Primeros meses de vida

Criar y cuidar a un bebé modifica el cerebro (aunque no seas su madre o su padre)

La ciencia acaba de demostrar que el cerebro de la persona que se encargue de la crianza y los cuidados de un bebé puede verse modificado por factores externos, independientemente del vínculo biológico que lo una al pequeño.

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Fuente: iStock

¿Alguna vez te han encargado cuidar de un bebé, aunque no fueras su madre ni su padre? Probablemente sea así. Así que, probablemente sepas identificar cómo tus pensamientos han cambiado en el momento en que lo has sostenido en tus brazos: te vuelves cuidadoso y todo lo que está a tu alrededor se vuelve menos importante: ahora lo esencial es que al pequeño no le pase nada. Habrás notado cómo, en ese momento, ha florecido en ti un instinto de protección.

Pues bien, esto no es ninguna tontería: la ciencia se ha encargado de confirmar que, cuando se cría a un bebé, el cerebro del cuidador se modifica, independientemente del vínculo biológico que le una a ese pequeño. Así lo confirma el estudio ‘Two Open Windows: Part II’, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Denver (en Estados Unidos). En concreto, los autores comentan que la persona que cuida a un bebé experimenta modificaciones en su cerebro similares al estadillo cerebral que se produce en el bebé en sus primeros años de vida. Esta segunda parte de la investigación ayuda a complementar la primera, publicada en 2015: aquella decía que esa modificación sólo se daba en el cerebro de la madre y el padre, pero ahora han demostrado que puede extenderse a cualquier persona que se encargue de los cuidados del pequeño en sus primeros meses de vida, independientemente del vínculo biológico que lo una a él.

La importancia de los primeros meses de vida

Recordemos que, tal y como expone la doctora Encarna Muñoz en su libro ‘El Principio de la Vida’ y tal y como nos comentaba en esta entrevista, el cerebro del niño empieza a formarse en el útero y es desde el embarazo cuando empieza a recibir estímulos que conformarán su personalidad y su carácter futuro. Según la profesional, “en los tres primeros meses de vida, el recién nacido empieza a tener constancia de que su madre y él son dos personas independientes”, nos contaba. “Cuando el bebé percibe el exterior como algo demasiado hostil, su relación con el entorno le inhibe para evitar el dolor o el malestar que le provoca”, nos contaba. Por tanto, podría afectar al futuro carácter del pequeño.

Pero, ¿qué tiene esto que ver con la investigación que nos atañe? Pues que en la primera parte del estudio, a este proceso descrito por la doctora Muñoz se le conoce como ‘Ventanas de oportunidad’: un fenómeno que explica que tanto el cerebro de los padres como el del bebé pueden ser fácilmente moldeados por las circunstancias externas a la crianza que vivan en esos primeros meses de cuidados. Algo que ahora se extiende al cerebro de la persona que lo críe, como decimos, independientemente del vínculo biológico que le una al bebé. Es decir, padres adoptivos, familias de acogida, abuelos o cualquier familiar cercano encargado de la crianza del niño durante sus primeros años, podrían ver cómo los inputs externos podrían afectar a su cerebro y también a la forma de relacionarse con el pequeño.

Debemos proteger a la crianza

No es de extrañar que esta investigación ponga el punto de atención en la importancia de mantener cubiertas todas las necesidades de los padres en esos primeros meses después del nacimiento del bebé, puesto que son los más importantes para su desarrollo. “La concienciación de la sociedad, sobre la importancia de la necesidad de proteger a las madres y los padres durante el periodo de crianza es fundamental para la salud mental de las futuras generaciones”; nos contaba la doctora Muñoz.

Marta Moreno

Marta Moreno

Como dijo Nelson Mandela “la educación es el arma más poderosa que existe para salvar el mundo”. ¿Qué tal si educamos desde el respeto, el amor y en familia?

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