¿Por qué te quiero tanto, mi amor?

Así nos seduce el recién nacido

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Los recién nacidos nos enamoran. Las mamás están dispuestas a todo con tal de complacer a su bebé. ¿Quieres saber por qué y cómo nos seducen los recién nacidos?

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El bebé humano es la criatura de la naturaleza que nace más desvalida. No tiene apenas pelo que le proteja del frío, ni puede desplazarse para conseguir alimento o huir de los peligros. Nos necesita para todo y, por eso, la naturaleza le ha regalado la herramienta más poderosa para logar sobrevivir: despertar sentimientos de ternura y protección que nos impulsan a darle lo que necesita.

Nadie escapa a su poder de seducción. Da igual si has tenido hijos o no. Cuando ves a un recién nacido durmiendo, te inunda una sensación de paz irrepetible. Si está despierto, te atrapará con sus ojos hipnóticos. Y no hay nada tan desasosegante como su llanto, que prácticamente te obliga a intentar calmarlo por todos los medios.

La clave está en el olor

Los científicos han encontrado explicación para el enamoramiento súbito que provoca el recién nacido en sus padres. Y han descubierto que el olfato, el tacto o el oído juegan un papel fundamental en el proceso.

En un experimento realizado por el etólogo francés Hubert Montagner se descubrió que ya a los tres días de nacido, el bebé era capaz de reconocer el olor de su madre. Y esta también era capaz de diferenciar cuál era su bebé de entre otros recién nacidos por el olor en el mismo lapso de tiempo.

Los tiempos se aceleran cuando ha sido posible el contacto piel con piel desde el mismo momento del nacimiento. Casi la mitad de las mamás son capaces de reconocer el llanto de su recién nacido (diferenciándolo de otros bebés) el día después del parto. A la semana, el porcentaje se eleva al 80%. Este reconocimiento, este sentimiento de pertenencia es fundamental para la supervivencia del bebé.

El llanto es sin duda el recurso más básico y más efectivo de que disponen los bebés para hacernos entender que necesitan algo, pero reducir sus habilidades a eso es quedarnos muy cortos. Tienen muchas más herramientas para llamar nuestra atención: nos imitan, nos sonríen ¡y además las perfeccionan cada día!

De alguna manera, los bebés utilizan todo el cuerpo para comunicarse. Cuando algo les llama la atención intentan acercarse moviendo cabeza, brazos y torso. Si les duele la barriguita, se ponen completamente rígidos. Cuando están a gusto en nuestros brazos, encuentran la manera de adaptarse al milímetro a nuestro cuerpo... Si aprendes a 'leer' los movimientos corporales de tu hijo tendrás mucho ganado a la hora de adivinar sus necesidades.

Abrazarlo, lo mejor del mundo

Los bebés sienten predilección por pecho calentito y la voz de su mamá. ¡Normal, si se han pasado nueve meses escuchándola! Por eso, lo que más les calma es ponerlos cerquita del corazón, mejor si es sin ropa de por medio. Este sencillo gesto produce una liberación de hormonas tanto en la mamá como en el bebé que tiene un efecto calmante y tranquilizador mágico.

Cuando tienes a tu bebé relajado encima sientes que todo está bien y que no hay nada más importante en el mundo, que ese es el sitio donde debes estar en ese momento, mirándolo, acariciándolo suavito, respirando su olor y deseando que ese instante dure para siempre.

Basta con imaginarnos al bebé dentro del útero para entender por qué necesitan tanto contacto y contención cuando nacen. Es como si necesitaran que los siguiéramos abrazando ahora que están con nosotros. Ellos lo necesitan y a nosotros nos gusta, porque el contacto piel con piel con el recién nacido provoca una descarga de oxitocina, una hormona que provoca placer y bienestar.

 

Etiquetas: bebé, oxitocina, parto, recién nacido

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