Padres e hijos

Mi hijo adolescente tiene ¡pánico a los exámenes!

Las homonas, los colegas y... ¡los exámenes! Los adolescentes pierden los nervios, se portan mal y se acuestan
 tarde por repasar. ¿Cómo ayudarles?

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Clara tiene 15 años y siempre saca buenas notas. Sin embargo, cada vez que en el cole le ponen un control, toda la familia está pendiente de su estado de ánimo: llantos, portazos, malas contestaciones... "Le cambia el carácter y no hay forma de que se tranquilice", asegura su madre.

Peor es lo que le acaba de pasar a Emma (una compañera de Clara, inteligente y de meritorio expediente también): se desmayó antes de un examen y sus padres tuvieron que hablar con el profe para que le repitiera la prueba. "En casa nunca le hemos exigido buenos resultados, ni nos enfadaríamos si trajera suspensos", aseguran sus papás, que no comprenden por qué se agobia tanto.

En realidad este tipo de situaciones resulta muy habitual: algunos niños se ponen tan nerviosos con los exámenes que la tensión puede con ellos. Quizá parece más raro cuando les ocurre  a chicos que, precisamente, obtienen resultados brillantes. Sin embargo –paradojas de la vida–, las estadísticas demuestran que este tipo de miedo se da más entre los buenos estudiantes que entre los malos.

Pero, en realidad, la cosa tiene su lógica: los alumnos modélicos necesitan mantener el nivel y esto les hace sentirse presionados. Además, desde la Educación Secundaria se está otorgando mucho valor (¿tal vez demasiado?) a la media académica y al currículo. Algunos chicos incluso creen que cada nota influye tanto en el expediente que un solo control podría cerrarles la puerta de la carrera de sus sueños.

Un enorme miedo 
ante el fracaso

Tras el miedo al examen suelen esconderse dos problemas: la baja autoestima y los pensamientos irracionales que, en ocasiones, pueblan la mente de algunos escolares.
Entre estos últimos se atrinchera el temor al fracaso. Los chicos y chicas que más se inquietan son los que atribuyen a las notas un valor exagerado: las consideran un baremo de su inteligencia o, peor aún, de toda su persona.

En el fondo, a muchos de esos alumnos les mueve el siguiente planteamiento: "Si suspendo, habré fallado como persona y defraudaré a los que me quieren".

Con semejante idea en la sesera, ¿quién es el guapo que no se pone, al menos, un pelín nervioso? No resulta nada raro que el examen se convierta, para ellos, en una especie de juicio final. Tanta presión genera, a veces, el temor a "quedarse en blanco" y, a la larga, puede causar fracaso escolar o, incluso, iniciar una depresión.

Por eso conviene dejarles claro que...

  • ... la nota de un examen constituye sólo una valoración de los conocimientos de un día, a una hora concreta. Además, hay que explicarles que en las calificaciones influyen el nivel del resto de los alumnos y el estado de ánimo que tenga el profesor al corregir. Por supuesto, tienen que comprender que sus cualidades personales seguirán ahí, tanto si aprueban como si no, y que nuestro cariño se mantendrá, fijo como un peñón, pase lo que pase.

  • ... su verdadero problema es el miedo y no el examen en sí. De esta forma, acabarán por adoptar una actitud más madura. Al afrontarlo resolverán un aspecto importante de su personalidad, y les servirá para bandear otras situaciones similares futuras.

  • ... hay que prepararse físicamente para los controles: quedarse repasando hasta las tantas resulta contraproducente y desayunar bien es fundamental. Así aumenta la posibilidad de lograr buenos resultados.

  • ... empollar la tarde de antes no sirve. Para llegar tranquilos al examen tienen que estudiar todos los días.

  • ... no hay que sacar conclusiones desproporcionadas de la nota ni relacionarla con su inteligencia: muchos genios han sido malos estudiantes en su infancia.

  • ... ante un fracaso hay que analizar con el niño las causas que pueden haber influido: las personales (horas de estudio, atención, sueño...) y las externas (el nivel de la clase, la relación con el profesor...).

  • ... casi nunca es buena idea dejar de acudir a un examen: ¡siempre existe la posibilidad de que el profe decida otorgar aprobado general a los que se presenten!

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