Desarrollo del bebé

¿Los bebés sueñan?

Siempre se ha convertido en un verdadero enigma para la mayoría de investigadores y estudiosos, y aunque algunos neurocientíficos consideran que no es posible, muchos se siguen preguntando si en realidad los bebés podrían soñar cuando duermen.

Tanto si somos padres primerizos, como si ya tenemos cierta experiencia porque ya lo hemos sido hace algún tiempo y ahora se ha producido un nuevo nacimiento, es normal que todo cuanto se relacione con el recién nacido nos sorprenda enormemente. Sus ojos, su pelo, sus gestos, su linda carita, su delicada y suave piel… Los admiramos cuando están despiertos, y también cuando duermen plácida, calmada y relajadamente. 

Y, de repente, en medio de una de esas siestas cotidianas (recuerda que, al menos al comienzo, los recién nacidos y bebés pequeños se pasan la mayor parte del tiempo durmiendo), parece sonreír entre sueños. Lo que puede llevarnos a que nos hagamos una pregunta: ¿Es verdad que los bebés sueñan? Y si es así, ¿con qué sueñan los bebés?

Es cierto que nada parece absolutamente más relajante y tranquilo como un bebé que duerme. Pero cuando, de repente, lo vemos sonreír u observamos que sus párpados empiezan a moverse y a agitarse, podríamos pensar que se encuentra inmerso en un sueño mucho más activo. De manera que es normal que nos preguntemos no solo si en realidad podrían estar soñando, o no, y qué ocurre en sus cerebros a medida que crecen y comienzan a absorber cada día una mayor cantidad de información.

Los bebés pasan la mayor parte del tiempo durmiendo. Y tienden a mantenerse despiertos unas pocas horas a lo largo del día. Sin embargo, se produce un enorme crecimiento y desarrollo durante esos largos períodos de sueño. Es más, la investigación muestra que el sueño es tan formativo para el desarrollo de los bebés como lo son los episodios de conciencia dispersos cuando se encuentran despiertos, con los ojos y los oídos bien abiertos.

Y como ocurre con los adultos, los expertos señalan que muy posiblemente dormir ayude a los bebés a retener y / o proteger la memoria, entre otras importantes funciones. Incluso alguna que otra investigación científica también ha sugerido que ayuda a promover un crecimiento físico saludable.

Pero dado que los bebés no pueden expresar qué han soñado, todo lo relacionado con el momento del sueño del bebé se convierte en una auténtico desafío para los investigadores, y también en una intriga para muchas mamás y papás.

Aún cuando se han realizado muchísimos avances en relación a descubrir algunos aspectos directamente relacionados, por ejemplo, con las diferentes etapas o fases del sueño, como escribió la periodista científica Angela Saini en un artículo publicado en el año 2013 en The Guardian, “entrar en la cabeza de un bebé es como descifrar los pensamientos de un gatito”. Los cerebros están compuestos de tantos fenómenos intangibles que, al menos por el momento, las diferentes tecnologías comúnmente utilizadas para medir esas cosas intangibles (como por ejemplo podría ser el caso de las máquinas de escaneo cerebral), son ciertamente complicadas de utilizar en los bebés. Lo que ha hecho que, durante décadas, este misterio se haya convertido en una fuente inagotable de intrigas y preguntas sin respuesta.

Por ejemplo, ya en la década de 1960, el psicólogo David Foulkes teorizó que los niños rara vez recordaban sus sueños antes de los 9 años de edad. Este psicólogo continuó sus estudios sobre los sueños pediátricos durante décadas, y en el año 2002 concluyó que los humanos no tienen sueños en sus primeros años de vida. De acuerdo a Foulkes, el hecho de que los bebés “puedan percibir una realidad” no significa que “también puedan soñar una”. Es decir, equiparamos erróneamente la capacidad de percepción de los bebés con la capacidad de soñar.

Eso sí, descubrió que los niños no empezaban a soñar hasta que tenían unos pocos años de edad, y podían imaginar su entorno tanto visual como espacial. 

Aún así, en los últimos años se ha producido un reconocimiento científico bastante creciente acerca de la capacidad de los bebés para saber, observar, exfoliar, imaginar y aprender más de lo que nunca hubiéramos creído posible. A lo que se le suma que la comprensión de la ciencia que investiga los sueños también ha ido evolucionando poco a poco.

Por ejemplo, en el año 2005, The New York Times publicó una sesión de preguntas y respuestas con el director del Centro de Medicina del Sueño del Centro Médico Presbyterian / Weill Cornell de Nueva York (Estados Unidos), afirmando, cuando se le preguntó si los bebés soñaban, “sí, hasta donde sabemos”. El investigador señaló que se trataría de una inferencia bien basada, y que lo hacen durante la fase de sueño que se caracteriza por la aparición de movimientos oculares rápidos, también conocida como REM.

En el caso de los bebés, sin embargo, los neurocientíficos creen que el sueño REM desempeñaría un papel completamente diferente a los adultos. Tanto en los recién nacidos como en los bebés, esta fase les permitiría a sus cerebros construir vías, integrarse y, posteriormente, desarrollar el lenguaje. Y la mayoría de los estudiosos coinciden en señalar que, en realidad, soñar consiste en un proceso cognitivo que originalmente surgiría en la primera infancia, una vez que los niños han adquirido la capacidad de imaginar cosas visual y espacialmente. 

Es decir, para que los sueños ocurran, los niños deben haber adquirido la capacidad de imaginar cosas. Deben ser, en definitiva, capaces de construir visual y espacialmente para experimentar luego el sueño tal domo lo hacemos.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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