Bebé

Cómo fortalecer el vínculo con el bebé en sus primeros meses de vida

¿Cómo se establece el vínculo con el bebé durante los primeros meses de vida?, ¿Qué podemos hacer para fortalecerlo? Aclaramos todas las dudas.

bebé y madre
Foto Istock

De recién nacido, nuestro hijo no habla y se pasa la mayor parte del tiempo dormido. “¿Sabrá que soy su madre?”, nos preguntamos. Nos preocupa que pueda no advertir todo lo que le queremos. Sin embargo, es capaz de percibirlo. “El vínculo se inicia mucho antes de que el niño nazca. Ya durante el embarazo, los padres van tejiendo sus fantasías sobre cómo deberá ser su bebé. Tanto los padres como el recién nacido están asombrosamente programados para iniciar el vínculo entre ellos desde el primer instante en que se ven. El recién nacido posee la capacidad sensorial necesaria para condicionar de forma activa las reacciones de sus padres hacia él. Desde la primera impresión, el diálogo se inicia. Ahí empieza un vínculo que durará toda la vida”, señala la psicoanalista Encarna Muñoz.

Háblale desde el principio

Como explica la experta, “la antigua idea de que los niños no veían ni oían hasta muchas semanas después de nacer, impedía a los padres iniciar la comunicación, perdiendo así un tiempo precioso en el que la interacción de unos y otros fortalece el vínculo desde el primer instante”. El vínculo se va trenzando desde las infinitas interrelaciones que se dan entre el niño y los padres, de tal forma que la reacciones de uno condicionan las respuestas del otro. El niño influye en la madre y la madre en el niño. Por ello, el cuidado del bebé en estas primeras semanas lo deben hacer los padres para que el conocimiento mutuo no se pierda.

La importancia de la palabra

Cantarle o hablarle es beneficioso para su desarrollo neuronal. El bebé percibe el sentimiento en la entonación de una canción o en la forma en que sus padres le dicen las palabras. A pesar de que no se trata de contacto físico, el bebé se siente envuelto y sostenido por los sonidos. “Estas experiencias sonoras desarrollarán capacidades que le van a permitir entretenerse y descubrir sonidos mientras se encuentra solo en su cuna”, explica la experta.

Además, es importante que le trates como una persona desde que nace. Cuando le hablas como si pudiera entenderte, consigues que él, de alguna forma, te comprenda.

Si tu hijo fue prematuro

Al bebé nacido antes de tiempo, la incubadora le resulta un ambiente natural, justo lo que necesita en esa etapa de su desarrollo. Por tanto, ese nido será lo mejor para él.

“Un parto prematuro sorprende a los padres en un momento en que aún no se encontraban suficientemente preparados para la llegada del bebé. Son muchas las sensaciones que se activan en ellos. De entrada, tendrán que renunciar al hijo soñado, que ya no vendrá en el momento en que se le espera, ni de la forma en que ellos habían imaginado. La madre tendrá que resignarse a que no sea su útero el que sostenga a su hijo y soportar la realidad de ser sustituida por una máquina”, explica la doctora. Si te surgen sensaciones de extrañeza o de no reconocer al niño, incluso, sintiéndolo ajeno a ti, es completamente normal.

Además, puedes frustrarte y creerte innecesaria para tu pequeño al pensar que está creciendo sin necesitarte. No obstante, procura mantener la calma. Esta situación ha mejorado desde que en los servicios de neonatos los padres participan manteniendo el contacto piel con piel con su bebé prematuro, algo que mejora la supervivencia de los niños y calma a los padres.

“En los primeros días, los padres tienen que elaborar el duelo que supone la situación. Cuando los aspectos narcisistas de los progenitores no están lo suficientemente bien establecidos y no acaban de poder renunciar a sus idealizaciones, la aceptación de la situación será difícil y el vínculo con la criatura se resentirá”, explica la experta.

Aunque la falta de vínculo físico cuando el bebé está en la incubadora puede alejarte física y emocionalmente, lo superarás rápidamente por el amor que sientes por tu hijo.

¿Debemos cogerle en brazos siempre que llore?

Es el gran dilema para muchos padres primerizos. Nuestra madre nos dice que no lo hagamos porque le malcriamos; nuestra amiga, que debemos hacerlo siempre... ¿Cómo actuar?

