Tratamientos de fertilidad

El impacto emocional de la FIV (Fecundación in Vitro)

La fecundación in vitro, al igual que cualquier otro tratamiento de fertilidad, puede involucrar muchas emociones, sentimientos, estrés, miedos y ansiedad. Como indican los expertos, el impacto emocional puede acabar siendo muy elevado, especialmente cuando el resultado no es el esperado.

La fecundación in vitro es un tratamiento de reproducción asistida muy útil para mujeres con trompas de Falopio bloqueadas, y para aquellas parejas en las que el hombre presenta un recuento de espermatozoides bajo o moderado. También es útil en mujeres con síndrome de ovario poliquístico severo y en aquellos casos en los que no ha sido posible identificar la causa de la infertilidad.

Es probable que el tratamiento de fecundación in vitro (FIV) cree una serie de trastornos en la vida diaria de las personas que lo siguen. Serán necesarios varios viajes a la clínica durante el tratamiento, lo que implicará reorganizar los horarios. También será necesario seguir ciertos protocolos: punción ovárica, estimulación hormonal…

Una vez que se haya completado la transferencia de embriones, será necesario pasar por un período de espera antes de tener la confirmación más esperada: la del embarazo. De ahí que el curso de una fecundación in vitro implique el sentimiento de emociones intensas.

Es normal que todo ello pueda afectar las relaciones con la pareja, con los amigos y con la familia. Y es que este estado de presión física y moral suele ser, a su vez, una fuente de estrés muy común durante la FIV.

No está claramente establecido que esta ansiedad pueda influir disminuyendo las posibilidades de quedar embarazada. Sin embargo, para el bienestar de la futura mamá, como la de su pareja, es fundamental hacer todo lo posible para aliviarlo.

¿Cuál es el impacto emocional en el caso de la FIV?

Recientemente conocíamos datos de Australia y Nueva Zelanda, según los cuales las tasas de éxito de este tratamiento habían mejorado en los últimos 10 años, tanto para las mujeres jóvenes como para las mayores.

Concretamente, un informe encontró que, en 2010, la tasa global de nocivos vivos por transferencia de embriones fue del 22%. Mientras que, en 2019, la tasa alcanzó el 28%.

De acuerdo a los investigadores, las tasas de éxito mejoradas se deberían en realidad a muchos factores, incluyendo los avances en las técnicas de laboratorio.

Ansiedad y FIV
Foto: Istock

Es cierto que estos nuevos datos serán bienvenidos por aquellas personas que se someten a un tratamiento de fecundación in vitro. El cual, dicho sea de paso, puede ser un viaje largo y muy emocional, a la par que estresante y ansioso.

Como señalan los expertos, entre pasar incontables horas en la clínica de fertilidad, análisis de sangre, ecografías y varios procedimientos invasivos, en muchas ocasiones puede parecer que intentar quedar embarazada acaba influyendo y ocupando toda la vida.

Parte del problema lo encontramos en que los tratamientos de fertilidad aún no se comprenden del todo. Y, a menudo, se estigmatizan. La situación puede complicarse aún más cuando la persona pudo requerir la reproducción de un tercero, como la donación de óvulos o de esperma, lo que puede acabar convirtiéndose en un estigma aún mayor. 

Todo ello puede originar una serie de desafíos en el manejo de la fatiga emocional que, bastante a menudo, tiende a ir de la mano de la FIV. 

Muchos pacientes que están pasando por un tratamiento de reproducción asistida informan que se sienten ansiosos, deprimidos, asustados o preocupados. En la aparición del estrés, por ejemplo, influye la sensación de que se les está acabando el tiempo, que nunca podrán ser padres o que, simplemente, no están destinados a tener un bebé.

A lo que se le suman múltiples preocupaciones: desde el alto costo de los tratamientos, a las reacciones de amigos y familiares. Luego, además, están los altibajos de los tratamientos, las inyecciones y las hormonas

La actual pandemia de coronavirus, además, supuso el cierre de muchas clínicas, retrasó los tratamientos o incluso algunas de ellas llegaron a negarse a permitir que las parejas realizaran transferencias de embriones y ecografías, aumentando el estrés y la ansiedad, y convirtiéndose en una tormenta perfecta de desafíos de salud mental.

En definitiva, la fecundación in vitro es difícil, mucho más difícil de lo que la mayoría de la gente cree. Debido a ello, nunca se debe sentir vergüenza a la hora de pedir ayuda y obtener el apoyo necesario, tanto antes como durante el proceso.

Christian Pérez

Christian Pérez

Colaborador de Ser Padres, especializado en divulgación científica y sanitaria, maternidad y embarazo. También se dedica a la verificación de hechos (fact-checking).

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