Piel del bebé

Mi recién nacido tiene manchas en la piel ¿debo preocuparme?

Durante los primeros meses de vida es muy frecuente que los padres, sobre todo aquellos que sean primerizos, acudan al pediatra angustiados con cualquier mancha de la piel. ¿En qué consisten y por qué aparecen?

La mayoría de las veces, las manchas que pueden aparecer en la piel de un recién nacido tienden a ser lesiones leves o transitorias sin importancia. Veamos cuatro de los ejemplos más habituales:

Mancha mongólica

Mi recién nacido tiene manchas en la piel
Foto: Istock

“Qué nombre más feo le han puesto a esto, doctora”. Es la queja habitual de los padres en consulta. Y, sí, la verdad es que un nombre muy poco afortunado. Sobre todo, teniendo en cuenta que se trata de una entidad totalmente benigna y con ese “nombrecito” ya despierta todas las alarmas en unos padres de por sí angustiados.

La mancha mongólica es una lesión plana de coloración azulada que aparece al final de la espalda y las nalgas, en el límite con el culete del bebé, de bordes difusos. Puede que la mancha aumente de tamaño en los dos primeros años, pero va a desaparecer espontánea y progresivamente, como máximo a los 10 años. No necesita ningún tratamiento especial.

Eritema tóxico del recién nacido

Otro nombre poco afortunado, porque también suena a “cosa grave” sin serlo. Éste es frecuente encontrarlo a las pocas horas de vida, incluso en la maternidad, cuando aún no se le ha dado de alta al bebé.

Generalmente aparece a las pocas horas del parto y suele desaparecer a la semana. Nos encontraremos con rojeces en el cuerpo que suelen tener una “puntita” blanca en el centro, como si fuera una espinilla.

Pueden afectar a todo el cuerpo del bebé en pocas horas, sobre todo a la espalda, extremidades y zona del pecho. Es importante informar a los padres de la naturaleza benigna de esta afección, no requiere tratamiento ninguno ni cremas especiales, más allá de la higiene y cremas hidratantes habituales.

Angiomas planos. Picotazo de la cigüeña y beso del ángel

Los angiomas planos son manchas planas, lisas, de color rosa o rojo pálido que aparecen, sobre todo, en la nuca, párpados y frente. Son tan comunes en los recién nacidos que se les ha apodado con nombres tan metafóricos como “picotazo de la cigüeña” en el caso de aparecer en la nuca y “beso del ángel” en el caso de aparecer en la frente o párpados de los pequeños.

Y, ¿tienen importancia? Pues tampoco. Se estima que el 99% de los angiomas planos localizados en la cara desaparecen en el primer año de vida, así que, como veis, no debéis preocuparos. Si salen en la nuca pueden persistir en la edad adulta en cinco de cada cien niños, pero al estar tapados con el pelo pasan fácilmente desapercibidos.

Manchas en la cara del recién nacido
Foto: Istock

Este tipo de lesiones no tiene que valorarse por el especialista ni tampoco hacer ningún tipo de seguimiento fuera de las revisiones habituales por el pediatra. Diferente es que nos encontremos con un hemangioma.

En este caso tendremos una lesión que generalmente no está presente en los primeros días de vida, o solo de una forma muy tenue. En las siguientes semanas crecerá y tendrá relieve a diferencia de los angiomas planos.

Su evolución habitual consiste en un crecimiento rápido los primeros meses de vida, enlenteciéndose alrededor de los nueve meses para ir involucionando y desapareciendo lenta y progresivamente. En caso de hemangioma si es recomendable consultar con el pediatra para controlar su evolución.

Cutis recularis

La cutis reticularis realmente no es una enfermedad, es una manifestación de los cambios en los capilares sanguíneos con las oscilaciones de temperatura. El caso típico se da en un recién nacido o bebé de pocas semanas que traen los padres a urgencias porque, tras un cambio de temperatura al desvestirlo o bañarlo, la piel del pequeño se ha vuelto blanquecina y con un aspecto como de “mármol” o de “red” morada por encima. De ahí los nombres de cutis marmorata ó cutis reticularis.

Realmente se trata de un fenómeno vascular benigno que se produce por una dilatación de capilares y venas, y que se hace más notorio con la exposición al frío. Se considera normal en lactantes, cuando no se acompañe de fiebre y siempre que el pequeño no tenga signos de enfermedad.

Carmen de la Torre

Carmen De La Torre Morales

BIO: Licenciatura en Medicina por la Universidad de Córdoba, Especialidad en Pediatra en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Máster en Urgencias Pediátricas por la Universidad de Sevilla. Experiencia de 12 años en la consulta de Pediatría. Creadora de contenidos en YouTube e Instagram.

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