Bebé

Aprender a quererle

A pesar de las poderosas fuerzas biológicas que crean el vínculo madre-hijo, hay situaciones que interfieren en esta relación: una enfermedad, el estrés, las expectativas frustradas...

Aprender a quererle

El vínculo que se establece entre madre e hijo se basa en una comunicación placentera para ambos. Así, la madre es capaz de saber qué le pasa a su hijo y el bebé se siente seguro. Ambos se entienden sin palabras y se observan mutuamente con asombro y admiración. En el establecimiento del vínculo intervienen los dos, madre e hijo. El bebé no es pasivo. La madre tiene el instinto de cuidar de su bebé y nutrirlo. El pequeñín, mediante el lenguaje no verbal y el llanto, la va guiando; ella responde, cubre sus necesidades; él a su vez también responde, se acurruca en ella, la abraza, le sonríe, se siente feliz en su presencia.

Pero ¿qué ocurre cuando cuesta crear ese vínculo? ¿Qué ha pasado? ¿Cómo se aprende a querer al bebé? ¿Es normal que nos ocurra? ¿Hay solución? ¿Cómo hacerlo? Reconocer y aceptar lo que nos pasa es lo primero. No juzgarnos, lo segundo. Lo tercero es ponernos manos a la obra: se puede trabajar ese vínculo y crear las condiciones adecuadas para generarlo.

Nace con una enfermedad

  • La situación me supera. Algunas veces se detecta durante el embarazo, pero otras llega por sorpresa. La angustia de tener un recién nacido enfermo llega a bloquear a muchos padres y madres. Por un lado puede generar un fuerte deseo de proteger al bebé, pero por otro puede provocar el movimiento contrario, el de buscar la separación, generada por el miedo y la decepción. No hay que culparse por ello, es algo que sucede muy a menudo.
  • ¿Qué hacer? Los padres de un bebé enfermo deben darse tiempo para aceptar la situación que están viviendo y aceptar sus emociones. Si, a pesar de la ambivalencia, permanecen junto a su hijo, favorecen el contacto y se dan tiempo para conocerse y quererse, lo normal es que se vaya formando ese vínculo que en este caso no ha sido automático. Tiempo al tiempo.

El bebé es muy irritable

  • «Llora tanto... ¡No es lo que esperaba!». El vínculo es cosa de dos, y la capacidad del bebé para interactuar influye en la relación que se establece: si sonríe mucho, es tranquilo y responde a los estímulos de sus padres con alegría, estos se vincularán con él con más facilidad que si es muy irritable, o llora mucho y la madre siente que no le comprende y no puede ayudarle.
  • ¿Qué hacer? En este caso la retroalimentación placentera no se produce tan fácilmente y los padres pueden necesitar más tiempo para establecer una relación satisfactoria con el bebé. El camino es el de siempre: contacto físico y mucho tiempo para escuchar y conocer al bebé.

Depresión posparto

  • No sé si le quiero. La depresión posparto es un grave problema que no hay que tomar a la ligera. Hay que buscar una solución inmediatamente. La madre con depresión no suele sentir ningún interés por su bebé (o sentir incluso resentimiento) y esto empeora su estado, se siente culpable por ello. Detectarlo a tiempo, escucharla, no negar sus emociones («pero claro que quieres a tu bebé», tendremos la tentación de decirle) y apoyarla durante el tratamiento es lo primero: mientras la madre esté mal no puede hacerse cargo de otro.
  • ¿Qué hacer? La madre no es la única persona que puede vincularse con el bebé. Si ella no es capaz de hacerlo es importante que otro adulto, normalmente el padre, asuma el papel de cuidador principal y establezca el vínculo con el bebé. La madre podrá dedicarse exclusivamente a recuperarse y el bebé tendrá su figura de apego, vital para su desarrollo físico y emocional.

El segundo hijo

  • No siento lo mismo que con el primero... ¿Qué me pasa? Hay mujeres que no viven el nacimiento del segundo hijo como el primero. Es normal, ¡no es el primero! «Hay que entender que cada bebé es único y que la relación con cada hijo es diferente», recuerda Ibone Olza. Hablar con otras madres y amigas, expresarlo en voz alta, nos puede ayudar a darnos cuenta de que lo que nos pasa es normal. Con el segundo hijo tendremos que establecer una relación nueva, diferente y conocerle y aceptarle de forma separada.
  • El estrés de la madre durante el embarazo también afecta al establecimiento del vínculo. En esta y otras situaciones la madre debería preguntarse si en el embarazo ha estado más nerviosa, ya que las hormonas del estrés son antagonistas de las que conducen a vincularse. Si ha sido así, le puede ayudar a entender por qué la vinculación no ha ocurrido de forma espontánea y sencilla.
  • ¿Qué hacer? La solución es simple, como siempre: pasar tiempo con el bebé a solas (a veces el tiempo y la intimidad que tuvimos para el primero no nos lo permitimos con el segundo), mirarle a los ojos y contactar con él, abrazarle mucho, olerle, darle un masaje, favorecer la lactancia materna si es nuestra elección, detenernos a observar sus intentos de comunicarse con nosotros, sus balbuceos, sus manitas que nos abrazan... En definitiva, se trata de darnos el tiempo necesario para enamorarnos poco a poco.

Asesora: Dra. Ibone Olza, psiquiatra infantil y perinatal.

 

 

Etiquetas: bebé, cuidados bebé

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