Que tu hijo adolescente no quiera hablar contigo no siempre es malo

¿Por qué, en ocasiones, nuestros hijos cuando llegan a la adolescencia no quieren hablar con nosotros? ¿Hay algo que podamos hacer?

Entiendo que puede resultar un poco frustrante que tu hijo o hija entrando en la adolescencia deje de hablar contigo o se limite a responder a tus preguntas diarias con monosílabos o frases cortas. “¿Qué tal en el colegio? Bien, ¿tienes que estudiar? No, ¿qué tal el examen? Mal”. Es normal que sintamos preocupación ante conversaciones tan limitadas pero lo importante es que aunque no hablen tanto, comunican todo el tiempo y podemos aprender a observar su lenguaje corporal, sus gestos, cómo se comportan en casa, cuánto tiempo pasa en la habitación con la puerta cerrada o si come con ansiedad, entre otras conductas.

El triángulo de la adolescencia lo explica todo

Cuando nuestro hijo adolescente no quiere hablar
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Sigo citando a David Bueno porque, ciertamente, educar no es una cuestión de paciencia sino de ciencia, si intentas tener paciencia con tu hijo sin conocer qué comportamientos son evolutivos y por lo tanto normales, cuáles tienen que ver con su momento de desarrollo o las diferencias cerebrales que existen entre la infancia y la adolescencia… es muy probable que la paciencia mengüe hasta el punto de desaparecer.

Sin embargo, la ciencia aumenta tu capacidad de comprender, empatizar y te aporta la vitalidad que necesitas para afrontar los cambios.

Las tres estructuras básicas que constituyen los puntos cardinales de la adolescencia según su libro “El cerebro del adolescente” son la corteza prefrontal, la amígdala y el estriado que nos permiten entender mejor esta etapa. La amígdala pertenece al sistema límbico y su función es generar respuestas emocionales (patrones de respuesta impulsivas y preconscientes).

El estriado constituye el sistema de recompensa del cerebro, cuando se activa proporciona sensaciones de bienestar y placer como satisfacer instintos básicos relacionados con la supervivencia como comer, pero también encajar en un grupo social y aprender algo de interés que genere motivación. Y la corteza prefrontal, que la echaremos en falta en muchas ocasiones porque es la sede de las funciones ejecutivas, que incluyen las capacidades cognitivas, la memoria de trabajo, poder planificar y reflexionar y la gestión emocional, que permite el control de impulsos.

Ayudando a nuestro hijo adolescente a hablar más con nosotros
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Estas tres áreas cerebrales que he citado maduran progresivamente durante la adolescencia. Eso explica que muchos comportamientos propios de la adolescencia tienen que ver con su momento de desarrollo, si entendemos que en esta etapa lo que tenemos es una hipersensibilidad e hiperreactividad emocional (amígdala), búsqueda de nuevas sensaciones recompensantes (estriado) y una baja capacidad de control ejecutivo de los impulsos (corteza prefrontal), el resultado no es un adolescente que se porta mal sino un adolescente que no se puede portar mejor, de momento.

¿Cómo ayudar al cerebro adolescente para que hable más conmigo?

Entendiendo que su amígdala se activa con facilidad, tenemos que procurar no generar demasiado estrés con nuestras intervenciones ni que nos perciban como una amenaza de la que se tienen que defender.

El estrés es muy dañino para el cerebro, provoca desmotivación, desatención, desasosiego y reduce la eficiencia del funcionamiento de la corteza prefrontal. Por lo tanto, nuestra forma de relacionarnos con ellos tiene que ofrecer el apoyo emocional que les ayude a bajar el estrés que ya traen de la escuela o instituto y sentir que estar con nosotros es como estar en un oasis, ¿te lo imaginas? aportar tanta paz que deseen estar con nosotros:

  • Si come en casa, dale una buena bienvenida, acompaña el momento de la comida hablando de cosas triviales que no se centran en su persona. Ahora mismo tiene más hambre que ganas de contarte qué tal le ha ido el día, es mejor hablar de cualquier noticia que hayas oído en la radio y que te permita generar un clima agradable que atosigarlo a preguntas tipo interrogatorio, sólo de pensarlo me estreso yo.
  • No le preguntes por sus amistades directamente porque el sentimiento de lealtad es tan grande que hablar de ellos lo puede vivir como una traición. Si quieres saber algo de alguien, puedes empezar con una frase que abra la conversación como, por ejemplo, “el otro día le vi a este amigo tuyo, cómo ha crecido…” si percibe que tu pregunta no le compromete demasiado, quizás te cuente algo más.
  • En la adolescencia la socialización es muy importante, sentirse aislado es uno de los factores más estresantes que pueden vivir por eso tenemos que estar muy atentos a su forma de socializarse. A los que salen mucho habrá que ponerles horario y estar pendientes de que se cumpla y a los que no quieren salir, habrá que animarlos sin presionarlos, ¡qué difícil es encontrar el punto de equilibrio, pero hay que intentarlo!

En la adolescencia los hijos nos necesitan, pero de otra manera. Quizás ya no hablan tanto con nosotros, pero saben que estamos y eso a veces es más que suficiente. Nosotros tenemos que seguir presentes, cuidando a través de los límites bien entendidos y llegando a acuerdos donde todos estemos bien, “yo estoy tranquila si tú estás en la calle hasta tal hora y tú estás conforme pudiendo salir con tus amistades, aunque sea con hora de vuelta a casa”.

Si tu hijo ya no habla contigo, no es negativo y como sigue comunicándose con el cuerpo y su comportamiento todavía tenemos acceso a mucha información. Lo importante es estar presentes, darles apoyo emocional, poner normas y ayudar a cumplirlas, poner límites que protegen y cuidan y sobre todo, no aumentar el nivel de estrés que ya viven con la forma de abordar los conflictos de convivencia. En esta entrevista que le hice a David Bueno cuando lo invitamos a un congreso que organizamos, nos habla del estrés, espero que te aporte algo de valor.

Leticia Garcés

Leticia Garcés

Pedagoga. En 2010 fundó Padres Formados, desde donde imparte cursos de  formación a familias y profesionales en temas relacionados con la Educación Emocional y la Parentalidad Positiva tanto presencial como online, a nivel nacional e internacional (Colombia y México).

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