Adolescentes

Mi hijo solo lee comics

No es cierto que los comics o tebeos provoquen un rechazo en los niños hacia el resto de las historias impresas. ¿O sí?

tebeos

La habitación de Roberto es un búnquer de cómics. Duerme, estudia y remolonea rodeado de novelas gráficas de Marvel y otras compañías, X-Men, Batman, Walking Dead, Los Simpson, Tintin, Iron Man...  «No es que lea muchos tebeos –dice su madre– es que los devora. Y no hay manera de que agarre un libro. Le hemos regalado un montón, los empieza y ahí se quedan en el salón, muertos de risa».

¿Por qué enganchan tanto los tebeos?

Los forofos de las historietas con bocadillos, sea cual sea su edad, saben muy bien por qué les gustan tanto. Almudena, 11 años: «Los cómics son divertidos, se leen con facilidad, te mondas de risa sólo con los dibujos». Jorge, 13 años: «Son breves. No te dejan colgado como las novelas, que tienes que sufrir y sufrir hasta que llegas al final y te enteras de qué va la cosa». Alicia, 15 años: «cuando acabo los exámenes, me encierro en mi habitación con un porrón de cómics; es una gozada, me olvido de todo, hasta de quedar con mi chico». Antonio, 41 años: «Yo crecí sin televisión y leía tebeos por un tubo: El Jabato, El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, Mary periodista, el TBO... Y eso no me quitó de leer otro tipo de cosas más sesudas. Ahora, los intercambio con mis hijos (para despecho de su madre, que nunca entiende qué demonios nos hace reír a carcajadas)».

En el 2017 los tebeos cumplirán cientoveinte años y la década de los 40 fue su época fastuosa. Por aquellos tiempos, sin televisión ni videojuegos, se convirtieron en el pasaporte a la aventura de la mayoría de los niños españoles. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Los niños de ahora tienen muchas más posibilidades de ocio; pero los tebeos siguen estando al pie del cañón. Su finalidad es la misma: entretener, vivir aventuras y hacer reír, que no es poco. Claro que no todos son inocuos, es cierto, y ahí entran los padres. Los tebeos sexistas, violentos, xenófobos..., mejor, fuera de su alcance. Ojo también a los cómics destinados a adultos, muchos de ellos son pornografía pura y dura, aunque sólo se trate de dibujos.

No es cierto que los cómics provoquen un rechazo desmesurado hacia el resto de las historias impresas. Muchos padres de hoy también se atracaron a tebeos en sus tiempos de niño, y eso no hizo fenecer para siempre su interés por otro tipo de lecturas. Es posible, sí, que los chavales pasen temporadas, a veces muy largas, en las que no les interese nada más. Pero eso ocurre también en otros ámbitos bien distintos. De repente les chifla patinar y, a los dos meses, abandonan los patines al fondo del maletero, porque descubren que lo suyo es hacer largos en la piscina cubierta de al lado de casa. Bueno, libros-tebeos y patines-natación algo tienen en común, ¿o no? El primer bloque, lectura; el segundo, deporte. Lo esencial es que lean; lo importante es que practiquen deporte, ¿no hablamos de lo mismo? Si se mueren por los cómics, dejémosles disfrutar a sus anchas. No les agobiemos con la matraca de siempre: «¿Es que no sabes leer otra cosa?»; «Pero si son todos iguales!, ¿qué les ves?...». Los amores contrariados son los que más éxito tienen (al menos, de momento), no lo olvidemos.

Eso no quita, sin embargo, para que en un momento dado nos descolguemos con un regalito de quitar el hipo. Los libros interesantes no caen del cielo: hay que ir a buscarlos, ver las novedades, echarles un vistazo, leer un par de páginas, comparar...y, si merece la pena, comprar.

Sus gustos mandan, no los nuestros

Todos los padres conocen las aficiones de su hijos (si les gusta ir de acampada o pasarse la tarde jugando con la consola; si lo suyo es la botánica o el mundo de los elefantes); y por ahí van las pistas. Es decir, una cosa son sus gustos, y otra bien diferente, los nuestros (y no tienen por qué coincidir).

A veces funciona lo de ir de avanzadilla: pasarle libros que ya hemos leído (acomodando el listón a sus preferencias), con comentario incluido: «Va de momias, de fantasmas, seguro que te gusta» o «Bueno, yo adiviné quién era el asesino en el último capítulo, seguro que tú tardas menos». Y si no pican, no pasa nada; otra vez será. Es cuestión de seguir sugiriendo, que no es lo mismo que dar el peñazo a todas horas.

El amor incondicional por los cómics puede o no ser pasajero, pero si tienen a mano libros interesantes, bien ilustrados, que cuenten historias divertidas, no tardarán en volcarse en ellos. Tener sentido del humor y reírse a carcajada limpia con un cómic es una actividad muy sana. ¡Qué más da los años que se tengan! Pues eso, ¡vivan los tebeos!

Etiquetas: adolescentes, libros para adolescentes

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