La importancia de la exterogestación

Exterogestación del bebé: ¿de qué trata y por qué es importante?

Aunque la gestación de un bebé como tal acabe a los 9 meses de embarazo, la realidad es que necesita de un segundo período para formarse, lo que se llama exterogestación.

madre y bebé
Fuente: iStock

Bien cierto es que los seres humanos desde su concepción hasta su llegada al mundo permanecemos en el útero de nuestra madre unos 9 meses como mucho. Pero también es una realidad que, aun pasando ese tiempo, no quiere decir que ya estemos completamente formados. Por eso necesitamos terminar este proceso después de nacer y a eso lo llamamos exterogestación. Veamos en qué consiste. 

Desde la concepción hasta el parto de un bebé humano, en las condiciones óptimas pasan 9 meses. Es decir, entre 38 y 40 semanas dentro del útero de la madre es el tiempo que necesitan los embriones humanos para madurarse.

No obstante, ese tiempo no es suficiente. Pensemos en un bebé, aunque ya haya nacido, es una pequeña personita que depende al completo de sus padres. No sabe comunicarse, necesita atención, protección, no tiene capacidad para moverse libremente y también requiere de mucho contacto y cariño para sobrevivir. Es decir, que necesita seguir “gestándose” aunque ya haya llegado al mundo.

La importancia de la exterogestación del bebé

Aunque en otras especies animales a los pocos meses de nacer ya sean capaces de ser independientes, en los seres humanos se necesita como una “segunda gestación”, algo así como una gestación fuera del útero que conlleva un proceso de adaptación a la vida. A esto lo llamamos exterogestación o gestación exterior.

Más o menos, los bebés necesitan unos nueve meses más para terminar de formarse. Es por eso que además de lactar, también requieren de calor y contacto de sus padres, para crear esa sensación que tenían dentro del útero de su mamá.

Y es que, los seres humanos son los animales que más tiempo pasamos cuidando de los recién nacidos. De hecho, incluso tras esta exterogestación, que abarca unos nueve meses o un año, necesitamos de aún más cuidados para conseguir tener una completa independencia y saber sobrevivir solos.

¿Por qué no terminamos de desarrollarnos en el útero?

Puede ser que después de leer esto te hayas preguntado por qué entonces no terminamos de formarnos para nacer completamente desarrollados. Pues bien, el desarrollo evolutivo de nuestra especie podría ser el causante de este nacimiento prematuro. Esto es conocido como dilema obstétrico.

Según los especialistas, para que los humanos pudieran caminar erguidos y sobre dos patas (la bipedestación), la propia evolución fue la que hizo que la pelvis y el canal vaginal se estrecharan para poder permitir esta nueva forma de desplazamiento.

Ahora relacionemos este hecho con el momento del nacimiento. Cuando nacemos, nuestros huesos y nuestro cráneo son maleables y esto es así para que podamos atravesar el canal de parto en el momento del alumbramiento. Claro que, si estuviéramos más tiempo gestándonos y creciendo dentro del útero, la cabeza sería tan grande que no podríamos salir por el canal vaginal de manera natural.

Esta es la razón que explicaría por qué necesitamos de un poco más de tiempo después de nacer para acabar de formarnos. Algo que es no solo beneficioso a nivel físico, sino que gracias a todos los estímulos que recibimos en esta segunda gestación, también nos beneficia en el plano emocional, intelectual y psicológico.

foto claudia

Claudia Escribano

Periodista y curiosa. Aunque lo último es por naturaleza, para eso no existen títulos universitarios. Me encanta descubrir cosas nuevas y transmitirlas a los demás. Y para eso utilizo las palabras, la fotografía o todo aquello que me permita comunicar. ¡Mi objetivo aquí es haceros llegar muchas de ellas!

Continúa leyendo