“Los padres suelen estar preocupados por si el bebé los manipula con su llanto; piensan que, si lo hace cuando es tan pequeño, ¿qué hará cuando sea mayor? Pero no hay que preocuparse por que responder al llanto cogiéndolo sea mimar al bebé de esta edad”, asegura la psicoanalista. Y añade: “El niño no tiene intencionalidad porque aún no tiene psiquismo, simplemente llora cuando se desestructura por alguna razón. De hecho, cuando es atendido solícitamente, especialmente por su madre, lo más probable es que suceda justo lo contrario: haber sido atendido cuando lo necesitaba, lo convierte en un bebé más feliz y lo prepara para que más adelante sea más capaz de entretenerse solo y sea más autónomo”.

Al comienzo, tendrás que aprender a distinguir los diferentes llantos observándole. De los errores que cometas es de donde más aprenderás el idioma con que te habla. A las tres semanas, ya sabrás distinguir los diferentes llantos.

A medida que el niño va creciendo, una de las tareas más importantes que realizarás será ayudarle a que aprenda a calmarse solo, algo que suele empezar a suceder entre las cuatro y las seis semanas de vida. Los bebés tienen una gran capacidad de calmarse solos.

Encuentra el equilibrio

A cualquier edad del crecimiento es imprescindible que exista un contrapeso entre la satisfacción y la frustración. Al comienzo, tu adaptación a las necesidades del niño tiene que ser la máxima posible, aunque no sea perfecta. Lo más probable es que al inicio te encuentres intentando comprender qué le ocurre, circunstancia que hace que la adaptación nunca sea completa ni perfecta. Y es precisamente en esos pequeños lapsus de tiempo en los que no consigues dar la respuesta adecuada, durante los cuales el bebé empieza a desarrollar recursos internos que le ayudan a tolerar y soportar la espera. “La única condición es que la frustración no llegue nunca a ser tan excesiva como para que el niño no la pueda tolerar. La frustración es determinante tanto en los primeros meses de vida como durante el resto de la infancia. Cuando un bebé está sistemáticamente desatendido o no comprendido, en casos extremos, puede que ante lo que percibe como una hostilidad del entorno reaccione inhibiendo la relación con el exterior y paralice su desarrollo cognitivo emocional”, advierte la experta.

Evita el sentimiento de culpa

Es a partir de los errores cuando aprendemos más. Por ello, confía en ti y permítete dudar de lo que haces y no agobiarte si no consigues calmar a tu hijo a la primera. Es posible que tardes en dar con lo que resulta adecuado para tranquilizarlo, pero cada vez que se te plantea la incertidumbre de no saber qué hacer, estás desarrollando el instinto necesario para entender mejor a su bebé. De cómo toleres estas inadecuaciones dependerá en parte la relación con tu hijo. Si tienes paciencia contigo misma, también el niño la tendrá contigo.

“El bebe está programado por la naturaleza de tal forma que muestra de muchas maneras a los padres la experiencia de que ellos lo están haciendo bien. Muchas de las reacciones del bebé van destinadas básicamente a recompensarlos, a asegurarles que están haciendo lo correcto y que son unos buenos padres”, explica la doctora.

Si no hay un buen vínculo

Cuando el ambiente no es lo suficientemente sensible a las necesidades del recién nacido y no se establece el vínculo emocional desde donde empezar a existir, la salud mental del bebé puede quedar afectada.

“Si el proceso que se da durante las primeras semanas de vida, en las que el niño se percata de que él es alguien diferente a su madre, se precipita, es decir, el niño siente demasiado pronto la separación de la madre en un momento en que aún no está preparado, puede tener problemas en su desarrollo emocional”, advierte la experta.

En casos de privaciones graves, el bebé no consigue integrarse y genera defensas de protección que alterarán el desarrollo psicoemocional. Algunos de los trastornos graves de la personalidad, así como algunas de las psicosis en adultos, son consecuencias de la imposibilidad del recién nacido a vincularse con la madre.

“De todas formas, hay que tranquilizar a los padres corrientes y señalar que para que se den estas circunstancias, las condiciones del entorno tienen que ser muy desfavorables”, señala.

Está claro que el niño depende de su madre, pero esa dependencia no hay que darla por establecida desde el inicio, es algo que se tiene que alcanzar durante los primeros días de vida y que se consolida en los siguientes meses. Solo cuando la madre consigue un ambiente de confianza, donde ella se encuentre presente siempre que él la necesite, será posible la vinculación. El niño tolera ser dependiente de su madre cuando la localiza justo en el momento en que la necesita.

Solo en el peor de los casos, cuando el recién nacido no consigue vincularse, es decir, confiar en la madre, el desarrollo de su personalidad se altera hasta deformarse.

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