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Café durante el embarazo y la lactancia, ¿se puede?

La cafeína es una de las grandes enemigas cuando vas a tener un hijo. ¿Significa eso que debas eliminarla de tu dieta de forma radical? Hasta hace poco era suficiente con limitar su consumo pero ahora parece que todos los expertos están de acuerdo en que el bebé no se vea afectado en algún momento.

En uno de los puestos principales de la lista de ingredientes prohibidos durante el embarazo figura la cafeína. Esta sustancia, presente en muchos alimentos e incluso cosméticos, es una habitual en nuestro día a día -la jornada de muchas personas comienza con una taza de café en la mano- pero su consumo está contraindicado cuando se va a tener un hijo. Una dosis demasiado alta puede tener efectos nocivos sobre el feto e incluso ser letales para él, ya que aumenta de forma considerable el riesgo de aborto espontáneo.
Son muchos los estudios científicos que se han hecho sobre ello y, aunque no terminan de ponerse de acuerdo del todo, la mayoría sí que coincide en determinar que la ingesta máxima de cafeína que debería hacerse durante el embarazo es de unos 200 miligramos al día. Si traducimos esto a tazas de café el equivalente sería el de dos tazas de café solo, una cifra que para muchas mujeres no supone ningún inconveniente puesto que es lo mismo que consumen habitualmente, pero que a muchas otras futuras madres les parece demasiado pequeña puesto que tienen un nivel más alto de adicción a él. Sobre todo para aquellas que encuentran en el café su principal salvador en el primer trimestre, que suele ser un periodo en el que la embarazada se encuentra mucho más cansada.
Lo mismo ocurre en el periodo de lactancia, cuando el cuerpo necesita un chute extra de energía para llevar mejor las primeras semanas del bebé en las que resulta imposible conciliar el sueño muchas horas seguidas.
La explicación por la que se recomienda eliminar la cafeína durante el embarazo está en la ciencia. Lo primero es porque el contenido de, por ejemplo, una taza de café, tiene la capacidad de cruzar la placenta de forma sencilla por no existir ninguna barrera que lo impida. Y, lo segundo, porque el cuerpo de una embarazada retiene aún más la cafeína. El organismo de una persona tarde unas seis horas aproximadamente en eliminar los efectos de cafeína en su cuerpo y, en el caso de una embarazada, el tiempo aumenta más del doble por lo que tarda hasta 18 horas en hacer lo mismo.
Esto significa que las posibilidades de que afecte al correcto desarrollo del bebé son más altas de lo que parece. De hecho, fue hace dos años cuando la prestigiosa publicación British Medical Journal publicó los resultados de una muestra realizada en Noruega que, por sus conclusiones, alertaba del aumento de probabilidades de que los bebés acabaran sufriendo sobrepeso a partir de los tres años y durante toda su infancia.

¿Qué dice la OMS?

Según la Organización Mundial de la Salud, "la eliminación de la cafeína presente en la sangre se retrasa considerablemente durante el embarazo. Los resultados de algunos estudios observacionales indican que una ingesta excesiva de cafeína puede asociarse a restricciones del crecimiento, reducción del peso al nacer, parto prematuro o muerte intrauterina". Esto significa que lo mejor que puedes hacer es directamente eliminarlo de la dieta durante los meses de gestación pero, si la embarazada no es capaz de renunciar a él porque genera en ella demasiada ansiedad, muchos son los expertos que aconsejan que continúe con la ingesta pero de manera mucho más reducida, nunca superando los 200 mg/día para evitar el riesgo de pérdida del embarazo y de bajo peso al nacer.
Por otro lado, desde la OMS advierten también que no debemos olvidar que, aunque el café sea una de las fuentes más frecuentes de la ingesta de cafeína, esta también está presente en el té, en muchos refrescos, el el chocolate, la nuez de cola, las bebidas energéticas y algunos medicamentos.
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