Recién nacido

Las rarezas del bebé

¡Ya está aquí, ya asoma! Y aún unido al cordón umbilical, ponen al bebé en brazos de mamá. Todo está bien, pero… ¿por qué tiene los ojos hinchaditos? ¿Y esa grasilla que le recubre todo el cuerpo?

Las rarezas del bebé

¿Será normal tanto vello por todas partes? Pues sí, el bebé acaba de llegar al mundo y su cuerpecito tiene que acostumbrase a un montón de novedades. Aunque parezca un “marcianito”, el chiquitín ¡es perfecto!

La reciente mamá, aún con las hormonas bailando, mira a su pequeñín con una ternura infinita y ¡qué guapo es!. Aunque esté amoratado o tenga los ojos hinchados, nuestro recién nacido nos enamora desde el minuto cero. Y esto tiene una base científica: está comprobado que los adultos mostramos protección y cariño a las caras dotadas con una serie de características especiales: cabeza grande en comparación con el resto del cuerpo, frente amplia y sobresaliente, ojos enormes, nariz diminuta, cara plana, mejillas prominentes, mentón casi inexistente… Esa es la razón de que estos rasgos aparezcan más marcados en los bebés, porque son los más vulnerables. Lo mismo ocurre con sus extremidades, cortas y regordetas, su cuerpo flexible y sus movimientos torpes. Todo él parece gritar: “¡Cuídame, mímame!”

 

En unos días… ¡bebé de portada!

Beatriz recuerda que al día siguiente de nacer Ariadna se empezó a agobiar por las cosas que le pasaban a su pequeña “No hacía más que bostezar y me preocupaba que tuviera hambre. Además, su cara se cubrió rápidamente de granitos rojos y el poco tiempo que mantenía los ojos abiertos, parecía que bizqueaba. Menos mal el médico me explicó que todas esas rarezas son normales y se van solas en poco tiempo”.

El bebé acaba de vivir su primera gran hazaña en este mundo: nacer, y es normal que muestre secuelas del gran acontecimiento.

Para empezar, viene al mundo recubierto de una sustancia blanquecina y grasosa, llamada vérnix caseosa, que le ayuda a deslizarse por el canal del parto y a superar el cambio de temperatura repentino. No hay que hacer nada, se va con el primer baño.

Algunos pequeños tienen el cuerpo cubierto de lanugo, un tipo de vello que sirve para protegerles dentro del útero. Suele caerse antes de la semana 40 de gestación, pero a veces, en los partos prematuros o si hay antecedentes familiares de piel oscura, sigue ahí al nacer. No hay que preocuparse, porque se pierde a los pocos meses de vida.

Los niños morenitos pueden presentar manchas de color gris azulado en las nalgas y la espalda, que desaparecen solas (o se aclaran mucho) entre los dos y los cinco años.

Los más blanquitos puede presentar variaciones en el tono de la piel, que puede parecer desde casi traslúcida (sobre todo en los prematuros) hasta azulada en pies y manitas como consecuencia del cambio de temperatura ambiente.

Los granitos rojos que recuerdan al acné (miliaria) no son más que un efecto de las hormonas maternas que aún circulan por la sangre del bebé. Este acné neonatal se cura solo, igual que las manchas de color salmón o ‘besos de ángel’ que aparecen en párpados, nariz, labio superior o nuca, por alteraciones transitorias de los capilares sanguíneos. Estas alteraciones pueden provocar también que durante los primeros días el pequeñín tenga la mitad de su cuerpo enrojecida y la otra pálida. Se conoce como efecto arlequín y, como todos estos problemillas de la piel, desaparece en cuanto el peque se aclimata a su vida fuera del útero materno.

 

Una cabecita llena de sorpresas

Todas las mujeres que ya han pasado por la experiencia de dar a luz entienden que la cabecita de los recién nacidos sea flexible y muy suave. ¡Inconcebible imaginarse lo doloroso que sería el parto si la cabeza del bebé fuera rígida! Por eso, es habitual que los bebés que nacen por vía vaginal tengan la cabeza ligeramente deformada, ya que sus huesos moldeables se han tenido que ajustar al canal del parto, algo que no ocurre cuando vienen al mundo por cesárea. No tiene a mayor importancia. Al mes, su cabecita seguramente estará totalmente redondita y perfecta.

Su traumático paso por el canal del parto –sobre todo si se han utilizado fórceps o ventosas– también puede ocasionar un pequeño bulto en la cabeza, conocido como tumor de parto o caput succedaneum. Se reabsorbe solo en unas semanas.

Además, como los huesos del cráneo no están unidos, en la cabeza hay unos espacios blanditos en la frente y la parte posterior de la cabeza. Son las fontanelas, que se van cerrando paulatinamente a medida que los huesos se unen (el pediatra vigila su evolución en las revisiones).

No hay que asustarse tampoco si observamos que le tiembla la barbilla: se debe a una inmadurez de su sistema nervioso, normal en las primeras semanas de vida. O si tiene un bulto en el centro del labio superior (callo de succión). Esta dureza transitoria aparece por la fricción del labio contra el pezón materno al mamar. No le duele y remite de forma espontánea.

 

¡Qué ojitos!

El recién nacido puede presentar cierta dificultad para abrir los ojos durante las primeras horas, porque tiene los párpados hinchados a causa del parto. Además, durante nueve meses de embarazo ha vivido en un entorno más oscuro y tiene que aclimatarse a la luz.

Es habitual que bizquee, porque su cerebro aún no ha adquirido la capacidad de superponer las imágenes de los dos ojos, así que cada uno funciona de forma independiente. Solo hay que consultar al pediatra si persiste cumplidos los seis meses.

También es frecuente que los ojos estén un poco amarillentos. La causa es la ictericia transitoria, que tiñe la piel del mismo tono, y que sufren muchos recién nacidos por la acumulación de bilirrubina en la sangre porque el hígado, aún inmaduro, no puede metabolizarla bien. Suele remitir en dos semanas, exponiendo su cuerpecito a la luz.

Algunos niños tienen manchas rojas en los ojos, fruto de la presión producida en la cabeza durante el parto vaginal. Son hematomas conjuntivales que desaparecen solos.

 

Asesora: Dra. Pilar Suárez, pediatra en el Centro de Salud de Calpe.

 

 

Etiquetas: bebé, recién nacido

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