Salud del hombre

Disfunción eréctil: qué es, causas y cómo se trata

La disfunción eréctil (o impotencia) suele ser un problema muy común, que afecta a muchos hombres a partir de los 40 años de edad, aunque tiende a ser más habitual a medida que se envejece. En la mayoría de las ocasiones, como consecuencia de una afección médica subyacente.

También conocida con el nombre de impotencia, la disfunción eréctil es la incapacidad de un hombre para conseguir o mantener una erección que permita llevar a cabo la actividad sexual con penetración. No se trata de una enfermedad, sino más bien un síntoma de algún otro problema de salud, el cual puede ser físico, psicológico o incluso una combinación de ambos. 

Se trata de una condición muy común, que se estima afecta a alrededor del 5 por ciento de los hombres con más de 40 años de edad. Mientras que ese número aumenta a aproximadamente el 15 por ciento a la edad de 70 años. Aunque es cierto que puede ocurrir a cualquier edad, es mucho más común en hombres mayores, dado que pueden tener más probabilidades de sufrir problemas de salud que requieran medicación, lo que puede acabar interfiriendo con la función eréctil normal.

No debe ser confundida con la impotencia ocasional que puede ocurrir en algunos momentos. Fallar ocasionalmente para lograr o mantener una erección es algo absolutamente normal y común. Sus causas pueden ser variadas, aunque lo más común es que surja como consecuencia de la ansiedad o estrés puntuales, el cansancio o beber demasiado alcohol.

No en vano, la mayoría de los hombres han experimentado en algún momento de sus vidas alguna dificultad momentánea para conseguir la erección, o incluso para mantener el pene firme.

A menos que esa impotencia puntual continúe y se extienda en el tiempo, no hay razón para preocuparse. Pero si la disfunción eréctil continúa es necesario consultar al médico, quien llevará a cabo un análisis y un estudio para descubrir cuáles podrían ser las causas de la impotencia. De hecho, la disfunción eréctil únicamente se considera una preocupación cuando afecta negativamente al desempeño sexual satisfactorio. 

Hoy en día existen una amplia diversidad de tratamientos, que incluyen fármacos que se administran por vía oral, dispositivos de bomba de vacío para el pene, implantes de prótesis o inyecciones, las cuales se administran directamente en el pene.

¿Qué es y en qué consiste la disfunción eréctil?

Debemos tener en cuenta que lograr una erección consiste en realidad en un proceso tremendamente complejo, que involucra al cerebro, los nervios, la circulación sanguínea y los músculos. Sin embargo, cuando algo interfiere con este proceso, el resultado puede ser la aparición de la disfunción eréctil. Además, en la función sexual masculina intervienen tres componentes esenciales: la libido (interés y deseo en la actividad sexual), la capacidad a la hora de obtener y mantener una erección, y la eyaculación y clímax final.

Desde un punto de vista médico, es definida como la dificultad persistente para conseguir y mantener una erección el tiempo suficiente como para poder mantener relaciones sexuales satisfactorias. En muchas ocasiones, las causas suelen ser médicas, pero también pueden ser psicológicas.

Cuando existe una causa orgánica suele deberse principalmente a la presencia de alguna afección médica subyacente, la cual puede afectar a los nervios o a los vasos sanguíneos que irrigan el pene. 

¿Cuáles son sus causas?

Causas físicas

En ocasiones la disfunción eréctil es un síntoma de una afección médica subyacente, por lo que cuando surgen problemas persistentes relacionados con la erección es importante consultar con el médico, puesto que podrían ser causados por una condición médica mucho más grave.

Existen muchísimas causas que pueden influir en la aparición de la disfunción eréctil. La aterosclerosis, por ejemplo, se convierte en una de las más comunes. De hecho, es considerado como un problema habitual relacionado con el flujo sanguíneo, que provoca la obstrucción o el estrechamiento de las arterias del pene, lo que impide un flujo sanguíneo adecuado -y necesario- para producir la erección.

También existen otras causas físicas u orgánicas comunes, entre las que podemos mencionar: diabetes, hipertensión arterial, colesterol alto, enfermedad cardíaca, estrechamiento de los vasos sanguíneos, obesidad, síndrome metabólico, enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple, trastornos hormonales, algún trastorno anatómico o estructural del pene (como ocurre con la enfermedad de Peyronie), complicaciones quirúrgicas o lesiones en la médula espinal o en el área pélvica.

Algunos hábitos también pueden influir negativamente. Es lo que ocurre con el tabaquismo, el alcoholismo o el abuso de ciertas sustancias, entre las que se incluye el consumo de cocaína.

Causas psicológicas

Se sabe que determinados factores psicológicos pueden causar o contribuir a la aparición de la disfunción eréctil. Aunque es menos frecuente que las causas físicas, puesto que las psicológicas únicamente suelen afectar puntualmente al correcto desempeño sexual.

La depresión y la ansiedad severa se convierten en dos causas psicológicas relacionadas, mientras que el estrés puede afectar, pero solo puntualmente y en momentos ocasionales. 

También es común que se entremezclen causas médicas físicas y psicológicas. Por ejemplo, un hombre obeso puede sufrir cambios en el flujo sanguíneo, lo que puede afectar a su capacidad para mantener una erección (causa física). Por otro lado, también podría tener la autoestima baja, lo que podría afectar negativamente a su función eréctil (causa psicológica).

Otras causas

Algunos fármacos pueden influir negativamente, y causar o empeorar los síntomas relacionados con la disfunción eréctil. Es el caso, por ejemplo, de los medicamentos recetados para el tratamiento de la depresión y otros trastornos psiquiátricos, la hipertensión arterial, el colesterol alto o enfermedades de la próstata.

¿Cómo se trata?

Existen muchos tratamientos que pueden ser utilizados para la disfunción eréctil, por lo que todo dependerá de cuál sea la causa que esté originando el problema. En este sentido, el primer enfoque es tratar esa causa subyacente, siempre y cuando sea posible identificarla. Si no se encuentra, se utilizan tratamientos específicos para directamente restaurar la función eréctil.

La buena noticia es que existen muchos tratamientos, y en la mayoría de las ocasiones, se encuentra una solución que funcione. Algunos de estos tratamientos incluyen fármacos y medicamentos, dispositivos de vacío que permiten que el pene se vuelva rígido, o tratamientos quirúrgicos, como implantes de pene o cirugía vascular.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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