Vídeo de la semana

Cuidados del recién nacido

Los mejores cuidados para los ojos del recién nacido

El recién nacido es delicado por naturaleza. No solo su piel es tremendamente sensible y delicada, también lo suelen ser sus ojos. Por este motivo, es fundamental fijarnos bien en cualquier síntoma o señal que pueda advertir acerca de la posible presencia de alguna infección. Y, sobre todo, saber cómo deberíamos cuidarlos y limpiarlos cada día.

Especialmente si eres mamá o papá primerizo, es normal que todo lo relacionado con tu recién nacido te resulte nuevo. Y no solo te resulte nuevo; también es habitual que cualquier problema, por mínimo que sea, te preocupe en exceso. Es algo absolutamente cotidiano, difícil de evitar. Y aunque solemos prestar especial atención a algunos cambios o problemas que puedan surgir y producirse en áreas mucho más visibles, como por ejemplo podría ser el caso de la piel, lo cierto es que sus ojos son también tremendamente sensibles y delicados, sobre todo durante los primeros meses.

A pesar de que, al comienzo, la visión del recién nacido no es del todo clara, el pequeño empezará a explorar su mundo con los ojos prácticamente después de nacer. Aunque te puedan parecer perfectos, son tan delicados que es común que a menudo surjan algunos problemas. Lo que significa que los ojos pequeños de un bebé recién nacido necesitan de una serie de cuidados adecuados. 

Por tanto, es imprescindible estar siempre atento a cualquier problema y síntoma que pueda surgir, como ojos llorosos o enrojecidos, presencia de mucosidad, imposibilidad de abrir los párpados con normalidad… Es conveniente alertar al pediatra del bebé ante la aparición de cualquier signo o síntoma que parezca fuera de la común. Por este motivo, a continuación, descubrimos algunas de las afecciones oculares más comunes entre los recién nacidos, y cómo debes cuidar sus ojos fácilmente cada día.

Conducto lagrimal bloqueado

Entre las tres a cuatro semanas de edad, los recién nacidos empiezan a producir lágrimas. A partir de este instante, es común que poco después comience a observarse una producción o descarga excesiva de moco. Sin embargo, algunos bebés pueden nacer con los conductos lagrimales bloqueados, lo que hace que se formen lágrimas en los ojos y rueden a lo largo de las mejillas.

En ocasiones podrían aumentar el riesgo de la formación de una infección bacteriana, sobre todo cuando las lágrimas no son drenadas adecuadamente. De ahí que sea fundamental que los conductos lagrimales bloqueados deban ser evaluados por el pediatra, puesto que, si se desarrolla una infección, es necesaria la aplicación de un tratamiento.

Por suerte, la mayoría de los conductos lagrimales bloqueados suelen abrirse por sí solos a lo largo del primer año de vida del bebé.

Infección ocular o conjuntivitis

Conocida médicamente bajo el nombre de oftalmia neonatal, consiste en un tipo de infección ocular (o conjuntivitis) que en ocasiones se puede desarrollar en los recién nacidos. 

Un médico llamado Carl Crede fue el primero en descubrir, allá por la década de 1800, que los bebés a menudo se contagiaban de oftalmia neonatal durante el parto vaginal. Y, concretamente, descubrió que la causa principal era la gonorrea, un tipo de enfermedad de transmisión sexual. Este tipo de infección ocular, si no es tratada, puede causar ceguera.

Aunque el número de casos disminuyó de forma casi inmediata desde el momento en el que se comenzó a utilizar nitrato de plata en los ojos de los recién nacidos inmediatamente después del parto. 

Dado que poco a poco se demostró que la instilación ocular con nitrato de plata resultaba muy dolorosa, la cual además aumentaba el riesgo de conjuntivitis tóxica, en la actualidad se tiende a utilizar un ungüento para ojos con eritromicina, la cual es tremendamente efectiva para reducir las infecciones gonocócicas, las causadas por clamidia (una de las causas más comunes de oftalmia neonatal hoy en día), y además es mucho más cómodo para el bebé.

Cómo cuidar los delicados ojos del recién nacido

Es conveniente limpiar los ojos del recién nacido todos los días. Para hacerlo, en la mayoría de las ocasiones bastará con utilizar un paño limpio. Para ello, debes siempre lavarte las manos bien antes de empezar. Remoja una bolita de algodón en agua limpia, y aprieta con suavidad para retirar el exceso de agua.

Ahora limpia el ojo, limpiando con suavidad la bola de algodón desde la esquina inferior hacia la esquina exterior. Es fundamental utilizar una bola de algodón limpia y húmeda distinta para cada ojo. Es la mejor forma de evitar que se pueda producir una infección cruzada.

Eso sí, ten en cuenta que a algunos bebés no les gusta demasiado que les limpien los ojos, ya que tiende a resultarles demasiado molesto. Si es así, debes asegurarte primero de que el agua se encuentre tibia, lo que hará que la sensación sea más agradable. En cualquier caso, es mejor limpiar rápidamente sus ojos, y seguir con el resto de la rutina.

En caso de que los ojos del pequeño tengan una infección ocular, suelen desaparecer rápidamente con la limpieza regular del ojo. A la hora de limpiar un ojo infectado o dolorido recuerda que es esencial utilizar siempre bolas de algodón perfectamente limpias, y usar cada bola solo una vez. 

No se debe limpiar el interior de los párpados, aún cuando esta zona sea la fuente de la infección, dado que se podría correr el riesgo de dañar la córnea. Lo más adecuado siempre es limpiar el ojo del recién nacido cuando esté cerrado, y utilizar agua tibia, nunca caliente.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

Continúa leyendo