Fertilidad en el hombre

Cuáles son las principales funciones de los testículos

Cada día, un hombre puede producir millones de espermatozoides, los cuales se forman en los testículos, que son las gónadas masculinas. Pero su importancia no solo radica en esta función esencial para la fertilidad.

Los testículos, es cierto, se convierten en una parte esencial para la fertilidad e influye directamente en las posibilidades de concepción, jugando un papel importantísimo en el sistema reproductivo, gracias a que son el lugar donde se produce el esperma.

Sin embargo su función no queda ahí, puesto que también se encargan de producir una hormona conocida con el nombre de testosterona, la cual es la principal responsable no solo de la propia fertilidad masculina, sino del deseo sexual y del desarrollo tanto de la masa muscular como de la masa ósea.

¿Qué son los testículos?

Los testículos consisten en dos órganos con forma ovalada, que encontramos ubicados en el escroto, colgando fuera del cuerpo, concretamente en la parte delantera de la región pélvica, cerca de la parte superior de los muslos. 

Dado que los testículos necesitan mantenerse a una temperatura menor que la temperatura corporal, para poder funcionar de forma óptima y correcta, la ubicación de los testículos fuera del abdomen ha ido evolucionando poco a poco.

De hecho, se sabe que una temperatura anormalmente elevada de los testículos (algo que puede ocurrir, por ejemplo, por el uso de ropa muy apretada o por colocarse el ordenador portátil en las rodillas, permaneciendo sentado durante muchas horas), afecta a la producción normal de los espermatozoides, afectando a la fertilidad de manera temporal.

Las diferentes estructuras que encontramos en el interior de los testículos son esenciales tanto para la producción como para el almacenamiento de los espermatozoides, cuando estos principalmente están lo suficientemente maduros como para ser expulsados del cuerpo a través de la eyaculación.

¿Cómo es la anatomía de los testículos?

La mayoría de los hombres nacen con dos testículos. Son dos órganos blandos, con forma de huevo, que se encuentran rodeados por una serie de estructuras accesorias, que incluyen tanto el conducto deferente como el epidídimo.

Se encuentran suspendidos del abdomen por el cordón espermático, que consiste en una acumulación de vasos sanguíneos, conductos y nervios esenciales para el buen funcionamiento de los testículos (así como para su propia salud). Cada uno de los testículos están formados por túbulos seminíferos, que son tubos en espiral que contienen células y tejidos responsables de la espermatogénesis, el proceso natural de creación del esperma.

A medida que los espermatozoides se desarrollan, crecen y maduran, se mueven a través de los túbulos hasta alcanzar el epidídimo. Dado que los espermatozoides no pueden moverse, millones de pequeñas proyecciones, conocidas como microvellosidades, ayudan a que los espermatozoides puedan moverse hasta alcanzar los túbulos eferentes. Es en el epidídimo donde los espermatozoides maduran, hasta el momento de la eyaculación.

Una vez que los espermatozoides están maduros, se mueven al conducto deferente, donde se combinan con los fluidos de la próstata y las vesículas seminales, formando lo que se conoce como semen.

¿Para qué sirven los testículos? Sus principales funciones

Los testículos ejercen dos principales funciones. La primera es la de producir testosterona, que consiste en una hormona esteroide responsable principalmente de la diferenciación sexual del hombre, esencial por tanto para el desarrollo prenatal, y para regular el desarrollo de características sexuales tanto primarias como secundarias, como el vello corporal y facial, el tamaño del pene, una voz mucho más profunda y músculos y el propio tamaño del cuerpo agrandados.

Igualmente, la testosterona contribuye activamente al crecimiento acelerado que los hombres experimentan durante la pubertad, al crecimiento muscular y óseo, y a la formación de células sanguíneas.

La segunda función es la de producir esperma. A diferencia de las mujeres, que presentan un número limitado de células germinales (las cuales pueden convertirse en óvulos durante toda la vida), los hombres pueden producir millones de espermatozoides todos los días. Luego, eso sí, el esperma tarda varios meses en madurar lo suficiente como para poder funcionar adecuadamente después de la eyaculación.

A pesar de que en la eyaculación de un hombre sano pueden existir millones de espermatozoides, durante las relaciones sexuales únicamente unos cientos llegarán a un óvulo maduro, el cual podría estar listo para ser fecundado. Por este motivo, en realidad las probabilidades de concepción con cada relación sexual es en realidad ciertamente baja, siendo de media en torno a un 20 por ciento (y eso si no existe ninguna afección o enfermedad que pueda afectar a la fertilidad del hombre o de la mujer, lo que haría que es e porcentaje disminuya todavía más).

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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