Cuidados del recién nacido

Vístele con cuidado y mucho mimo

Vestir al pequeño requiere arte, pero también algo de técnica: hay que proceder con ternura, delicadeza y… ¡eficacia!

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A todas las mamás les hace la misma ilusión (y con razón) comprar ropita para poner guapo a su bebé. No es para menos.

Vestir a un pequeño de días o meses representa una de las actividades más deliciosas (y delicadas, ojo) de la experiencia maternal (y, encima, lo guapos que nos quedan luego). Requiere dedicación, desde luego, para no hacerle daño mientras pasamos la camiseta por su cabecita y, sobre todo, mucho mimo y cuidado.

Cambiar al niño no debe convertirse en una tarea aburrida. En realidad estos minutos constituyen una oportunidad de oro para relacionarnos con el pequeño, jugar con él y disfrutar de sus carantoñas.

Y si también papá aprende a cambiar pañales y peleles, él y su hijo empezarán su relación con buen pie. Porque, a fin de cuentas, ¿quién es capaz de vestir a un bebé sin decirle una palabra bonita o sin reírse un poquito con él?

Disfrutad del momento

Aprovecha siempre que puedas el momento de vestirle para hablar con él, cantarle o acariciarle. Así, tu bebé también disfrutará de ese rato contigo.

Si sonríe, se chupa los puños y patalea, son preciosas pistas de que está feliz.


    •    Para meter la mano del niño dentro de la manga empujamos con suavidad desde el codo y luego tiramos con delicadeza de la muñeca mientras estiramos la prenda.

    •    Cuidado al introducir las prendas por la cabecita: su cuello es delicado y podemos hacerle daño.

    •    Los pies deben estar siempre abrigaditos, a los bebés se les enfrían enseguida. Los primeros meses basta con unos patucos, pero cuando empiezan a andar, necesitan unos zapatos.

    •    Aunque son chiquitines podeos aprovechar para empezar a enseñarles conceptos nuevos: “¿Dónde metemos ahora este piececito?”.

    •    Conforme nuestro nene se haga más grande comprobaremos que la tarea de ataviarle va adquiriendo características nuevas. Por ejemplo, cuando empiece a sujetar la cabeza resultará más fácil abotonar la espalda; ya no protestará si le ponemos boca abajo.

    •    Los bebés mayorzotes, a partir de ocho meses, no siempre se dejan vestir. Para combatir su resistencia viene bien colocar algunos juguetitos al lado del cambiador (y ofrecérselos de uno en uno tan pronto como empiece a quejarse).

    •    Si no basta con esto, podemos intentar cantarle una canción o jugar al cucutrás, escondiendo nuestra cara detrás de cada prenda y riéndonos al aparecer.

    •    Tendremos que inventar mil cosas, pero sin duda, la mejor estrategia para dejar a nuestro hijo rendido mientras le vestimos será mirarle a los ojos, hablarle dulcemente y declararle todo nuestro amor.

Etiquetas: bebé, recién nacido, ropa del bebé, vestir al bebé

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