, más actividades en la naturaleza y menos pantallas, más tiempo en la calle jugando y menos tiempo haciendo tareas. Y para lograr todo esto, más presencia adulta, límites más firmes y amor sin límites. 

En este vídeo os cuento la diferencia entre castigo y consecuencia.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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