Ser Padres

¿Por qué tiene los puños apretados?

El recién nacido se encoge como un ranita porque necesita sentir los límites como ocurría en el útero materno.

Autor: Lidia García Fresneda
Para el recién nacido, que ha pasado meses no pudiendo separar un brazo o una pierna más de unos centímetros del cuerpo, es aterrador el enorme espacio sin límites al que se enfrenta fuera.
Así que todos los recién nacidos pasan días o semanas intentando repetir la postura que tenían en el útero: la postura fetal, con sus piernas y brazos flexionados y pegaditos al cuerpo como si fueran una ranita. Es como se sienten más seguros.
Enrollarle en un pañuelo como un gusanito de seda también le devuelve esa sensación de seguridad y le ayuda a descansar.
El bebé no puede prestar atención a todo a la vez, ha de ir paso a paso y esa postura estable (con sus puños cerrados y girados hacia el pecho y el pulgar dentro), favorece que conecte con el mundo y que pueda centrar su atención lo que sus sentidos le traen: los rostros difusos, el olorcillo de mamá…
A la vez esas experiencias sensoriales le invitan poco a poco a salir de la postura fetal y le estimulan para moverse: el olor del pecho le hace girar la cabeza y extender la mano hacia el pecho. Si está boca abajo y cerca, es capaz incluso de reptar en busca de ese olor. Los movimientos del bebé están muy relacionados con sus percepciones.

Etiquetas:

tracking