Tribuna de opinión

Alquilar ropa de bebé: un modelo que crece entre las familias

La ropa de los bebés tiene un tiempo de uso muy corto, ya que crecen y dejar de poder utilizarse muy poco tiempo, por eso, las fórmulas de economía circular como el alquiler de ropa infantil son una gran medida de ahorro.

ropa bebé
Foto Istock

Ya no es discutible que en lo que al cuidado del planeta se refiere, todos debemos movernos. Como en muchos otros aspectos de la vida, el compromiso con el medioambiente no debería ser una opción, sino una necesidad.

Me encuentro con personas que, en este sentido, se excusan con frases como: “Que hagan algo los gobiernos”, “Que cambien las multinacionales”, “Que sean los colectivos los que den un paso al frente”. Sí, es cierto, esto debería ocurrir. Pero yo creo que el cambio está en nuestra mano, en la de cada uno de nosotros y desde nuestros entornos más pequeños: la familia, la escuela, los pequeños negocios. Sé que aquí ya está calando la importancia de unos hábitos de vida y consumo que no resten años al planeta, personas que no esperan a que el cambio llegue de arriba, pequeños entornos en los que el movimiento ya ha empezado, como la creciente tendencia por una economía circular, que busca el aprovechamiento.

En realidad no hemos inventado nada porque nuestros padres, abuelos, bisabuelos, ya la practicaban, aunque sin ponerle nombre. Reciclaban, aprovechaban, reutilizaban, remendaban, reparaban todo lo que se estropeaba para alargar la vida útil de los productos. Convertían el papel en carbón, las botellas de vidrio volvían al súper, los desperdicios, para los animales que podían consumirlos.

Aprovechar ya no es cosa de nuestros abuelos

Entonces era una necesidad derivada de la escasez de recursos económicos. Ahora es una necesidad derivada del deterioro del planeta y por ello, debemos retormarla con otros propósitos, pero con el mismo empeño o superior. La economía del aprovechamiento ya no debe ser cosa de nuestros ancestros, sino el presente y el futuro de una nueva forma de consumir: más racional, más ecológica, en definitiva, más eficaz.

Dar una segunda vida a los productos que usamos es inteligente y se puede hacer con casi todas las cosas que tenemos a nuestro alcance: desde los electrodomésticos hasta la ropa que nos ponemos. Y me detengo precisamente en la industria de la moda, que es la responsable del 20% del desperdicio total de agua del planeta. Se estima muy gráficamente con este dato: para fabricar unos pantalones vaqueros son necesarios entre 7.500 y 9.000 litros de agua.

Sabemos también que la de la moda es la segunda industria más contaminante, por detrás de la petrolífera. Aún así, seguimos fabricando, distribuyendo, vendiendo, comprando cantidades ingentes y, por ende, desechando ropa de forma constante y casi compulsiva.

Se puede frenar el deterioro medioambiental sin renunciar a la moda y, además, ahorrar dinero. Lo estamos haciendo desde pequeños negocios que practican la economía circular, donde a la ropa se le da una segunda, tercera o cuarta vida y finalmente, se recicla. En el mundo de la moda infantil este sistema es doblemente práctico, debido a que el rápido crecimiento de los bebés obliga a cambios casi continuos de armario para adaptar las prendas a la talla de nuestros hijos. Eso conlleva un consumo elevado y un gasto económico importante. La pregunta es, ¿necesitamos comprarles tantas prensas cada dos o tres meses? Esta pregunta se la hace mucha gente y es la causa de que los sistemas de alquiler de ropa estén creciendo. Se estima que este sistema permite ahorrar hasta un 30% al año en el presupuesto destinado a vestir a los más pequeños de la casa.

Afortunadamente las familias están entendiendo lo beneficioso que resulta practicar este consumo responsable, que evita el desperdicio inútil de materias primas, fuentes de energía y agua. En este paradigma se mueve el alquiler de ropa, que opta por la reutilización y el aprovechamiento. Si, además, las prendas están fabricadas con materiales orgánicos y en sistemas de producción eficientes y racionales, el valor para los consumidores y las familias es doble.

El hecho de que las familias tengan una conciencia ecologista y hayan optado por favorecer el ahorro y optar por un consumo responsable en lugar de desperdiciar o despilfarrar es una buena noticia y estoy segura de que estos hábitos serán para la sociedad un espejo en el que mirarse.

Artículo elaborado por Patricia González Melgar. Fundadora de Lapona

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