Absurdas competiciones

Entre madres: "mi bebé es el mejor"

Algunas madres se empeñan en hacer absurdas competiciones para demostrar que su hijo es el más listo y guapo, o que es ella la que mejor lo cría. ¿Será que han concebido a un bebé superman?

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Para todas nosotras nuestros bebés son divinos, los más guapos del nido, los más listos del parque, los más simpáticos del barrio y los más hermosos y bien criados que ha visto el pediatra en años. Si nos queda alguna duda, ya están las abuelas para recordárnoslo.

Pero, claro, somos muchas mamás y muchos bebés para todos los gustos y hay ocasiones en las que nos damos de bruces con la realidad: nuestro retoño es maravilloso, pero siempre habrá alguno que lo supere en algo y ya estará su madre ahí para que las demás nos enteremos bien.

¡Mi bebé pesa cuatro kilos!


Una de las primeras competiciones que hacemos las madres, sobre todo las primerizas, es el peso del nacimiento. Parece que el bebé que haya pesado más se lleva la palma de oro.

Y por si fuera poco: ahí están como severos jueces los percentiles que nos vigilan desde la cartilla del pediatra para “juzgarnos” en cada revisión tras la pesada y la medida. Es importante, sí, porque según los datos que arrojen el peso y la talla, se controla si ese crecimiento está siendo correcto. Sin embargo algunas mamás se lo toman como si fuera una calificación con la que se vaya a aprobar o suspender al pequeño o a ella.

Y no es así. El bebé puede estar situado en un percentil bajo, pero eso significa que es más menudo físicamente que otros bebés de su edad (por factores genéticos, haber sido prematuro…), sin que ello suponga que esté mal alimentado. O estar en el más alto, con lo cual está en un grupo muy pequeño de bebés más grandotes, o en el percentil cincuenta, es decir que como él miden y pesan cincuenta de cada cien niños de su edad.

En algunas ocasiones un percentil bajo se suele comentar con reparo, mientras que estar en el 97 es motivo de orgullo. ¿Realmente eso importa si el bebé está perfectamente y es feliz?

Mi niño es el más grande

Superado o no el tema de los percentiles, pasamos a rivalizar con los progresos del bebé en otros ámbitos: si ya se sienta, si ya se pone de pie, no digamos si ya camina o no…

Nunca he entendido ese afán porque los bebés caminen antes de cumplir un año. Los que ya tenemos hijos mayores sabemos que una vez que cogen carrerilla, se acabó la tranquilidad y pocas son las tardes de parque que nos quedarán sin tener que correr detrás de esa pequeña balilla humana que antes disfrutaba sentadito comiéndose la tierra.

El desarrollo de cada niño es diferente para todo, y cada niño caminará cuando sus sistemas óseo y nervioso estén preparados. No hay que agobiarse, ni sentirse presionado ni por abuelos, ni vecinos ni por amigas con bebés atletas.

Mi hijo hace pis solito

La competición continúa con el control de los esfínteres. Hacer pis y caca solito es todo un avance, además de un gran ahorro en pañales y toallitas. Sin embargo para lograrlo sí que es necesaria una maduración neurológica y del aparato urinario y digestivo.

Es verdad que ir al baño es un hábito que se adquiere y que nos exigen para entrar en el colegio con tres añitos. Pero tenemos tiempo de sobra. No cometamos locuras como unos padres que comenzaron a poner a su bebé con dos meses en el orinal para “ir acostumbrándolo”, porque su primito de dos años ya no lleva pañal desde hace meses. Hacerlo antes de que estén preparados puede ser contraproducente.

Además, a unos les cuesta más que a otros y habrá que echar mano de la paciencia para superar esta etapa. ¿Quién necesita presiones con la tarea que ello supone?

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Mi bebé ya tiene dientes

La salida del primer dientecito suele celebrarse con mucha alegría y es motivo de orgullo de los padres. Seguro que para nuestro hijo no tanto, a la vista de tantas babas y tanta ansia de morder todo lo que cae a su alcance.

Por contra, un bebé desdentado con casi un año de edad provoca una absurda preocupación y asombro en otras personas que siempre tienen algo que decir con ese poco tacto que les caracteriza: “¡¡¡anda, si no tiene dientes aún!!! Pues al mío le salieron cuatro a la vez con seis mesecitos”.

Y mamá se siente como si hubiera hecho algo malo, como si durante la gestación hubiera cometido una falta grave penalizada con esperar turno para poder ver aparecer los dientes de su pequeño.

Mi niño es el más listo

Y qué decir si el hijo de tu vecina hace todo tipo de cucamonas, como mover la manita al son de Los cinco lobitos, da las palmas con seis meses como si fuera Camarón, o recita a Lorca con un año y medio (que los hay, que yo los he visto y escuchado). Eso te provoca una tremenda frustración cuando le dices al tuyo que de palmitas y te atiza un sonajerazo.

Volvemos a lo de siempre, cada niño madura a su manera. Si no habla o hace gorgoritos, descartemos que no oye bien y dejemos de preocuparnos. Hay niños que por sí mismos sienten la necesidad de comunicarse y otros que son más tranquilos y no lo necesitan, de momento.

Lo importante y lo que debe primar es que esté sano, crezca bien y sea feliz y eso es algo que por muchas o pocas destrezas que demuestre a edades tempranas se nota rápidamente.

Yo soy mejor madre, ¿o no?

“Mi hijita lo pasa fatal con los gases. Aunque la pongo a echar el aire después de cada toma, nada, no los consigue expulsar y luego le duele la tripa. Qué sufrimiento, chica”. Se queja Raquel a una amiga del parque. “Pues, hija, lo siento – responde la amiga- porque la mía se toma unos biberones enoooormes, la pongo al hombro y se echa unos eruptos… que claro, se queda tan a gusto que duerme después como una lirona”.

Tal vez no haya maldad en el comentario de la segunda mamá pero sí una necesidad de contar que su hija come bien y duerme mejor que la de su amiga. ¿Por qué? ¿Falta de empatía? Probablemente, pero también mucha inseguridad como madre.

No es sano competir constantemente y menos en aspectos que no dependen de nosotras. Aceptar a nuestros hijos tal y como son aunque tarden más en dejar el pañal, en decir mamá o caminar, y estar seguras de que lo estamos haciendo lo mejor posible aunque no seamos perfectas, es el mejor camino para disfrutar de este etapa única en que lo más importante es que ellos y nosotras seamos felices.

Luz Bartivas es escritora y madre, autora de El Síndrome de mamá osa

Etiquetas: 1 año, 2 años, bebé, control de esfínteres, madre, madres, primeras palabras, primeros pasos, sueño

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