Redes sociales y presión social

Redes sociales: ¿fomentan los trastornos alimentarios?

Con motivo del Día Internacional de la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), que se conmemora el 30 de noviembre, ponemos sobre la mesa un tema muy candente hoy en día. ¿Influyen las redes sociales en el aumento de casos de bulimia y anorexia entre los más jóvenes?

Las redes sociales sirven como punto de encuentro de personas. Personas que tienen intereses comunes y que crean comunidades para compartir información y motivarse. Pero, ¿qué ocurre cuando los trastornos alimentarios también son ese interés en común para muchas de ellas?

Aunque parezca inimaginable, a pesar de que a través de esas comunidades se reciban conductas poco saludables, la mayoría de personas que participan en ellas las acaban valorando. ¿Por qué? Porque les ayudan en su objetivo.

Los miembros de estos grupos felicitan a otros cuando alcanzan ciertos logros, pero también critican a los que no lo consiguen, y esto, lógicamente “no ayuda a la recuperación de las personas que sufren estos trastornos, sino más bien todo lo contrario”, explica Silvia Martínez Martínez, profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC.

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son enfermedades caracterizadas por un comportamiento patológico sobre la ingesta alimentaria y una obsesión por el control del peso. Provocan consecuencias negativas tanto en salud física como en la mental para la persona que las padece y pueden tener su origen en muchos factores: biológicos, socioculturales, familiares o psicológicos.

Las más comunes son la anorexia nerviosa y la bulimia, aunque también hay otras como la ortorexia y la vigorexia. En nuestro país unas 400.000 personas sufren estos trastornos. Y lo peor, cada vez aparecen en edades más tempranas.

La presión de las redes sociales

Si consideramos que estas enfermedades están aumentando entre la población más joven y vulnerable, habría que tener en cuenta un punto importante: ¿hasta qué punto las redes sociales son culpables de ese incremento?

Actualmente, existen unas dos millones y medio de publicaciones en Internet relacionadas con la anorexia, y casi cuatro millones detrás de los hashtags #ana (anorexia) y #mia (bulimia). Estas se encargan de incitar, animar y dar consejos y trucos sobre cómo comer menos y ocultarlo. Esto quiere decir que al menos, de esta forma, las redes no ayudan a disminuir su aumento y mucho menos, a solventarlos.

Y es que, aunque en los trastornos alimentarios pueden influir varios factores tanto en la iniciación como en la continuidad, las redes sociales son importantes referentes porque “el hecho de encarnar ciertos cánones de belleza puede traducirse en un factor de éxito (medido en términos de seguidores y likes). En este sentido, la exposición y exhibición de imágenes perfectas, en muchos casos retocadas, pueden generar una gran presión, más aún cuando nuestros contenidos también están abiertos a la crítica de los usuarios”, así lo explica la profesora Martínez Martínez.

¿Se pueden controlar estas comunidades? La formación es la clave

Lo que se está intentando llevar a cabo es la aplicación de medidas para luchar contra la difusión de este tipo de mensajes y de contenidos dañinos relacionados con los trastornos alimentarios. De esta forma, las políticas de uso o las normas comunitarias incorporan menciones sobre la repulsa a este tipo de contenidos.

Se incluyen, también, el uso de filtros y el bloqueo de ciertas etiquetas como podrían ser #mia o #ana; la eliminación de contenidos y la supresión de cuentas o perfiles. Incluso, en algunos casos como Instagram, se incorporan mensajes de advertencia o un servicio de ayuda para aquellos usuarios que puedan querer actuar contra su integridad o bienestar físico.

No obstante, estos grupos pueden llegar a saltarse las medidas empleando técnicas como el uso de nuevas palabras, etiquetas y cuentas o utilizando otras redes sociales. Por esta razón, es necesario que se empiecen a utilizar otro tipo de mecanismos que contrarresten sus efectos.

“Espacios informativos o iniciativas como la desarrollada por el Hospital Sant Joan de Déu (@stopca_sjd) pueden ser una alternativa que contribuya a combatir estos espacios. La  formación es una herramienta esencial, algo que debe hacerse extensivo a los padres para que sean conscientes de los contenidos que se difunden por las redes y ayuden a sus hijos a desarrollar una actitud crítica hacia estos”, concluye Silvia Martínez Martínez.

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Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

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