Ser Padres

Consejos para reducir el consumo de azúcar en los niños

Mejor que hablar de cifras es hacerlo de aspectos prácticos, y nada para cambiar hábitos alimentarios perjudiciales que hacerlo porque sabes que es bueno para el niño y no por obligación

Autor: Rubén García
El azúcar libre no es saludable. Si hablamos de cantidades concretas, la OMS recomienda que este ingrediente no supere el 5% de la ingesta calórica total, que aproximadamente son unos 16 gramos al día en niños -hay quien lo eleva un poco más, hasta los 25 aproximadamente-: pero las cifras, en las que tanto insisten nutricionistas y pediatras con buen criterio, a veces desvían el foco de lo importante y complican el mensaje: cuanto menos azúcar, mejor. Este debe ser el objetivo de cualquier padre y cualquier madre que desea proteger la salud de su hijo a través de buenos hábitos alimentarios.
Para conseguirlo, la clave está en los hábitos, no en pesar o apuntar los gramos que se consumen de azúcar que no está presente de forma natural en los alimentos. Hemos recopilado los consejos prácticos más interesantes, más eficaces y también más sencillos de aplicar de organizaciones especializadas como la de la Asociación Dental Americana, la ADA.

Conocer los límites

Esto quiere decir, saber qué tipo de azúcar sí es recomendable y cuál no. Y aunque parece fácil, sigue existiendo mucha confusión. Lo mejor para divulgar es simplificar: el azúcar natural, el que forma parte de la composición propia de los alimentos -fruta, leche materna, etc.- no es malo; el azúcar industrial o libre, sí es perjudicial. Y dentro de este grupo entran también el jarabe de maíz, el azúcar de caña, la panela o el sirope de agave. Todos son edulcorantes.

Reducir los zumos naturales

Ya hay estudios suficientes como para considerar que existe consenso científico al respecto de los zumos de frutas naturales: no sustituyen a las piezas enteras de fruta en la alimentación. Se pierde muchísima fibra por el camino y esto dispara los niveles de azúcar ingeridos. Por supuesto, son todavía menos aconsejables los zumos industriales, como todos los productos ultraprocesados.

Prescindir de los refrescos

Además de los zumos industriales, cualquier otro refresco es también desaconsejable. Ni con gas, ni sin él, ni isotónico. Muchísimo mejor el agua. Y por este motivo es especialmente importante que los niños coman y cenen con agua, porque es una costumbre muy negativa hacerlo con refrescos.

Cuidado con los “snacks saludables”

El marketing tiene mucho peligro en el ámbito de la alimentación. No hay quedarse con la letra grande de los empaquetados, sino que debemos leer la letra pequeña de la etiqueta, donde viene la lista de ingredientes. Siempre será mejor un puñado de frutos secos, que esas tortas similares a las galletas que tanto meriendan los niños a la salida del cole, por ejemplo.

Carbohidrato, con moderación

Básicamente, menos fritos y nada de ultraprocesados en la dieta, ni siquiera entre horas. Y mucha más fruta  y verdura. De hecho, un buen truco que explica este consejo es el siguiente: en el carro de la compra, cuantos menos envases y más productos vegetales frescos, mejor para la salud.

Dar ejemplo

Si te gustaría que tu hijo se quite el cacao de la leche del desayuno o tome fruta en vez de galletas, o tostada de tomate y no de mermelada, nada hay más efectivo que dar ejemplo. Y esto ocurre en cualquier ámbito de la vida si hay niños en casa. Dar ejemplo es la mejor forma de que se convenzan de llevar buenos hábitos.
A estos consejos, sumamos otros muy eficaces. Uno de ellos es la responsabilidad a la hora de hacer la compra. Ya no solo por intentar que sea rica en productos vegetales, sino porque es el momento clave para reducir el consumo de azúcares libres en los niños: si no se compra, no se toma. Y no hay máxima más eficiente que esta. Aleja los dulces de los niños.
Además, es muy importante concienciarse de no añadir azúcar a todo lo que se come. El yogur natural azucarado, pues más azúcar. El no azucarado (el recomendable), cucharón de azúcar. La leche, también. El zumo de naranja, más de lo mismo. Las salsas de tomate, azúcar. Y así con muchos alimentos. Cada cucharada de azúcar que elimines de este estilo, más saludable será la alimentación del niño. Una cucharada menos, un pasito en la dirección correcta.
Por otro lado, en general, los expertos recomiendan no prohibir, sino explicar a los niños por qué no toman determinadas cosas en casa o por qué ellos meriendan fruta y sus amigos galletas. Es una batalla muy complicada de afrontar, e incluso a veces habrá que asumir una derrota, pero a la larga, el mensaje calará mejor en el niño si se le explica las veces que haga falta en vez de prohibir sin dar más explicaciones.
Y, por último, hay un último tip muy importante: alinear el mensaje con la familia directa. No se trata de que los abuelos no les puedan dar nada dulce, pero no sirve de nada enseñar unos hábitos que no existen cuando los peques conviven con otras personas, por muy queridas que sean. Precisamente porque les quieren, los abuelos y tíos entenderán que es lo mejor para los niños reducir el consumo de azúcar libre.
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