Comunicación con el recién nacido

¿Qué espera el bebé de sus padres?

El recién nacido es un ser completamente desvalido, que depende por entero de sus padres. Sin nuestras atenciones y afecto no podría sobrevivir. Para que nuestro hijo crezca seguro y confiado, debemos darle lo que necesita en cada momento.

¿Qué espera el bebé de sus padres?

Responder a las demandas de nuestro bebé alimenta en él un sentimiento de confianza, que se va consolidando a lo largo del primer año y es de vital importancia. Si el niño puede confiar en las personas que lo cuidan, no verá el mundo como un lugar amenazador y aprenderá a confiar también en los demás. Pero… ¿cómo saber qué espera de nosotros

Hay que estar a su lado

El bebé necesita a alguien junto a él, que sea sensible a sus demandas y le transmita cariño y seguridad. Y esta persona suele ser la madre.

  • Con la madre existe un fuerte vínculo afectivo, que se establece incluso antes del nacimiento. Si la relación con mamá es estrecha y sólida, el bebé se siente protegido, y se vuelve confiado.
  • La madre puede afianzar ese vínculo de seguridad con su actitud hacia el niño: acariciándole cuando llora o devolviéndole la mirada cuando él la mira. Estas pautas quedan grabadas en la memoria del bebé: 'Soy importante para mi mamá'.
  • La dedicación de la madre intensifica la relación. Si es quien más tiempo pasa con el niño, no es raro que sea en ella en quien más confíe él. Por eso, si necesita consuelo y ambos padres están disponibles, suele preferir los brazos maternos (y hay que respetarlo). Esto no significa que el bebé no confíe en papá. Si se deja consolar por él cuando mamá no está, es señal de que también existe un fuerte vínculo con el padre.
  • Que el niño necesite a alguien a su lado no implica que la madre deba estar con él las 24 horas del día. Durante años, los psicólogos insistieron en que los niños requerían, especialmente en el primer año, una única persona de confianza. Pero hace tiempo que esta idea ha sido desmentida. Los bebés asumen sin problemas, y hasta con agrado, que varias personas se ocupen de ellos (aunque es preferible que no sean más de tres). Lo que hacen es desarrollar vínculos de distinta calidad, distinguiendo entre figuras muy cercanas (mamá, papá) y otras más lejanas (el abuelo, la tía, la canguro...).
  • Lo que sí perjudica (y confunde) al bebé es cambiar constantemente de cuidadores.

 

Actuar de inmediato

A un recién nacido hay que atenderlo de forma rápida y eficaz. Y eso requiere saber interpretar su lenguaje.

  • Las necesidades de un bebé no se pueden aplazar. Si está hambriento, tiene frío o está asustado, hay que poner remedio sin dilación. Es la mejor manera de demostrarle que puede fiarse de sus padres, porque están ahí cuando los necesita. La teoría de que hay que dejar llorar a los niños, porque si no se malcrían, no tiene fundamento. Cuando un recién nacido llora, sea cual sea el motivo, hay que acudir enseguida y ofrecerle el consuelo que precisa.
  • Cuando un niño llora, está diciendo que algo le pasa, el problema es que muchas veces no es fácil adivinar qué. Al principio hay que esforzarse en descifrar el llanto, observando y escuchando lo que pide en cada momento. «¿Tiene hambre, sueño o, tal vez, el pañal mojado?».
  • Con el tiempo, los padres distinguen los tipos de llanto. Y eso es importante. Pero no hay que sentir remordimientos por interpretar mal el llanto alguna vez. No va a trastocar la confianza que el bebé tiene en nosotros.
  • A veces, el niño ha comido bien, ha dormido, está seco... y no deja de llorar. El recién nacido también puede protestar porque se siente solo y reclama a mamá: el contacto corporal es tan importante y vital como el alimento. Las necesidades del bebé no son solo físicas, sino también afectivas. Necesita un ambiente cálido y acogedor con muchas, muchas muestras de ternura.

 

Guardar la calma

Para el niño es tranquilizador que sus padres sean capaces de mantenerse serenos en los momentos difíciles.

  • En ocasiones, cuando el bebé se siente mal, lo único que necesita es una persona que esté con él y conserve la calma. Alguien que le tenga en brazos mientras llora o que se siente junto a su cuna y se quede allí, en silencio, acariciándole la cabeza. Eso le tranquiliza mucho.
  • El problema es que cuando un bebé llora desconsoladamente y los padres no saben cómo apaciguarlo, es habitual que se desesperen y acaben perdiendo los nervios. Entonces, en lugar de ternura y afecto, el pequeño recibe una demostración de enfado: por haber interrumpido el sueño de sus padres, por la impotencia que da no saber qué hacer.
  • El bebé percibe el cambio. Aunque no comprenda el significado de las palabras, nota que el tono de voz es distinto, que la actitud no es tan cariñosa como siempre... Pero eso no le hace perder la confianza, pues reconoce la situación como un desliz. De hecho, si en algún momento de la misma noche vuelve a necesitar a sus padres, los reclamará de nuevo y se dejará consolar sin tener en cuenta la reacción anterior.
  • Lo ideal sería que los padres siempre se mostraran comprensivos y pacientes. Pero, si excepcionalmente no lo hacen, no deben culpabilizarse por no comportarse como el bebé espera.

 

Respetar sus deseos

Cumplir sus expectativas también implica saber reconocer cuándo desea que le dejen en paz.

  • El exceso de estímulos molesta a los bebés. Los recién nacidos son muy sensibles al exceso de luz, ruidos... y envían señales claras. Por ejemplo, vuelven la cabeza cuando no quieren recibir carantoñas o empiezan a llorar si se les mira con insistencia a los ojos. Ser sensibles a sus necesidades conlleva estar atentos a estas reacciones y actuar en consecuencia.
  • Estar siempre cerca, saber escuchar, tener paciencia, ser afectuosos, derrochar comprensión, transmitir seguridad... a veces requiere un enorme sacrificio. Pero merece la pena. Lo que se consigue en este periodo tiene repercusión en el resto de la vida.
  • Los bebés que crecen sintiéndose seguros y confiados, después son niños independientes. Además, pueden concentrarse mejor, juegan con más fantasía, se relacionan más fácilmente con otros niños y desarrollan un elevado sentimiento de autoestima.

 

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